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miércoles, 26 de octubre de 2016

HOMBRES, MUJERES....UFF...

ELLA

Respira sofocada, por lo que al recibirla, su amiga le pide que se calme.  Que qué le pasa;  acaso vino corriendo?.  Ella entonces toma conciencia de su estado.  Completamente alterada.  Trata de serenarse respirando despacio para apaciguar a su agitado corazón.  Su amiga le habla.  Le cuenta algo sobre una discusión con su compañera de trabajo.  Ella trata de concentrar su atención en las palabras de su amiga, quien por su parte, conforme avanza en su argumento, va hablando cada vez más deprisa.  Se le nota que está disgustada por lo sucedido, piensa ella al tiempo que asiente con la cabeza para dar a entender que está de acuerdo con lo que le está diciendo.  "Como quien no quiere la cosa", saca el móvil de su bolso, y antes de dejarlo sobre la mesa comprueba que él todavía no le ha escrito ningún mensaje.   Desolada, deja el  móvil y nota cómo los latidos de su corazón se aceleran de nuevo.  Por qué no le escribe.  Llevan un mes saliendo y siempre pasa lo mismo.  Él nunca toma la iniciativa de escribirle y encima cuando lo hace ella, el tarda en contestarle lo que le da la gana.  Y ella necesita saber que él está con ella.  Necesita que le escriba. Desea más que nada en el mundo estar con él.  La ansiedad que le produce el no saber le parece una tortura.  Dios, con lo poco que cuesta escribir un mensaje - se lamenta con frustración.

Ya en casa decide enviarle otro mensaje.  En tono jovial.  Que él no se sienta presionado, ni obligado a contestar, y que no perciba la ansiedad en ella.  Vale ya está hecho.  A ver si ahora le dice algo.  
Ella tiene muchas cosas que hacer, pero no tiene ganas de hacer nada.  Se siente tensa por culpa de él. Solo tiene ganas de chillar.  Abriría la ventana, se asomaría y levantando la cabeza hacia el cielo azul, lanzaría un agudo grito que expulsara de su alma toda la agonía, la frustración y la impotencia que está sintiendo en su interior.  Hastiada, se dirige al cuarto de baño.  Se duchará para hacer algo útil mientras espera.  Se conoce lo suficiente a sí misma para saber que cuando está en este estado de impaciencia por recibir un mensaje del chico con el que está iniciando una relación, cualquier cosa que intente hacer resulta inútil.  Su mente no da para nada.  La ansiedad la anula por completo.  Le parece como si su vida entera girara en torno a esa relación.  Como si ella fuera dependiente del fluir de esa relación.  ¿Es obsesión? ¿tiene ella un problema? ¿por qué es su mente así?


EL


Son las once de la mañana y recibe un mensaje en el móvil de la chica con la que está teniendo algunas citas.  Ella le gusta.  Es guapa y le cae simpática.  Lee el mensaje y continúa comiéndose su bocadillo.  No le contesta en ese momento.
¿Le gusta de verdad? ¿por qué no le contesta tras leerlo?

viernes, 5 de abril de 2013

DOS FINALES PARA ASTRID

FINAL Nº1

Cuando Astrid se dejó arrastrar por la fuerza de la pasión creyó perder el control de su vida.  De su persona.  Su vida tal y como la conocía dejó de existir porque lo que empezó siendo una fuerte atracción se acabó convirtiendo en un intenso amor.  Un amor puro sobre el que su vida giraba pero que muy a su pesar estaba tristemente condenado a su fin.  Astrid tuvo que elegir entre su felicidad y la de su familia y eligió la de ésta última.  Eligió no hacer daño a su familia.  Eligió que su hijo se criara dentro del seno de una familia estable y feliz y por eso se alejó de él.  A él lo olvidaría.  El tiempo todo lo cura y con el paso del mismo todo volvería a ser como antes.  Esos pensamientos esperanzadores la empujaron a tomar su decisión.

Ya han transcurrido dos años desde aquel desliz y ahora Astrid es una mujer tranquila y feliz.  Su familia está bien;  a salvo.  Aunque disfruta de una agradable calma interior, no todo es exactamente como antes.  Ahora quiere a su marido de una manera diferente.  El amor que siente hacia él  es más fraternal que romántico.  No obstante, sabe que es su compañero en la vida, el que ella ha elegido y le da todo cuánto él necesita.  Es lo que ha elegido y no se arrepiente.  Se siente satisfecha.  
Pero en secreto, cuando se mete en la cama por las noches y apaga la luz, sus pensamientos evocan sentimientos de aquel amor que no pudo ser.  El encanta mimar esos sentimientos.... y con ellos se queda dormida:  sonriendo a los sueños secretos que yacen en su corazón.

FINAL Nº2

Dejar a su marido ha sido la decisión más difícil que ha tomado Astrid en su vida pero la realidad es que no le quedaba otra opción.  Locamente enamorada, ha actuado de la única manera que sabe hacer:  dejándose llevar por dónde su corazón la guíe.  Al principio intentó con todas sus fuerzas alejarse de él y permanecer junto a su marido, pero vivir así era un tormento.  El amor que sentía era muy fuerte y necesitaba estar a su lado.  Le dolía en el alma el dolor que íba a causar, tanto a su marido como a su querido hijito, pero tenía que hacerlo.  Así lo sentía en lo más profundo de su ser.  Pensar en la cantidad de hijos de padres divorciados que habían salido adelante la alentaba.  Ella ayudaría a su hijito.  Con todo el amor del mundo su niño lo superaría y llevaría una vida normal.  Y su pobre marido más tarde ó más pronto reharía su vida.  De eso estaba segura.  Todos lo hacían.  Y así, con la esperanza de que todo se arreglaría,  Astrid tomó su decisión y aunque fue muy duro, dio el gran paso.

La vida no es un cuento de hadas, y como me dijo mi querida amiga Uma en un comentario, "el libro de la vida no se escribe hasta la muerte".  Una gran verdad.  No podemos dar nada por sentado.  Nunca.
Astrid lo tenía todo.  Su vida soñada.  Y de repente un día todo cambió.  Astrid estaba destinada a que un amor repudiara a otro amor, porque cuando de sentimientos se trata la razón se nubla y es el corazón el que manda.  Aunque no es menos cierto también, que muchas otras veces otros sentimientos como la culpabilidad, la responsabilidad, el miedo y una gran fuerza de voluntad oponen férrea resistencia al corazón y logran esconder ese amor en lo más profundo del alma, donde permanece guardado, intacto, vivo y secreto.





viernes, 8 de febrero de 2013

LA FUERZA DE LA PASIÓN

Se suele decir que la vida es como un libro cuyas paginas en blanco vamos escribiendo conforme nuestras vivencias van aconteciendo .  Llega un punto en el que la historia de nuestra vida puede darse por escrita.  Cuando ya hemos construido el hogar deseado culminando así el objetivo vital de nuestra existencia, sentimos que ya tenemos "la vida hecha" y ya solo esperamos vivir lo mejor que podamos en nuestro pequeño universo particular.  Una vida sencilla, con marido, hijos y una casa bonita es a lo que aspiraba Astrid.  Ella solo quería ser feliz y formar una familia.  Y lo consiguió.  Se enamoró, se casó y tuvo un precioso niño.  Su trabajo  le gustaba y aportaba un dinerillo a casa.  Su marido era un hombre bueno.  La quería y la cuidaba.  Ocupaba un buen puesto en una empresa de telefonía, y aunque estaba contento con el hecho de que Astrid tuviera un trabajo, no le habría importado que se hubiera quedado en casa si así ella hubiera querido.  Eran felices.  Llevaban juntos casi una década y se compenetraban muy bien.  Las discusiones que se daban entre ellos estaban dentro de la normalidad de cualquier pareja estable.  Y si bien su vida transcurría en una apacible rutina, ello no suponía problema alguno ni circunstancia que pretendieran cambiar, pues la rutina la consideraban algo normal e ineludible tanto en una relación de pareja como en la vida misma.  Astrid ya había escrito la historia de su vida.  El "... y fueron felices y comieron perdices." esperaba fuera su destino.  Pero lo que nos depara la vida es un misterio, y uno sabe cómo se levanta, pero no sabe cómo va a terminar el día.  Y a veces, cuando creemos que ya hemos alcanzado nuestros sueños y podemos ser felices,  nuestra vida da un giro de ciento ochenta grados y solo podemos seguir para ver qué pasa.  Y el libro de la vida de Astrid no estaba terminado.  De hecho su pequeño universo no tardó en desintegrarse, pues una fuerza sobrenatural arrasó su estabilidad,  cual huracán enfurecido.
Lo que nunca imaginó que le pudiera suceder a ella, le sucedió.  Sin previo aviso.  Un día, estaba tranquilamente en la oficina trabajando, cuando llegó su jefe y le presentó al que sería el nuevo director comercial.  Al estrecharle la mano y mirarle directamente a los ojos una chispa saltó entre ambos.  Fue inconfundible. A partir de ese instante todo cuánto hizo para evitarle fue en vano.  Se sentía sucia, traidora y culpable porque él la atraía.  Pensar en su marido y su hijo le daba fuerzas para alejarse pero cada vez que lo tenía delante, su corazón, contra su voluntad, latía desbocado y luego, cuando se quedaba de nuevo a solas, se tenía que esforzar para serenarse.  Cómo podía ocurrirle algo así, si ella quería a su marido.  Por qué.  Por qué tenía que sentirse así. No quería tener esos sentimientos y esas reacciones.  Tenía mucho miedo de destrozar a su familia, de perder todo cuánto había construido.  Sentía que su vida entera estaba en juego y deseaba con todas sus fuerzas que nada ocurriera y volver a vivir en paz,  pero pese a todo, cuando él estaba cerca, era como si ella saliera de ella misma, dejando lugar únicamente  a su "yo" más instintivo que se sentía arrastrado hacia él, por una fuerza irresistible. La situación la tenía todo el tiempo "atacada" de los nervios hasta que una tarde, por circunstancias de la vida, se quedó a solas con él, y cuando sin pretenderlo y sin saber cómo acabaron enlazando sus manos...  ya no hubo marcha atrás.

miércoles, 25 de mayo de 2011

FE Y FECUNDACION IN VITRO

Coral abrió su joyero, y cogió su cadena de oro de la que pendía la cruz. La sostuvo en su mano durante unos segundos mirándola con devoción. Luego la volvió a depositar en el joyero. Todavía no podía llevarla colgando de su cuello. No se sentía digna. Distraída, paseó la mano sobre su vientre, y se tumbó en la cama. Necesitaba rezar. Dar las gracias por la oportunidad, y rogar para que todo saliera bien. Dos diminutos cuerpecitos empezaban a crecer en su interior y anhelaba con toda su alma que todo saliera bien. El camino que había recorrido hasta quedarse embarazada no había sido fácil y ella ya no era la misma que era cuando lo empezó a recorrer. Había pasado por distintas fases pero aunque intentó evitarlo, su enfado con el mundo y consigo misma, llegó, y con él, la amargura y la exclusión. Mantenerse apartada del mundo acabó siendo la única manera de alcanzar un poco de paz. Pero pese a su calvario, su fe en Dios siempre fue inquebrantable. No obstante dejó de rezar. El malestar que le provocaba el no poder tener hijos se agravaba intensamente al comprobar con qué facilidad lo lograban las demás, y para ella, era una gran injusticia. Su tristeza, su amargura y las pocas ganas que tenía de vivir le impedían rezar. Aceptaba la voluntad de Dios, sí, pero muy muy a regañadientes. Y por eso no podía dirigirse a Él. Ahora que está embarazada, aunque siente que tiene mucho por lo que ser perdonada, necesita darle las gracias, y rogarle una y otra vez que todo vaya bien y pueda ser mamá. Mamá. La palabra resuena en su cabeza como algo mágico. Así como está, tumbada en la cama, se pregunta cómo la iglesia la puede considerar a ella una pecadora. Ella se ha quedado embarazada mediante una fecundación in vitro, sí, pero no tiene ni la más mínima duda de que si todo va bien, los dos pequeñines que se están formando en su interior son dos regalitos, dos bendiciones, dos hijos de Dios. Puede que la iglesia la señale con el dedo y la acuse de traidora, pero no por eso están en lo cierto. Ella no siente que ha hecho algo malo. Ella siente que lo que tiene se lo ha dado Él. De eso está completamente segura. Y cuando sea mamá tendrá muchas promesas que cumplir. Y seguramente que las cumplirá, toda ella llena de gratitud. Tener hijos no es un derecho, pero cuando una mujer desea ser madre y no puede, está en todo su derecho de hacer todo lo que esté en su mano para lograrlo. Los caminos del señor son inescrutables y pasar por una Reproducción Asistida es una piedra más que Él pone.

lunes, 14 de febrero de 2011

UN DÍA DE SAN VALENTÍN

Es lunes, es San Valentín y una alicaída y somnolienta Laura dirige sus pasos hacia la oficina. No ha tenido suerte en el amor y este día la hace sentir especialmente vulnerable. Le parece ser la única mujer a la que Cupido no ha alcanzado con sus flechas. Y para colmo de males, arrastra un fin de semana de los que hay que olvidar. El sábado por la noche fue un desmadre total. Embriagada por el alcohol y acosada por su falta de autoestima, una vez más se refugió en unos brazos extraños. Luego, al día siguiente y con una resaca horrible, cuando fue recordando turbiamente pedacitos de la noche anterior se odió a sí misma con fuerza. Odiaba tener rollos de una noche a causa de su desesperación. Pero no dejaba de caer en ellos. Era como una espiral de alcohol, música, soledad, un hombre que te dice las palabras bonitas que quieres oír y la sensación de flotar y dejarse llevar hacia algo que en el fondo sabe no es lo que quiere, pero contra su verdadera voluntad, no rechaza.
Al llegar a la oficina, su compañera ya está encendiendo los ordenadores y la recibe con una sonrisa en la cara, la típica de esas personas satisfechas con sus vidas. Laura también sonríe. Sabe que en unos minutos podrá vaciar sobre la mesa todo su desconsuelo y que las palabras de aliento de su compañera la reconfortarán y se odiará un poco menos.

Pedro es lo que se suele llamar un hombre interesante. Éxito en los negocios, don de gentes y aficionado a diversas actividades de ocio, considera que lleva una vida plena. Está soltero, pero este detalle ni le importa, ni le preocupa. Seduce y se deja seducir por mujeres que tras unas cuántas citas descubre no son lo que él quiere.
Le gustaría compartir su vida con alguien especial, pero ¿que puede hacer él para que llegue?. Pedro vive su día a día poniendo pasión en todo lo que hace y el amor ciertamente no ocupa sus pensamientos. De hecho el día de hoy se le presenta muy complicado y el que hoy sea San Valentín... pues aún no ha caído, la verdad..

Laura y Pedro fueron compañeros de clase cuando eran niños en el colegio. De eso han pasado veinte años, y desde entonces no se han vuelto a ver. Ellos aún no lo saben, claro, pero esta tarde se verán. Se alegrarán mucho al reencontrarse y él la invitara a tomar algo en algún sitio dónde hablarán, reirán y sentirán unas agradables cosquillas en el estómago y una sed de más cuando se despidan con ojos brillantes. Mañana él la llamará y cenarán juntos. Y al día siguiente volverá a llamarla. Y al otro. Porque aunque ellos aún no lo sabrán, el reencuentro que tendrá lugar esta tarde de lunes de San Valentín va a ser el principio de su gran historia de amor. Les ha tocado. Se van a enamorar. Las flechas de Cupido ya están en camino. El amor es así. Llega cuando tiene que llegar y no hay escapatoria. Y claro, nadie quiere escapar de él.

viernes, 26 de noviembre de 2010

OCTOGENARIOS

Eran las ocho de la mañana de un miércoles de principios de Octubre, cuando una guapa presentadora informaba en las Noticias del trágico suceso: Samuel, de ochenta y cuatro años, mató a su esposa Cinthia, de ochenta y tres, y a continuación se suicidó. El matrimonio no tenía hijos y en el plazo de quince días iban a ser ingresados en una Residencia pública.
Margot y Óscar estaban en la salita de su casa y al escuchar la noticia intercambiaron una mirada llena de resignación, y algo de comprensión. Ellos ya tenían las maletas preparadas; ya habían desayunado y estaban esperando a que pasaran a recogerlos. Margot apagó el televisor, alargo el brazo y entrelazó su mano con la de su marido. Permanecieron así, unidos en silencio durante varios minutos, hasta que sonó el timbre. Era la hora. Margot miró a su marido, le sonrió con tristeza y se levantó para ir a abrir la puerta.

Ha pasado un mes desde aquel día. Un mes desde que abandonaron su cálido hogar para venir a vivir a la Residencia. Margot suspira nostálgica. Sentada en una mecedora, observa sin mirar todo cuánto la rodea. Óscar ya no está. Se ha quedado sola No tenía que haber sido así. Tenían que haber vivido juntos esta última aventura. Eran viejos, sí, pero se querían con toda el alma, y juntos habrían estado bien allá dónde fueran... aquí en la Residencia. Juntos habrían sido felices, como siempre había sido. Pero no habían tenido tiempo. Óscar se había marchado. Y hoy Margot aún cree que va a aparecer por la puerta en cualquier momento. Aún lo siente a su lado.

"Samuel y Cinthia" -piensa Margot- "Aquel matrimonio que decidió poner fin a su existencia para evitar su destino". Le parece igual de trágico aquel final, que el que a ellos les esperaba en la Residencia. "A fin de cuentas, esto es lo que se han perdido; enfermedad, pérdida y soledad". Se dice a sí misma que los viejos sólo caminan en una dirección. No hay remontada.

Margot está sola, y sabe que esto es lo que hay y que no hay nada más hasta que le llegue su hora. Tiene que esperar, y aunque le gustaría que no fuera por mucho tiempo, está en paz. Su Óscar la esperará allá dónde este. No puede ser de otra manera.

jueves, 11 de noviembre de 2010

SE ACABÓ EL SEXO.

El sexo en la relación de Roberto y Marta ha sido siempre un asunto muy particular. En los inicios de su noviazgo, hace dos años, Roberto era un hombre con un apetito sexual insaciable. Todos los días quería hacerlo. Y Marta, aunque intentaba complacerle, terminó agobiándose. Le molestaba que mientras fregaba los platos, él la sorprendiera por detrás en plan "aquí te pillo, aquí te mato"; no le hacía gracia que después de cenar, cuando se adormilaba en el sofá con la tele encendida, él se acercara con ganas de marcha; detestaba que la despertara en mitad de la noche, lleno de pasión cuando ella dormía plácidamente. Por eso, se revelaba y se negaba a mantener relaciones cuando a ella no le apetecía. Peleaba para frenar esa constante excitación que dominaba a su hombre. Y lo consiguió. Los rifirrafes por el sexo forman parte del pasado, porque con el transcurrir del tiempo las cosas se fueron calmando, o lo que es lo mismo, el fuego de Roberto se fue apagando. Y entonces llegó un día en el que Marta se dio cuenta de que no habían practicado sexo en todo un mes. Dispuesta a no dejar pasar ni un sólo día más, esa noche se puso su picardías favorito y sedujo a un Roberto que aunque no se mostró muy fogoso, cumplió. Pero siguieron pasando días y noches en calma y sin sexo; días y noches que dieron paso a semanas y éstas a meses, y así hasta el día de hoy. Roberto y Marta forman una pareja sólida, que se quiere, que tiene planes de futuro. Una pareja que lo hace cada dos o tres meses.

viernes, 24 de septiembre de 2010

DESHOJANDO MARGARITAS

Acerco el ojo a la mirilla de los recuerdos y atisbo a una adolescente que sentada en el suelo de su habitación, escucha atentamente las nuevas canciones de amor, con las que su adorado grupo "Camela" hace que se le contraiga el corazón. Su mejor amiga está a su lado. Se mira el brazo y señala el vello del mismo, que se le ha erizado por efecto de la candente letra. Cada una digiere anhelante las canciones y sueña con un amor. Cada una sueña con una entrega total a ese alguien, que en sus cabezas todo lo arrasa y con quien en las canciones ellas todo lo viven. Son ingenuas. Inocentes. Adolescentes. Contemplo con melancolía ese momento, que ahora gracias a la visión que me ofrece la retrospectiva, se ha convertido en mágico y decido cerrar la mirilla, para abrir otra en la que las dos adolescentes, son ya unas jovencitas prometedoras, que en un cuarto de baño se acicalan con esmero, maquillándose, planchándose el pelo y estrenando la ropa, que horas antes han adquirido durante su ajetreada tarde de compras. Analizan su imagen reflejada en el espejo desde todos los ángulos posibles, para asegurarse de que todo está como tiene que estar. Están contentas. Tienen muchas ganas de enamorarse. La noche se rinde a sus pies y ellas están dispuestas a conquistar. Cierro la mirilla y sonrío suspirando.
Sin saberlo vivíamos la vida felizmente, sin preocuparnos de otra cosa, que no fuera nosotras mismas y nuestra constante búsqueda de la felicidad.
Deshojando margaritas creíamos en la promesa de un paraíso que nuestro gran amor nos regalaría. Una vida de color de rosa. Tan sólo necesitábamos encontrarlo a Él. Éramos unas románticas y ese amor que no teníamos, nos cegaba y no nos dejaba ver el tesoro que eran nuestras vidas. Nuestra juventud. Nuestra inocencia. Lo veo ahora.
He visto en el pasado una dicha que cuando ocurrió, no experimentaba. Ó experimentaba sin verla. Sin valorarla. Sin disfrutarla del todo. Y por eso me pregunto, si en algún momento del futuro, encontraré en este presente, la felicidad que ahora no hay...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

POR CIRCUNSTANCIAS DE LA VIDA

Afectuosos saludos de una enamorada de Segovia. Las vacaciones bien. Mucho turismo, mucho relax, mucho de no hacer nada y mucho de no parar. Y ya han pasado. Y aquí estoy yo, rompiendo el hielo para estrenar este mes de Septiembre y superar el síndrome post-vacacional :-). Así que escribo algo para desperezarme y me paso por vuestras casas a ver que os contáis.
Y es curioso que conforme voy tecleando, voy sintiendo el cosquilleo de la emoción del reencuentro. ¡¡Que bien!! ¡¡ Hogar, dulce hogar!!

POR CIRCUNSTANCIAS DE LA VIDA

Héctor colgó el teléfono malhumorado. Contestar a las preguntas de la encuesta que le acababan de hacer, no le había hecho ninguna gracia. Qué manera de perder el tiempo. Su tiempo. Y qué clase de pregunta era aquélla. ¿Por qué cojones había contestado? ¿ Que por qué motivos entendería él justificado el fraude fiscal? En ese instante debería de haberla mandado a la mierda. Pero bueno, la respuesta que había escogido no estaba mal; Hay circunstancias en la vida que justifican cierto fraude. Recordó las otras dos respuestas : "el fraude es algo cosustancial" y la tercera, "no se puede justificar". En fin. Hay que joderse.
Dos golpecitos en la puerta y la entrada de Lucinda en su despacho tendiéndole un pedido que acababa de llegar por fax le sacaron de su ensimismamiento. Sonrió calculando mentalmente la cuantía aproximada del pedido, pero su sonrisa desapareció al ver la enorme letra "b" trazada descuidadamente en mitad de la hoja, bien visible. "Coño -pensó-, es que nunca van a aprender que estas cosas no se hacen por escrito" "espera - le dijo a Lucinda antes de que abandonara el despacho- haz una fotocopia de este pedido tapando con un trozo de folio en blanco la letra b, y destruye el original. Y luego que preparen el material."

Y así, una vez más, Héctor cometió fraude fiscal. Sin remordimientos; sin temores; sin regocijo; sin más. Su cliente lo había pedido así, y no había más que hablar. Punto.
Y así, una vez más, Hacienda no cobraría el impuesto correspondiente a esta venta y de las arcas públicas no se podría destinar a nada este dinero, porque oficialmente esta venta nunca se produciría. Circunstancias de la vida.

lunes, 19 de julio de 2010

CARLA

A veces cuando nos encontramos con una persona por primera vez en nuestra vida, nos puede resultar indiferente, puede no resultarnos simpática o puede causarnos una buena impresión. El día que me presentaron a Carla me impresionó su seguridad en sí misma, su simpatía y su amabilidad. Carla es la mejor amiga de mi prima Susi y este encuentro del que hablo se produjo hace ya unos tres años. Carla por aquel entonces se hallaba entregada al cuidado de su hijita que contaba con unos pocos meses. Tenía también un niño de ocho años. Carla en el amor no había tenido suerte, pero estaba contenta pues cada uno de sus dos amores le había dejado un retoño. Recuerdo cómo hablaba de su vuelta al trabajo cómo peluquera, de su futura dieta para recuperar sus figura, de su juventud y de todas las cosas que quería hacer. Yo estaba fascinada. La veía ahí, a sus veinticuatro años, sola con sus dos hijos y la veía segura, positiva, enérgica, alegre. Me causó muy buena impresión y hasta deseé parecerme un poco a ella.
Unas semanas más tarde, vino a verme mi prima a casa, y hablando de todo un poco, salió el nombre de su amiga. Mi prima, que no se ha librado de la vena cotilla que tiene toda mi familia, me reveló que Carla aunque había estudiado peluquería, no ejercía, y que en realidad su trabajo era el de stripper; que íba a empezar un estricto régimen para volver a la faena. Yo me quedé boquiabierta. Nunca antes había conocido a ninguna mujer que hiciera striptease y se desnudara ante los hombres por dinero. No entendí esa elección de trabajo. De vida. Seguro que Carla tenía cualidades de sobra para realizar cualquier otro trabajo que fuera digno y pudiera ser ejercido abiertamente. Mi prima dijo que Carla era un animal nocturno, y que el striptease era digno y que simplemente bailaba y enseñaba las tetas. Y nada más. La explicación de la Susi no me quitó el asombro.
El otro día quedé con mi prima y hablando de todo un poco le pregunté por Carla. Me contó que además de stripper ahora es puta. Vaya. Me resulta increíble que una chica tan encantadora se dedique al trabajo más sórdido del mundo. Y lo hace voluntariamente. La Susi dice que según Carla, así gana mucho más que en cualquier peluquería y trabaja menos horas y en el horario que ella prefiera. En esto mi prima y yo opinamos igual. No lo entendemos.
Carla. Joven. Guapa. Optimista. Una chica normal. Simpática. Una Puta.

jueves, 17 de junio de 2010

QUERIDO DIARIO: EL PRIMER BESO

Querido Diario:




Me siento fatal. Ha ocurrido. Nos hemos besado. Estoy asustada. Muy asustada. No quiero que nadie se entere y al mismo tiempo estoy deseando volver a verla. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que sentir esto por una chica?. Si volviera atrás en el tiempo no le dirigiría la palabra. Me alejaría todo lo posible de ella. Me reiría de ella... ay no, lo retiro. Jamás me reiría de ella. Solo quiero protegerla, pero me siento muy mal. Yo quiero ser normal. ¿es tanto pedir?. ¿Por qué ella no es un chico?; si tiene aspecto de chico, con su pelo cortito, viste como un chico, no se cuida nada el cutis, tiene cuerpo como de chico.. pero no es un chico. Es una chica, como yo. Y nos hemos besado. Y encima solo de recordarlo se me acelera el corazón. Ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida. Estábamos sentadas en un banco, aisladas de la gente. Ella ha colocado su mano tan cerca de la mía que la rozaba, y ese roce ha sido... no sé como decirlo, pero ha sido como mágico. Me he sentido como muy nerviosa, con ese calorcito que me traspasaba, pero nerviosa en positivo. Y yo no podía apartar mis ojos de los suyos. En ese momento, lo he olvidado todo. Me he olvidado de que era una chica, me he olvidado de mis padres, de mis amigas, de la gente, de todo. Y cuando ha acercado su rostro al mío y me ha besado, yo me he perdido. Y no quería regresar. Me habría quedado así con ella toda mi vida. Ha sido un beso dulce, intenso, embriagador. Sé que quiero estar con ella. Y recuerdo esta tarde y sé que lo que siento estando con ella me gusta, es un sentimiento bueno; es lo que quiero. Estar con ella y que nuestras manos se rocen de nuevo, y volvamos a besarnos. ¡¡Ay!! si es que ha sido tan, tan... . ¡¡Pero es una chica!! . ¿Qué hago, Dios mío? ¿qué hago?

viernes, 4 de junio de 2010

GUERRA DE VECINAS: EL ORIGEN

En una comunidad de vecinos llevarse bien no es fácil. Debería serlo, pero no lo es. Supuestamente, para una convivencia civilizada y armoniosa bastaría con que permanecieran en las relaciones entre vecinos, la educación, el respeto y el civismo, pero teniendo en cuenta que los componentes de una comunidad de vecinos son personas, cualquier cosa se puede interponer en el buen convivir.
Begoña y Rosa eran vecinas desde hacía tres años. Estrenaron juntas la finca y sus pisos eran contiguos. Coincidían a menudo tendiendo la ropa, y además habían tomado juntas más de un café. Su relación de vecinas era como cabía esperar. Cada una en su casa, y rostros sonrientes al cruzarse en el rellano. Punto. Pero en un momento determinado, algo empezó a cambiar.

EL PRIMER DIA.

Un sábado por la mañana, Rosa dormía plácidamente cuando en la lejanía un ruido continuo la fue sacando gradualmente del sueño. Ya despierta, reconoció ese familiar sonido: una aspiradora. De mala gana encendió la luz de su lamparita para comprobar que su reloj marcaba las diez de la mañana. Intentó volver a conciliar el sueño, pero como el ruido no cesaba, se despabiló por completo y se levantó huraña. "Buenos días", se dijo a sí misma.
Al otro lado de la pared, Begoña pasaba contenta la aspiradora. Se había levantado temprano y llena de energía. Cuando terminara con la aspiradora, solo le quedaría limpiar el baño y se podrían machar a comer fuera. Había salido un día estupendo. "A quién madruga Dios le ayuda", se dijo sonriente a sí misma.

DOS MESES MÁS TARDE.
El ruido de la aspiradora despertó a Rosa y a su marido. Esta vez eran las once de la mañana. Rosa maldijo en silencio. Sabía que era Begoña la trabajadora matutina porque el segundo sábado que la despertó, acercó la oreja a la pared de su dormitorio y no le cupo duda de que era de allí de dónde procedía el ruido. De la casa contigua. Sabía que no podía llamar la atención a su vecina, porque aunque fuera fin de semana, las diez de la mañana no se consideraba hora de descanso. Pero a Rosa le encantaba dormir hasta tarde los fines de semana, y no se acostumbraba a que ruidos indeseables la despertaran. Y la enfadaba más todavía el hecho de que intuía que su vecina pasaba la aspiradora a sabiendas de que dormían. Intuía que a Begoña despertar al vecindario "se la traía al fresco", y lo cierto era que estaba en su derecho.

AL DÍA SIGUIENTE.

El móvil de Rosa la despertó a las nueve de la mañana. Su marido se marchaba a almorzar con unos amigos, y ella se levantaba también temprano para hacer algunos quehaceres y así más tarde podría irse a comer fuera.
Eran las diez en punto de la mañana cuando Rosa se asomó a la ventana que daba al deslunado y descubrió que la persiana de su vecina Begoña estaba bajada del todo. Una sonrisa maligna se dibujó en su rostro mientras se preguntaba si estaría durmiendo. Decidida cogió su radio y se la llevó a su habitación donde puso la música lo suficientemente alta como para despertarla. Bailoteando mientras hacía la cama dio mentalmente los buenos días a la pared.