martes, 26 de marzo de 2013

MIS MELLIZOS, MI VIDA

Nunca he tenido miedo a morir;  respeto sí, pero miedo no.  Al pensar en la posibilidad de que a mí me llegara la hora sentía mucha tristeza por mis seres queridos;  por la pena que mi adiós les causaría.  Por mí no sentía tristeza.  Más bien sentía que dejar este mundo sería algo natural, y que si  tenía que hacerlo antes de lo normalmente esperado, pues que así fuera. Mientras la vida  dura, vivir está muy bien y ganas de que termine no tenía,  pero miedo al final tampoco. Esa era mi filosofía respecto a mi condición de mortal.  Era.  Ahora ya no lo es.  Mis mellizos han llenado de tal modo mi vida, que experimento por primera vez  temor a la muerte.  Quiero vivir.  Con todas mis fuerzas.  Quiero criar a mis niños y disfrutar con ellos de esta vida que a veces es maravillosa y otras veces es todo lo contrario, pero que con ellos ya no es lo que era.
Desde siempre he sentido deseos de ser madre, y hasta ver cumplido mi sueño, lo he tenido que desear mucho, mucho, mucho.  Tal vez por eso no me daba miedo irme de aquí. Porque estaba incompleta ;  me faltaban ellos.    Ahora que los tengo,  más que nunca quiero estar aquí.  Con ellos.  Por ellos y para ellos.  Mis hijos. Hijos, hijos, hijos... aún hay momentos en que me digo a mí misma "Que sí, que son míos.  Mis chiquitines.".  Es una sensación increíble.  Gracias, gracias, gracias.  Me siento inmensamente agradecida y a la vez temerosa.  Prudente.  Por eso cuando algún paisano me dice por la calle eso de "que Dios te de salud para poder criarlos" me aferro al pensamiento de "Sí por favor".  Y es al escuchar esas palabras, y al desear estar con mis niños, cuando soy consciente tanto de lo viva que estoy como de lo mortal que soy. Y entonces, repentinamente siento un temor y un respeto hacia la muerte que me hace comprender las ganas que tengo de vivir.  Digo yo que serán  beneficios de la maternidad.
   
¿Y las ganas de hacer cosas qué?.  Nunca antes había tenido tantas ganas de llevar a cabo proyectos como ahora.  Siento un montón de curiosidades y cada dos por tres me inunda el entusiasmo hacia alguna idea que se me pasa por la cabeza... ¡ pero si no tengo tiempo! exclamo ...  y entonces me cabreo.  Eso de querer y no poder lo llevo muy mal.  El otro día se lo comentaba a mi hermana.  No entendía porque es ahora que no puedo cuando me surgen inquietudes creativas y no antes,  cuando tenía todo el tiempo del mundo.  "Porque ahora eres feliz y tienes ganas de vivir y de hacerlo todo.".  Tiene razón.  Necesitaba ser madre y ahora que lo soy, puedo ser por fin yo misma.    Se dice que "parir embellece y criar envejece", y será verdad, pero también lo es que a mí mis niños me han llenado de energía.  Han despertado intereses por largo tiempo adormecidos y cada día me siento mejor, con más fuerza espiritual y más segura de mi misma de lo que nunca me he sentido.   Eso serán también beneficios maternidad.

Hace unos años, en una conversación entre amigas, siendo éstas, una madre de un hijo adolescente y dos mujeres caminando hacia la maternidad, decían con total convicción, que las mujeres que no querían tener hijos eran unas egoístas porque solo pensaban en ellas mismas.  En su opinión, una madre se sacrifica por sus hijos, lo da todo por ellos y tiene que renunciar a muchas cosas por ellos.  La mujer que no quiere tener hijos es porque solo piensa en sí misma.  En su propio placer.  Personalmente, ni aquél día en el que yo soñaba con ser mamá, ni hoy, que ya lo soy de unos preciosos mellizos que no paran ni un segundo, estoy de acuerdo con ellas. Yo pienso que cada mujer ha de perseguir sus sueños.  ¿Por qué es egoísta la que tiene sueños que no son ser madre?  porque bien mirado, una desea ser madre pensando en sí misma; en su propio placer y en la felicidad que ese hijo le va a ocasionar.  Osea que si hablamos de pensar en una misma, con o sin hijos somos todas egoistas, que a fin de cuentas una no tiene hijos pensando en poblar el planeta;  una tiene hijos para una misma; para ser feliz.  El sacrificio y la falta de tiempo son inherentes a la maternidad porque una vez eres madre pasas a un segundo lugar ya que tu pequeño es lo más importante, lo que más quieres y lo que da sentido a la vida que tú querías.  Es tu sueño hecho realidad. Y es y será siempre él antes que tú porque para eso es tu hijo.
A veces no comprendo  que se presuma  de la maternidad como si las madres fuéramos mártires sacrificadas en la entrega a nuestros hijos.  ... ¿cómo no nos vamos a entregar a ellos si son trocitos de nosotras mismas? es lo más natural del mundo.  Ellos, los chiquitines e indefensos niños no han pedido nacer, así que solo falta que les culpemos del tiempo que nos ocupa atender a sus necesidades o que nos sintamos sacrificadas cuando ellos son nuestro mayor regalo en esta vida.   Que no somos heroínas;  somos madres.  Agradecimiento;  agradecimiento siempre. En mi camino hacia la maternidad, aprendí  que no íba a sacrificar placeres por ser mamá, si no que los habría  si no tenía hijos.  No pretendo ser crítica con aquéllas que abanderan su maternidad, solo defiendo el hecho de que ser madre no es ser sacrificada, sino más bien todo lo contrario.  Y defiendo también, que no querer ser madre es tan lícito como el querer serlo, y el adjetivo egoísta es perfectamente apto para ambos casos, o igual no lo en en ninguno de los dos.

La maternidad no es cómo la había imaginado... bueno, puntualizo:  la maternidad es más ó menos cómo la había imaginado.  Un inmenso amor a los hijos que cada día aumenta y aumenta y solo deseas que ellos estén bien.  La crianza es lo que no se asemeja a cómo yo la había imaginado.  Es agotador y estresante. En mi defensa diré que yo no había cuidado en toda mi vida a un niño... y claro, me llegaron dos a la vez y fue y es desbordante a la vez que  maravilloso.  Son mi vida.  No cambiaría nada de lo vivido.  Es más, ha pasado el tiempo tan rápido que muchas veces me siento nostálgica y tengo ese recurrente pensamiento que seguro a toda mamá se le aparece de vez en cuanto y que es el de "volvería a vivirlo todo otra vez".  Es así.

Concluyendo que es gerundio:   cada cual sabe lo que necesita para vivir en paz y ser feliz y a cubrir esas necesidades es hacia dónde cada cual  debe encaminar sus pasos.   A eso se le llama vivir.

3 comentarios:

Cartoncita Rosa dijo...

Cuando yo pienso en la muerte concluyo que temo más que se muera alguien de mi familia o un ser querido y sufrir su ausencia que morir yo. Quizá porque no he tenido hijos todavía. Ya sigo tu blog desde hoy. Abrazos.

Uma dijo...

jo! que bonito!
De lo del temor a la muerte...creo que me da más miedo perder a mi niña que cualquier otra cosa en el mundo...sobre morirme yo, sobre todo si fuera poco a poco, creo que me daría rabia perdermelo todo, si te mueres de golpe pues oye....no hya más...pero sobre todo que no le pase nada a los mios...
y creeme que todos los dias soy consciente de la suerte que tenemos....unos dias más que otros claro!
sobre lo de que no te imaginabas la crianza tan agotadora...pues estoy d acuerdo.
Yo pensaba que era todo un pelin más facil!
jejeje
Besos

Aldabra dijo...

te comprendo, yo también experimenté esa sensación... ahora que mi hija ya tiene 21 años ya me siento más tranquila porque ahora ya sé que ella podría salir adelante sin mí.

biquiños,