martes, 8 de noviembre de 2016

VENCER LA ANSIEDAD

Qué complicado es vivir.  El otro día leía un artículo que decía que España es el país de la Unión Europea que encabeza la lista de consumo de tranquilizantes.  Me lo creo.  Quien no toma Trankimazin toma Diazepan y quien no, Orfidal.  Ayer por la tarde fui presa de la ansiedad, y me fume ansiosa un cigarrillo con una conocida que casualmente también era víctima de la susodicha sanguijuela.   Hablamos de ello lo que duró el cigarro.  "¿Qué te produce a ti la ansiedad?" le pregunté en confianza.  Ella respondió que el trabajo.  Mucho trabajo y falta de tiempo le generaban mucho estrés.  Un mes antes había acudido a su médico de cabecera porque empezaba a experimentar dolor de cuello y jaquecas junto con una sensación asfixiante de ansiedad.  Tankimazin le recetaron.  Casi un mes tomando las pastillitas.  "Ya no me las tomo" me dijo, "pero sigo teniendo ansiedad".  
Otra conocida mía, consume habitualmente tranquilizantes para calmar su ansiedad y poder dormir por las noches.  La causa de su ansiedad actual, son los envites de la vida recibidos en el pasado.  Divorcios, riñas familiares... no poca cosa.  Pero aunque tome tranquilizantes, la ansiedad la sigue acompañando.  Ansiedad.  Ese estado de inquietud del ánimo que no nos permite vivir en paz.  Ese nerviosismo interno que nos angustia y nos quita la energía.  Personalmente, en algunas ocasiones, he recurrido al Orfidal para conciliar el sueño.  Para eliminar la ansiedad no creo que sea en absoluto efectivo.  La ansiedad nos la producimos nosotros mismos, con nuestros pensamientos.  Nuestras preocupaciones, nuestras ansias, nuestros temores.  No es cierta la frase con la que he empezado esta entrada.  Vivir no es complicado.  En realidad la vida es muy sencilla.  Son nuestras mentes ociosas, o descontroladas las que nos introducen en espirales sin fin de preocupaciones y lamentaciones.  El origen de la ansiedad radica en que no sabemos vivir.  No estamos preparados para la vida.  Desde la más tierna infancia, se asientan en las cabezas las ideas de cómo va a transcurrir nuestra vida.  Básicamente se da por sentado, estudiar para después trabajar.  Casarse y tener hijos.  Y ser felices.  Hacerse viejo para finalmente morir.  Obviamente todos sabemos que ocurren "cosas malas", pero nadie piensa que le puede tocar a uno mismo.  Aunque realmente, no es necesario que exista la tragedia para que llegue la ansiedad.  Aún cumpliendo con el "plan establecido", las emociones, las rutinas, los desengaños, la insatisfacción y demás sensaciones no felices, llegan y son en muchos casos, causantes del inicio de la vorágine de pensamientos negativos que nos lleva directos al estado de la ansiedad.  Suponiendo que el origen esté en la infancia... ¿hay manera de preparar a un niño para afrontar las adversidades de la vida? ¿hay manera de enseñar a un niño cómo controlar los pensamientos?, porque sin duda ninguna, en los pensamientos está el quid de la cuestión.  Si no pensáramos tanto, no tendríamos tanta ansiedad. Lo que tenemos que hacer es aprender a pensar.  Aprender a dejar de pensar.  Controlar nuestros pensamientos para que no sean dañinos.  Se dice que en las batalla que tenemos que lidiar a lo largo de la vida, la actitud es muy importante para lograr salir airosos.  Y¿ qué es la actitud si no nuestros propios pensamientos?.   Con ellos debemos lidiar.  A ellos debemos controlar.  Somos lo que pensamos... pues vamos a pensar bien.  Que nuestros pensamientos no sean dañinos.  Sea cual sea nuestra adversidad, no debemos permanecer mucho tiempo pensando en ella.  Cambiar de pensamiento.  Buscar alternativas.  Leer, ver la tele, salir a pasear.... lo que sea.  Pero  no languidecer en nuestras penas. Que la preocupación no nos domine.  Dominamos nosotros.  Actitud.  No es fácil, pero hay que hacerlo.  No nos queda otra opción.  Aprendiendo a pensar abriremos puertas a lo que está por llegar  y cerraremos heridas. Se trata de cambiar el hábito de nuestra manera de pensar y enfocar los problemas.  Un hábito seguramente firmemente arraigado a nuestra naturaleza.  Un  hábito a modificar.   Yo lo voy a hacer.  Lo tengo muy claro.  Adiós ansiedad.  Ahí te quedas.....  ; - ) 

1 comentario:

Rebeca dijo...

Tienes razón Claire, a diario atiendo crisis de ansiedad y gente polimedicada que ni siquiera es capaz de mirarse dentro y saber realmente lo que tiene, el famoso vacío que les sube por la garganta y les estrangula, y como dices todo depende de esos mensajes que hemos aprendido a enviarle a nuestro cerebro tan erróneos y de lo que nos han dicho que es la felicidad, que general tan autoexigencia en nosotros que nos tienen siempre en un hilo, buscando ser perfectos para encajar en los esquemas.La perfección no existe, como tampoco la felicidad absoluta, tenemos que reeducarnos y aprender nuevos discursos más positivos, menos fármacos y más hablar. Me alegro mucho de que tú estés dispuesta a ello.