
Ayer me llamó por teléfono mi prima Susi porque necesitaba hablar. No está pasando por un buen momento y necesitaba que alguien la escuchara. Necesitaba apoyo y palabras de ánimo. Ignoro si hoy estará más optimista y si el desahogo de ayer alivió sus pesares, pero lo cierto es que depende de ella misma salir de la espiral en la que se halla inmersa. Es fácil ponerse en la piel de la Susi, porque los sentimientos a los que se está enfrentando, forman parte de la condición humana, y me atrevo a decir que todos los hemos experimentado en alguna ocasión. Os cuento su situación:
La Susi lleva saliendo con su novio unos siete años, y él ni quiere casarse ni quiere irse a vivir con ella por el momento. Las excusas que le da son siempre relacionadas con motivos económicos. Y ella está loca de ganas de irse a vivir con él. De compartirlo todo con él. La semana pasada, una amiga de mi prima, la llamó para contarle entusiasmada que se íba a vivir con su novio. La amiga apenas lleva un año saliendo con el chico y a mi prima, que está un poco obsesionada con el tema, le ha dado un tremendo ataque de envidia. Me contaba ayer que solo el pensar en lo feliz que estaba su amiga hacía que ella se sintiera amargadísima. Me contaba que en su delirio había llegado a pensar que no era justo; que su amiga no merecía que las cosas le fueran tan bien, así, sin más; que le daba rabia que todo le hubiera salido a pedir de boca cuando ella llevaba tanto tiempo deseándolo. La Susi sabe que lo que siente es irracional y que no está bien, pero ello no hace que cambien sus emociones. Es más, está convencida de que si fuera al revés, y fuera su amiga la que estuviera en su situación, tendría la misma envidia. Pero eso no la consuela, y se siente mala persona por tener una envidia tan furiosa y no sabe como quitársela de encima. Necesita desprenderse de esa envidia destructiva y aliviar así su conciencia.
La vida; lo sencilla que es y cómo se nos complica. La envidia. Sexto pecado capital. La envidia no soluciona nada; en cualquier caso lo empeora. La envidia no es solo desear para uno mismo lo que posee el prójimo, es también de alguna manera desear que al prójimo le vaya peor que a uno mismo. Generalmente la envidia no llega de esta manera tan devastadora, tan llena de rabia. Pero en ocasiones, cuando lo que más nos importa no nos llega, y en nuestra desesperación nos toca ser testigos de cómo a otros les llega de la manera más natural, nuestro juicio puede verse contaminado por un sentimiento irracional y frustrante que es la envidia. Y el envidioso es el que sufre.
Pienso en la Susi, y en lo que está sintiendo. Pienso en lo que es la envidia en estado puro y me pregunto que pasaría si ahora mismo la amiga de mi prima la llamara para decirle que el novio se lo ha pensado mejor y no quiere tener más relación con ella... ¿se sentiría mejor mi prima? ¿qué sentiría, compasión por la tristeza de su amiga al ser abandonada o alivio por no tener que ver la dicha de la que ella carece? En ocasiones como esta, es mejor no ahondar en lo que se cuece en cada cabeza; es mejor para uno mismo, no profundizar en las propias miserias, o quizá sí. Ser conscientes de la mezquindad de nuestros sentimientos, y conocer la irracionalidad de los mismos puede ser el primer paso para corregirlos y eliminarlos. Y lo positivo en el caso de la Susi es que ella no está contenta consigo misma y sabe que su amiga es del todo inocente. Sabe que la envidia le ha trastornado el juicio y que ella misma lo tiene que enmendar. Tiene que hacerlo por su propio bien.
P.D.: Si no podéis comprender a la Susi y no habéis experimentado nunca ese tipo de envidia corrosiva que he descrito... ¡¡ enhorabuena!! pero no detestéis por eso a mi prima, en todo caso, sentir lástima por ella, porque la pobrecita está luchando por no sentir así...