NOTA: GORDURA, QUE NO OBESIDAD MÓRBIDA.
Hace un par de semanas, me hallaba yo un sábado por la noche, pintándome las uñas sentada a la mesa de mi cocina, y viendo mientras tanto el programa LA NORIA, cuando el debate que tuvo lugar me enganchó desde el principio. La pregunta planteada a tal fin fue: ¿Se puede ser gordo y feliz?. Uno de los contertulios era el ex-bailarín de Norma Duval que ha escrito un libro en el que cuenta su experiencia vivida en relación a su operación de estómago. Al parecer él engordó muchísimos kilos, se operó el estómago y ahora está delgado gracias a la operación y a la dieta. Niega tajantemente que se pueda ser gordo y feliz. Afirma que el sobrepeso es una enfermedad y que no se puede ser feliz con esa enfermedad. En la mesa de debate se encontraba una mujer cuya profesión era modelo de tallas grandes y que presumía de ser feliz con su sobrepeso y de estar orgullosa de sí misma. A un público en el que predominaban las tallas grandes, el presentador, Jordi González, pidió que levantaran la mano aquéllas personas a las que si se les diera la opción de tomarse esa misma noche una pastilla que hiciera que al día siguiente se levantaran de la cama pesando diez kilos menos, no dudarían en tomarla. Una aplastante mayoría levantó la mano. Y la modelo de tallas grandes comparó esta hipotética oferta de Jordi, a ofrecerles levantarse al día siguiente con un cochazo (no recuerdo que marca de coche dijo) en la puerta de sus casas. Que nadie rechazaría semejante regalo, añadió. Jordi dijo que ambas ofertas no eran comparables. Yo estoy con Jordi. No son comparables. Visto de otra forma, si a mi me ofrecieran una pastilla que al tomarla hiciera que me despertara al día siguiente con diez kilos DE MÁS, mi respuesta sin duda ninguna sería que no. Y creo que coincidiría con la de cualquiera, ya fueran gordos o flacos. Pienso que sí que se puede ser gordo y feliz, pero también pienso que si se puede elegir, nadie quiere ser gordo. También es posible que la modelo de tallas grandes sea una persona realmente feliz, que se acepta tal y como es, y que no se lamenta en absoluto de sus carnes de más, y que yo por ejemplo, me queje y me esfuerce por perder ese par de kilos que me sobran. Sí, a una persona cualquiera le pueden amargar más tres kilos de más, que a otra treinta. En mi familia política, hay una modelo de tallas grandes, y es una mujer de mediana edad, guapísima y feliz.v Y sí, está gorda, pero viste muy bien, y se arregla, y no es nada desagradable a la vista. En absoluto. Y cómo no, también hay tallas treinta y séis, que viven pendientes de la báscula. ¿Quién es más feliz?, la gorda que se acepta tal y como es, porque sabe que engorda más que el resto de la gente y que por más que lo intente es gorda, ó la flaca, que luce figura consciente de que gusta y es aceptada en sociedad y todas quieren ser como ella y si come más de la cuenta y coge un par de kilos, se amarga y se obsesiona y no está tranquila hasta que los pierde? ... supongo que ése es otro debate. A la pregunta inicial de si se puede ser gordo y feliz, yo respondería que sí, si no te afecta lo que piensen de ti los demás. Sí, porque la felicidad la da el amor, y el amor y la gordura no están reñidos. Sí, porque la infelicidad no es una consecuencia de la gordura. La felicidad es un estado mental no de volumen. Y sí, porque lo son. Hay personas gordas felices, porque sus vidas son plenas y no les falta lo que da la felicidad. Y ya sólo me queda añadir, que no sé quién es nadie para negar que una persona gorda pueda ser feliz.