viernes, 25 de noviembre de 2016

VIOLENCIA DE GÉNERO

Puede que alguien piense que tengo una visión retrógrada de los roles que se atribuyen a hombres y mujeres en cuánto a su esencia más primitiva.  Pero posiblemente no me alejo mucho de la realidad.  
En las novelas románticas la versión  del hombre fuerte, apuesto, inteligente que trata a la mujer con indiferencia y frialdad pero con momentos de ternura en los que deja ver que tiene un corazón latiendo gusta al público. En concreto gusta al público femenino.  Y la dama en cuestión, lejos de alejarse del varón inalcanzable, se enamora perdidamente de él y logra conquistarlo con su belleza e inocencia.  La mujer sin duda ninguna, el sexo débil.    A muchas mujeres estas historias les despierta sus más íntimos anhelos de amor.  Y en la vida real, el cortejo de antaño en el que el hombre era el que se encargaba de conquistar a la mujer (o eso nos han contado...), se ha convertido en un intercambio de números de móvil para luego contactar vía wasap y en el que muy a menudo también es la mujer la que lucha por conquistar al hombre con sus ingeniosos mensajes y su asombrosa paciencia cuando ellos están más ocupados en otros asuntos que en el cortejo flagrante y es ella la que espera y espera y se desespera.
A la mujer le atrae un hombre fuerte.  Un hombre con carácter.  Un hombre que la proteja. ¿ Cuántas veces hemos visto películas en las que por algún motivo, el hombre se pelea con otro u otros en defensa de la mujer? .Muchas.  A puñetazo limpio. Y nos ha de parecer heroico e incluso romántico.  El hombre fuerte y protector que todas queremos en nuestra vida. La mujer el sexo débil.
Y si retrocedemos un par de décadas, ¿cuántas veces hemos visto en las películas, o en las telenovelas, que tras una discusión acalorada entre los enamorados atormentados, el hombre zanja la discusión dándole a la mujer una sonora bofetada de esas que giran la cara? luego él abandona la escena enfadado dejándola a ella confusa y desolada. Y eso nos parecía romántico.  Gustaba al público. La mujer el sexo débil.
Porque la mujer sigue siendo el sexo débil.  En el cine, en las novelas,  y en la vida real.  El hombre tiene poder sobre la mujer porque la mujer necesita tener a un hombre en su vida. El concepto del amor romántico como base fundamental para cimentar la vida está tan fuertemente arraigado en la mente femenina que diríase que es una necesidad vital en la mayoría de las mujeres.  Demasiadas mujeres no pueden o no saben estar solas.  No sé si lo que he escrito tiene algo que ver con la violencia de género, pero algo me dice que sí.  A veces se dice a la ligera que a las mujeres nos gustan los "malos".  Por desgracia hay hombres malos de verdad y mujeres que los sufren.   La dependencia y la sumisión de muchas mujeres también es una lacra.    En la lucha contra la violencia de género también hay que luchar por cambiar eso.  No atribuir al hombre ese poder, ese endiosamiento.  No entender como romántico la supremacía del hombre sobre la mujer. Desechar la idea de que compartir la vida con una pareja es imprescindible para ser feliz.   La cuestión no es nada fácil.  Nada, nada fácil.  El enamoramiento es un estado increíblemente maravilloso y la mujer lo vive con profunda intensidad.  La mujer no exige la misma intensidad.  No renuncia cuando la reciprocidad flojea si no que insiste, y espera, y se angustia.  Esa es una de las razones por las que la mujer sigue siendo el sexo débil.  Por su necesidad imperiosa de tener un hombre a su lado. Puede que cambiar esa necesidad constituya un paso adelante en la lucha contra la violencia de género. Pero en el fondo pienso que cambiar esa necesidad es tan difícil que no es posible.  Cuando una mujer se enamora, se vuelve ciega y solo ve su propia necesidad.  Y si el hombre no la merece o no es el apropiado, ella no lo ve.  Solo siente su necesidad. Y ¿cómo se hace para cambiar esa necesidad inherente en la mujer?....



1 comentario:

Pilar V dijo...

Hasta que no nos grabemos a fuego que si no te hace feliz, si no te trata bien no te quiere, tendremos mucho por pelear.
Es cierto que las mujeres tenemos nuestra parte en este cóctel que deriva en violencia y muerte, pero mientras nos enseñamos contra cien años de cultura y cientos de religión, que somos iguales que valemos lo mismo, que no es cierto que quien te quiere te hace llorar, que nadie salva a nadie y que el que parece borde, es que lo es, necesitamos con urgencia comprender como sociedad que quienes es violento con la mujer que lo amó, o que quizás aún lo ame, es un peligro para todos.
Porque mientras construimos otro modelo de amor, nos están masacrando, y sinceramente no percibo en la sociedad y menos aún en la mayoría de los varones la conciencia del horror y la crueldad que ello supone, y que precisa de un decidido NO por parte de todos, un rechazo social, familiar, laboral y completo de aquellos que entienden la violencia como un arma más.
Un abrazo