viernes, 5 de abril de 2013

DOS FINALES PARA ASTRID

FINAL Nº1

Cuando Astrid se dejó arrastrar por la fuerza de la pasión creyó perder el control de su vida.  De su persona.  Su vida tal y como la conocía dejó de existir porque lo que empezó siendo una fuerte atracción se acabó convirtiendo en un intenso amor.  Un amor puro sobre el que su vida giraba pero que muy a su pesar estaba tristemente condenado a su fin.  Astrid tuvo que elegir entre su felicidad y la de su familia y eligió la de ésta última.  Eligió no hacer daño a su familia.  Eligió que su hijo se criara dentro del seno de una familia estable y feliz y por eso se alejó de él.  A él lo olvidaría.  El tiempo todo lo cura y con el paso del mismo todo volvería a ser como antes.  Esos pensamientos esperanzadores la empujaron a tomar su decisión.

Ya han transcurrido dos años desde aquel desliz y ahora Astrid es una mujer tranquila y feliz.  Su familia está bien;  a salvo.  Aunque disfruta de una agradable calma interior, no todo es exactamente como antes.  Ahora quiere a su marido de una manera diferente.  El amor que siente hacia él  es más fraternal que romántico.  No obstante, sabe que es su compañero en la vida, el que ella ha elegido y le da todo cuánto él necesita.  Es lo que ha elegido y no se arrepiente.  Se siente satisfecha.  
Pero en secreto, cuando se mete en la cama por las noches y apaga la luz, sus pensamientos evocan sentimientos de aquel amor que no pudo ser.  El encanta mimar esos sentimientos.... y con ellos se queda dormida:  sonriendo a los sueños secretos que yacen en su corazón.

FINAL Nº2

Dejar a su marido ha sido la decisión más difícil que ha tomado Astrid en su vida pero la realidad es que no le quedaba otra opción.  Locamente enamorada, ha actuado de la única manera que sabe hacer:  dejándose llevar por dónde su corazón la guíe.  Al principio intentó con todas sus fuerzas alejarse de él y permanecer junto a su marido, pero vivir así era un tormento.  El amor que sentía era muy fuerte y necesitaba estar a su lado.  Le dolía en el alma el dolor que íba a causar, tanto a su marido como a su querido hijito, pero tenía que hacerlo.  Así lo sentía en lo más profundo de su ser.  Pensar en la cantidad de hijos de padres divorciados que habían salido adelante la alentaba.  Ella ayudaría a su hijito.  Con todo el amor del mundo su niño lo superaría y llevaría una vida normal.  Y su pobre marido más tarde ó más pronto reharía su vida.  De eso estaba segura.  Todos lo hacían.  Y así, con la esperanza de que todo se arreglaría,  Astrid tomó su decisión y aunque fue muy duro, dio el gran paso.

La vida no es un cuento de hadas, y como me dijo mi querida amiga Uma en un comentario, "el libro de la vida no se escribe hasta la muerte".  Una gran verdad.  No podemos dar nada por sentado.  Nunca.
Astrid lo tenía todo.  Su vida soñada.  Y de repente un día todo cambió.  Astrid estaba destinada a que un amor repudiara a otro amor, porque cuando de sentimientos se trata la razón se nubla y es el corazón el que manda.  Aunque no es menos cierto también, que muchas otras veces otros sentimientos como la culpabilidad, la responsabilidad, el miedo y una gran fuerza de voluntad oponen férrea resistencia al corazón y logran esconder ese amor en lo más profundo del alma, donde permanece guardado, intacto, vivo y secreto.





4 comentarios:

Uma dijo...

<no creo que se pueda tener tanta fuerza de voluntad apra dejar psar la oportunidad de tu vida y seguir siendo feliz...no se!
me inclino más por el final incorrecto, por el segundo, el pasional...aunque el riesgo es que siga sin ser el final...
Gracias por la mencion.
Besos

Aldabra dijo...

el final uno es el utópico porque después de algo así, nada puede volver a ser como antes... tener un amor fraternal el resto de tu vida no es lo que deseado... si no hay pasión, la llama termina por debilitarse tanto que más tarde o más pronto se apaga.

el final dos es el más duro pero el más real.

biquiños,

Tequila dijo...

Imagino que sabes que has contado mi historia...

Besos!

Rebeca dijo...

Es difícil, complicado y yo ni siquiera pondría la mano en el fuego por mí, porque tendemos a pensar en lo que nos hará más felices y en la oportunidad que perdemos, pero a veces la clave está en saber mantener ese amor que fue pasión y se convirtió en fraternal, para que no nos ciegue una pasión que probablemente con el tiempo corra el riesgo de volverse también fraternal.