Nací en una España libre y democrática, y no conozco otra cosa. Hoy hace treinta años del intento fallido de golpe de Estado. Intentaron robarnos la libertad, pero por suerte para nosotros, no lo lograron. Desde siempre, he vivido en libertad. Disfruto de una total libertad de expresión, me puedo vestir como me apetezca y puedo ir dónde quiera y con quien quiera. Nunca he pasado hambre (bueno, cuando estoy a dieta un poco sí, la verdad ;-) y mi realidad es que esa otra realidad que se vive en otros países poco afortunados, no puedo ni imaginarla. ¿Dictaduras? ¿guerras? ¿qué es eso? ¿aquí? ¡Imposible!. No puede ser. Que no, que no. Que eso para mí es algo completamente marciano. Pero aunque yo no pueda ni siquiera imaginar que algo así pueda ocurrir aquí, sí que puede. Aquí, en nuestra España, hace menos de cien años hubo un guerra. Y mi abuelo, al igual que los abuelos de mis amigas, estuvo en ella. Y a diferencia de muchos otros, él tuvo suerte y sobrevivió. Aquí en nuestra España hubo muerte, miedo, hambre y desolación. Pero ya pasó, y para muchos de nosotros, la posibilidad de que algo así vuelva a ocurrir escapa a nuestro entendimiento; es surrealista; inviable. Pero, ¿ qué habría pasado si hace treinta años hubieran acabado con la democracia? ¿y si hubiéramos vivido bajo una dictadura y nos estuviéramos manifestando ahora mismo en una reivindicación de nuestros derechos? ¿que habría pasado entonces?. Me estremezco solo de pensar en lo que se está viviendo en Libia. Me da un miedo atroz. Y siento compasión hacia esa pobre gente que huye; que muere; que son personas que están viviendo lo que para su desgracia les ha tocado vivir. Estamos a merced de nuestros gobiernos y si aquí hubiera un Gaddafi en el poder, quizás nada nos distinguiría de esa pobre gente. No entiendo cómo entre seres humanos pueden producirse semejantes masacres. No entiendo cómo se puede vivir de otra manera a como vivo yo, en un país libre y democrático cuyos gobiernos tendrán sus más y sus menos, pero que no me dan miedo. Yo no me puedo imaginar viviendo bajo la dictadura del terror, pero nuestros octogenarios sí. Y no lo imaginan, lo recuerdan que es peor. Lo vivieron. España vivió bajo una dictadura y aunque aquéllo ya pasó, no debemos olvidarlo. Pienso en Libia, pienso en mí, y me preguntó por qué tengo que estar agradecida de vivir como vivo si a fin de cuentas vivo en paz y en libertad, como tiene que ser... Pues sí; tengo que dar gracias y las doy, porque ahí fuera hay otra realidad, dura y cruel y todo viene a depender de quienes ocupan el poder, de quienes gobiernan nuestros países y han de velar por nuestros intereses y nuestro bienestar. La desgracia del pueblo, es obra de su gobierno, y más cuando se habla de terribles dictaduras. En fin, que no sé cómo terminar esta entrada... que valoremos nuestra libertad y seamos conscientes de que lo que ocurre en Libia o en cualquier otro país del mundo, nos podría ocurrir aquí. No depende de nosotros depende de "los que nos tienen que cuidar".
RECORRER EL CAMINO DE LA VIDA ES EN OCASIONES DIFÍCIL Y DURO PERO PESE A TUS CIRCUNSTANCIAS LOGRA QUE CON TU ACTITUD VIVIR SEA APASIONANTE. UNA SERVIDORA EN ELLO ESTA....MIL SONRISAS.
miércoles, 23 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
UN DÍA DE SAN VALENTÍN
Es lunes, es San Valentín y una alicaída y somnolienta Laura dirige sus pasos hacia la oficina. No ha tenido suerte en el amor y este día la hace sentir especialmente vulnerable. Le parece ser la única mujer a la que Cupido no ha alcanzado con sus flechas. Y para colmo de males, arrastra un fin de semana de los que hay que olvidar. El sábado por la noche fue un desmadre total. Embriagada por el alcohol y acosada por su falta de autoestima, una vez más se refugió en unos brazos extraños. Luego, al día siguiente y con una resaca horrible, cuando fue recordando turbiamente pedacitos de la noche anterior se odió a sí misma con fuerza. Odiaba tener rollos de una noche a causa de su desesperación. Pero no dejaba de caer en ellos. Era como una espiral de alcohol, música, soledad, un hombre que te dice las palabras bonitas que quieres oír y la sensación de flotar y dejarse llevar hacia algo que en el fondo sabe no es lo que quiere, pero contra su verdadera voluntad, no rechaza.
Al llegar a la oficina, su compañera ya está encendiendo los ordenadores y la recibe con una sonrisa en la cara, la típica de esas personas satisfechas con sus vidas. Laura también sonríe. Sabe que en unos minutos podrá vaciar sobre la mesa todo su desconsuelo y que las palabras de aliento de su compañera la reconfortarán y se odiará un poco menos.
Pedro es lo que se suele llamar un hombre interesante. Éxito en los negocios, don de gentes y aficionado a diversas actividades de ocio, considera que lleva una vida plena. Está soltero, pero este detalle ni le importa, ni le preocupa. Seduce y se deja seducir por mujeres que tras unas cuántas citas descubre no son lo que él quiere.
Le gustaría compartir su vida con alguien especial, pero ¿que puede hacer él para que llegue?. Pedro vive su día a día poniendo pasión en todo lo que hace y el amor ciertamente no ocupa sus pensamientos. De hecho el día de hoy se le presenta muy complicado y el que hoy sea San Valentín... pues aún no ha caído, la verdad..
Laura y Pedro fueron compañeros de clase cuando eran niños en el colegio. De eso han pasado veinte años, y desde entonces no se han vuelto a ver. Ellos aún no lo saben, claro, pero esta tarde se verán. Se alegrarán mucho al reencontrarse y él la invitara a tomar algo en algún sitio dónde hablarán, reirán y sentirán unas agradables cosquillas en el estómago y una sed de más cuando se despidan con ojos brillantes. Mañana él la llamará y cenarán juntos. Y al día siguiente volverá a llamarla. Y al otro. Porque aunque ellos aún no lo sabrán, el reencuentro que tendrá lugar esta tarde de lunes de San Valentín va a ser el principio de su gran historia de amor. Les ha tocado. Se van a enamorar. Las flechas de Cupido ya están en camino. El amor es así. Llega cuando tiene que llegar y no hay escapatoria. Y claro, nadie quiere escapar de él.
miércoles, 2 de febrero de 2011
TODOS NECESITAMOS HUIR
El domingo por la tarde vi una película en la que al principio de la misma, la protagonista estaba muy descontenta con su vida y decía levantarse por las mañanas y no palpitar. Decía no tener ganas de nada. Sentirse totalmente apática y no aguantar más. Y decía que la consecuencia de todo era que necesitaba urgentemente huir. Prefería la muerte a vivir así, sin ganas. Sólo yéndose podía tener una oportunidad. La desesperación es lo que tiene: nos pone al límite. Yo la comprendí muy bien porque ¿quién no ha sentido alguna vez en su vida la necesidad de huir?; si las cosas no van bien y no ves la luz al final del túnel una evasión total puede parecer la gran salvación. Irte. Empezar de cero en algún otro lugar. Poner tierra de por medio entre tu persona y tu vida. Convertirte en un@ foraster@ forjándose un nuevo porvenir. Qué maravilla...jajaja.
Considero que el mal de amores suele ser por antonomasia el principal motivo de esta necesidad de huida. Necesidad que consciente o inconscientemente puede ser alentada por la esperanza de encontrar al verdadero amor allá dónde vayamos. Pero también muchas veces, compartiendo la vida con la persona amada, las circunstancias y la presión que ejerce sobre nosotros el entorno nos hace caer en la desesperación de necesitar ese alejamiento de nuestra vida para poder respirar y vivir en paz. Solos. Sin presiones. Que nadie nos pregunte. Que nadie nos juzgue. Que nadie opine de nuestra vida.
Casualmente el otro día pensaba en todas estas cuestiones, y haciendo zapping con el mando a distancia acabé escuchando en la dos, motivos que habían llevaban a algunos cooperantes de distintas ONG`s a dedicar su vida a las misiones que realizan y gran parte de ellos habían sido motivados por la insatisfacción que imperaba en sus vidas ocasionada por divorcios, pérdidas, soledades y ese tipo de cosas. Por supuesto que estas razones no quitan mérito a la solidaridad y al buen hacer de estas personas pero yo me dije "¡ahí está!; otros que en su momento necesitaron huir de sus vidas." Y al igual que me pasó con la protagonista de la película, a ellos también los comprendí.
Personalmente, cuando estoy muy agobiada y no dejo de darle vueltas a las cosas que me preocupan y que muchas veces están magnificadas por la influencia que ejerce sobre mí la opinión de terceras personas, yo también emigraría a una nueva vida en la que nadie me conociera. También necesito huir. Pero la cruda realidad es que de quién estaría huyendo es de mí misma. Mi mundo gira en torno a mí, y en cuánto a esos terceros que tanto me afectan, realmente mi vida les trae sin cuidado. Soy yo la que les concedo la importancia y la que me creo la desesperación. Y como se dicen tantos otros a sí mismos, me digo yo que en otro lugar todo sería mejor.
jueves, 27 de enero de 2011
PENÉLOPE CRUZ Y SU INTIMIDAD

Soy serie-adicta, cinéfila y fan de muchos actores y actrices, sobre todo de actrices. Me encantan las revistas de moda y algunas del corazón también. La cuore no me la compro nunca. La hojeo, eso sí, en la peluquería mientras me ponen las mechas ó cuando ocasionalmente estoy en la sala de espera del dentista, pero ver a mis idolatradas actrices en esas fotos en las que salen fatal y en las que se destacan sus defectos al pillarlas masticando ó bostezando o estornudando o lo que sea, como que no me llama. A mí me gusta ver las fotos de las revistas en las que las actrices posan luciendo modelitos de ensueño, y para la ocasión han sido divinamente maquilladas, peinadas, iluminadas, y lo que haga falta para aparecer perfectas. Ellas cobran por esas fotos y esas entrevistas que les hacen y luego yo compro la revista para poder verlas amortizando su imagen. La oferta y la demanda. Para mí ser fan de una actriz se resume en seguir su trabajo, querer verla en la pantalla y en el papel, y también tener interés en conocer su vida privada, ¿por qué no?. Y las actrices saben que despiertan ese interés. Lo saben, pues si no fuera por ese interés nadie las contrataría. Por eso el celo de Penélope para proteger su vida privada me parece un pelín desmesurado. Está en su derecho, por supuesto, pero bueno, regalar una foto del día de su boda a todos los que la siguen, la apoyan, la defienden, la admiran y en resumen, hacen de ella la estrella que es, habría sido del todo pertinente y un bonito detalle por su parte. Pero no lo hizo. No quiso. Y tuvimos que contentarnos con la filtración de un boceto de su vestido de novia. Pues nada. Y ahora, está el asunto de las fotos de su recién estrenada maternidad. Según dicen no vamos a ver ni el carro del niño, pero puede que haya exclusiva en la que Javier y ella posen con su retoño cuyo nombre no sabemos por el módico precio de 300.ooo eur. Pues eso, cuando salga esa revista que imagino yo que será VOGUE, O VANITY FAIR, o la que sea, iré al quiosco y adquiriré un ejemplar, que que sean recelosos no resta el interés del público. Y no quiero decir que por ser famosos tengan que tener periodistas en la puerta de su casa las veinticuatro horas del día, para nada, sólo pienso que esa actitud tan de "mi vida privada no es asunto vuestro" como que no casa con la profesión a la que se han dedicado y para la que es imprescindible tener un público. Y tampoco casa con la venta de la exclusiva ya que si no quieres que veamos la cara de tu niño, pues oye, no poses con él para la revista, que a fin de cuentas eso es vender tu intimidad aprovechando el interés que despiertas y sabiendo que la revista se venderá porque toda esa gente que te sigue la comprará. ¿Quieres o no quieres que os veamos?
El otro día estuve viendo una serie documental de cuatro episodios que está emitiendo Canal Plus que trata de las actrices españolas, y me llamó la atención que actrices jovencitas de series de moda decían que cuando algún fan les pedía fotografiarse con ellas, se extrañaban muchísimo porque ellas no conocían a esa persona, y les parecía como absurdo el que esa persona quisiera una foto con ellas, como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer. Falsa modestia es lo que me pareció. Una persona que se dedica a la actuación y que tiene la gran suerte de protagonizar series para la televisión que media España ve, o películas que estrenan en los cines, y que la llaman de revistas para vender su imagen, sabe que es conocida y no sé, parece que a estas alturas se han caído de la parra y no comprenden qué es el fenómeno fan. Que esto no es nuevo. No obstante, perder la fama y ser olvidadas por el gran público es muy fácil y está en sus manos, que no es obligatorio ser famosas si no quieren.
En resumen, que las fotos del niño Bardem Cruz cotizan al alza y que a muchas actrices el que sus fans se quieran fotografiar con ellas las deja perplejas y no entienden el sentido de ello, pero eso sí, les encanta ser portada de revistas y que les hagan entrevistas...
jueves, 20 de enero de 2011
PALABRAS SIN ESENCIA
La otra noche leyendo un libro, tuve la idea de anotar en un folio todas aquéllas palabras con las que me topara cuyo significado no comprendiera para buscarlo al día siguiente en el diccionario de Internet, ya que en mi casa el diccionario de papel hace ya tiempo que quedó en desuso y fue desterrado a alguna caja olvidada en el trastero. Una pena, la verdad. Anoté más palabras de las que esperaba, como por ejemplo: prólijo, dádiva, bífida, dipsómano, buido, óbice, y óbito. Tras enterarme de que un dipsómano es un alcohólico y de que óbito quiere decir fallecimiento de una persona, me puse a pensar. Estoy acostumbrada a leer ninguneando a aquellas palabras que me son desconocidas. Si la frase en cuestrión dice "Fulanito es un dipsómano", yo, ignorando qué es lo que le ocurre exactamente a Fulanito sigo leyendo como si nada, como si ese dato no importara y no fuera necesario saber ese detalle acerca de Fulanito. Hago la vista gorda sin inmutarme. Es posible que si abundan los lectores como yo, puede que sea este proceder uno de los motivos de que tantas y tantas palabras caigan en desuso y sean olvidadas. Algunos escritores las rescatan para que pasen a formar parte de los textos de sus libros, y tristemente las ignoramos perdiéndonos con ello la oportunidad de crecer y de ampliar nuestro vocabulario. Anotar la palabra que nos resulta extraña y buscar su significado en un diccionario requiere un pequeño esfuerzo que habitualmente la pereza, la comodidad o la indiferencia nos impiden llevar a cabo y no nos damos cuenta de que nuestra lectura está siendo incompleta, de que nos falta ese algo que nos quiere transmitir el autor mediante el uso de esas palabras.
El castellano es una lengua muy rica ya que cuenta con un gran número de palabras y nosotros debemos sentirnos orgullosos de ello. Recuerdo que un profesor del instituto nos dijo una vez que una de las lenguas más difíciles de aprender es el castellano por su inmenso vocabulario. Para cualquier cosa que deseemos expresar tenemos a nuestra disposición muchas palabras ya que el castellano tiene una amplia gama de sinónimos. Somos afortunados de tener algo tan valioso como es nuestro idioma, y lamentablemente lo desaprovechamos. Muchas palabras languidecen con el paso del tiempo y el desuso, perdiendo su esencia y dejando de ser. Me propongo cambiar de hábito. Profundizar más en lo que leo y no pasar de largo de esas pobres palabras que si están ahí escritas es porque tienen que estar y porque lo que son es lo que yo tendré que averiguar porque está claro que únicamente una mera unión de letras no son e ignorarlas es matarlas.
lunes, 20 de diciembre de 2010
NAVIDADES, ¡QUÉ REMEDIO!...
Estas Navidades no me siento muy navideña que digamos; más bien todo lo contrario. Desearía que pasaran de largo y yo no me enterara de nada. Pero eso no puede ser. Tengo que estar ahí, con la sonrisa puesta, y celebrando unos días en los que se supone que todos somos felices y reina la armonía y la felicidad. ¡Cómo nos engañan de niños!. Nos hacen vivir una vida entre algodones en la que nada malo nos puede ocurrir. Nos venden un mundo seguro, llenos de chucherías, películas de Disney, amiguitos, juguetes, amor, felicidad. Y no pretendo decir que hay algo malo en ello, todo lo contrario. Es lo que tenemos que hacer. Dar a los niños una infancia feliz, segura y amorosa. Lo malo es que es una mentira. Ni vivimos en un mundo seguro ni reina la armonía y la felicidad.
Ojalá estas Navidades pudiera ser niña otra vez. Ojalá se me permitiera volver a creer en la magia. Me volvería a sentir segura, sin miedo. Estaría deseando la llegada de las comilonas familiares en las que me lo pasaría en grande. Y la ilusión por los Reyes Magos no me borraría la sonrisa de la cara ni por un segundo. Creería únicamente en los finales felices, leería libros de aventuras y de "Los Cinco", reiría, jugaría, soñaría y todo sería real. Sería feliz viviendo. Pero me temo que no se me va a conceder el deseo. Este año tendré que hacer de tripas corazón; disfrazaré mi estado de ánimo y celebraré las fiestas como se supone que las tengo que celebrar. Así es la vida. El otro día me decía una amiga que tampoco está muy navideña, que estaba deseando que llegara la Nochevieja para despedir ya este año horrible y empezar el nuevo a ver si es mejor, y yo sonreí sin alegría, pensando que yo también. Ya en mi casa, pensé en toda la gente se pone triste con la llegada de la Navidad. Tristes por sus circunstancias, sienten la llegada de estas "entrañables fiestas" como una patada a su tristeza, pues en su interior se remueve "todo" y desean escapar pero no es tan sencillo. Aunque no quieran, tienen que estar. Sobrevivir.
En fin, que espero que no os sintáis como yo, pero si alguien no está muy navideño, solo decirle aquello de "que la fuerza te acompañe", y al que esté super feliz pues decirle que siento haber escrito un post depre pero necesitaba desahogarme un poco...
Y como estoy sentimentaloide, quiero daros las gracias por haberme acompañado durante todo este año, que no sabéis cuántas veces me habéis ayudado simplemente estando ahí y permitiéndome estar y formar parte de esto. Gracias a tod@s y os deseo de corazón FELIZ NAVIDAD.
martes, 14 de diciembre de 2010
DESVELADA
Anoche me desvelé sin motivo aparente. Me metí en la cama sobre las once y estuve leyendo algo más de una hora, hasta que decidí apagar la lamparita para conciliar el sueño. Inmersa en la oscuridad, con los ojos cerrados y la mente sin pensar, fue pasando el tiempo y yo no me dormía. Probé a cambiar varias veces de postura, y nada. Seguía sin dormirme. Repasé mentalmente los alimentos ingeridos a lo largo de la tarde y noche, para llegar a la conclusión de que nada debería impedir que yo me durmiera. Pero ahí estaba, con un súbito nerviosismo que empezaba a crecer al compás del avance del minutero del reloj. Y como ni me dormía, ni experimentaba la sensación de ir a hacerlo, decidí prepararme una infusión relajante con la esperanza de que hiciera su efecto y dejara de estar despierta. Así que a las dos y media de la mañana, estaba en la cocina, esperando a que la infusión se enfriara para poder bebérmela sin quemarme. Mientras tanto, me acerqué un momento a la ventana y observé que todas las luces de la finca de enfrente estaban ya apagadas. Bueno, para ser exacta, todas menos una. Hasta los Papás Noeles que por estas fechas cuelgan de algunas ventanas con sus lucecitas de colores estaban apagados. Apática pensé "mira, si los apagan por las noches... :-)" Total, que me tomé la infusión y volví a la cama. Leí un ratito para acelerar el adormilamiento, y al poco, ya más tranquila apagué la luz. La última vez que miré el reloj antes de dormirme, eran las tres de la madrugada.
Esta mañana, mi móvil me ha despertado como cada día, a las siete y cuarto. Lo he apagado de un manotazo, y cuando he ido a encenderlo, para mi sorpresa, ya estaba encendido. Anoche olvidé apagarlo. Instantáneamente he pensado "por eso no me podía dormir. Las radiaciones electromagnéticas que emite el móvil han interferido en mi descanso, provocándome nerviosismo, insomnio o lo que sea." Muy pocas veces olvido apagar el teléfono móvil, y todas las noches lo pongo en la mesita de noche ya que lo uso de despertador pero en las raras ocasiones en las que se me olvida apagarlo, cuando por la mañana me doy cuenta de ello al ir a encenderlo, le achaco la culpa de haber sido la causa de que la noche anterior me haya desvelado. Puede que esté equivocada, pero no ha ocurrido ni una vez ni dos, sino que han sido más; creo que cada vez que se me ha olvidado apagarlo, que pueden ser un par de veces cada año, y no creo que sea una casualidad. Algo emite el móvil que perturba la conciliación del sueño. Para concluir, añado que la próxima vez que sufra de insomnio, cuando busque la posible causa del mismo, espero acordarme de comprobar el estado del móvil, que las radiaciones esas seguro que tienen algo que ver.
¿Vosotr@s qué creéis? : ¿estoy en lo cierto o desvarío por haber dormido poco?
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