Mostrando entradas con la etiqueta Mis Mellizos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis Mellizos. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de mayo de 2013

PERCENTIL 50

Antes de empezar a despotricar sobre el asunto que me ronda por la cabeza, voy a describirme un poco físicamente porque considero que viene a cuento sobre lo que posteriormente relataré:  mujer, edad 34 años, estatura 173cm, peso 61,9kgs (con frecuencia y sin hacerme ni pizca de gracia aumento a los 62,..), cabello rubio largo (y lacio para mi pesar), piel muy clara y... pecosa.

Dada mi estatura es lo más natural del mundo que mis hijos vayan a ser altos ¿no?.  De hecho ya lo son.  A sus entrañables diecisiete meses puedo afirmar que son de los niños más altos del parque.  ¿Y qué? os preguntaréis;  pues nada.  Que empiezo a estar un poco cansada de los comentarios de otras mamás y abuelas (más éstas últimas, la verdad...) acerca "lo grandes que son".  De verdad, (y ahora sí, empiezo a despotricar cual madre coraje que soy, que yo como la Belén Esteban:"por mis hijos ¡ ma-to ! ¿me entiendes? ;-)  ).  

A ver si soy capaz de hacerme entender.  No es que me moleste que me digan "ay qué grandes que están".  Lo que me molesta es que determinadas personas no sólo me lo dicen cada día, si no que además que en ocasiones utilizan adjetivos que no terminan de agradarme.  Enormes, grandullones... ¡Oiga no se pase! diría yo. ¡ Que el suyo es un retaco y yo no digo nada!.  Quizás penséis que exagero.  Que me molesto sin razón.  Yo también lo pensaba, sí, hasta que en dos ocasiones, a dos de estas personas a las que he constestado que sus niñas eran más pequeñas (de tamaño) me han ¡apuntado con el dedo! y moviéndolo de un lado a otro con una sonrisa en su cara de AUTOSUFICIENCIA me han dicho "¡No, no, no! mi niña está en el percentil 50 ".  Ale.  Tócate la figa.  Que rabia me ha dado en las dos ocasiones.  Rabia causada por ese gesto triunfal en sus caras.  Cómo si el hecho de que un niño cuya estatura se sitúa en el percentil 50 fuera mejor que otro cuya estatura no se encuentre en dicha ubicación.  Y encima es mentira.  Porque las mamás de las niñas en cuestión ya me dijeron que sus hijas  estaban en el percentil más bajo... ????. Todo muy absurdo, lo sé.  Me doy cuenta ahora de lo tonta que soy por irritarme.  Y me doy cuenta también de lo tontas que son ellas con su actitud.  Es más, y ya poniéndome yo también en plan triunfal, podría contestarles con una amplia sonrisa: ¡Ah no! mis niños están muy por encima del percentil 50.  Que ellos del montón no van a ser.  Ale.  Cómete ésa.  Pero va a ser que no.  Prefiero despotricar en mi blog...
No obstante, cabe añadir, que estas personas que me han causado malestar con sus comentarios son dos abuelas cuyos hijos y nueras no son precisamente ejemplares de belleza y atractivo. Más bien están bastante por debajo del percentil 50... Y no hay que olvidar nunca  que la envidia es muy mala....

Las personas son altas, bajas o percentil 50, es decir como la media.
Las personas son delgadas, gordas o percentil 50, es decir, como la media.
Las personas son guapas, feas o percentil 50, es decir, como la media.
Las personas son listas, tontas, o perCentil 50, es decir, como la media.

Yo soy alta.  Tengo amigas altas, bajitas y del montón.  Lo único que me fastidia de mi estatura es el hecho de que coincide al milímetro con la de mi marido, lo cual me impide ponerme tacones.  No me gusta nada estar más alta que él.  Me es indiferente la altura del prójimo, pero creo que nunca jamás tendría una pareja más bajita que yo.  No me gusta.  Aclarado este punto, me gusta ser como soy.  Mis hijos son preciosos y si a alguien "le pica" que sean altos, pues que se rasque.  No pretendan insinuar que ser bajito o del montón es mejor que ser alto porque no.  No es así. Y si tengo que sacar las garras para proteger a mis cachorros pues las sacaré ;-) .

Los niños ven, oyen, sienten y padecen, y que los adultos señalen a niños con el dedo por tal o cuál rasgo físico les enseña a ellos a hacer lo mismo.  Veo niños todos los días, y no todos son preciosos y perfectos pero no por ello le voy a decir a una madre qué gordita está tu niña, ó que feo es tu hijo ó que orejas de soplillo ha sacado el pobre. ¡Ni se me ocurriría!.  Pero hay padres y abuelos que sí.  Y así enseñan a sus hijos a señalar a otros, a establecer diferencias, y también a recelar.
Y repito que si me siento molesta por estos comentarios es simplemente por como se crecen con lo del percentil 50.

Por otro lado, mis niños también han heredado de mí unos preciosos ojos azules (bueno, los míos son bonitos percentil 50;  ellos han superado este percentil con creces jijiji).   Estas personas que tantísima importancia dan a su estatura  me han dicho "que ojos más bonitos tienen los dos" una sola vez.  Suficiente ¿no? pues con lo otro igual.  Una vez basta.  Todos los días convierte el comentario o la observación en impertinencia.

Y tras escribir este post me recrimino a mí misma.  ¡Si estoy orgullosísima!.  ¡Si son preciosísimos! ¿que me importa a mí lo que digan? ... pues me importa porque son mis hijos.  Si no los defiende su mamá ¿quién los va a defender? ... pues eso, que ¡¡ aquí estoy yo!! Preparada para enfrentarme a las superabuelas del parque .... qué cosas...

martes, 26 de marzo de 2013

MIS MELLIZOS, MI VIDA

Nunca he tenido miedo a morir;  respeto sí, pero miedo no.  Al pensar en la posibilidad de que a mí me llegara la hora sentía mucha tristeza por mis seres queridos;  por la pena que mi adiós les causaría.  Por mí no sentía tristeza.  Más bien sentía que dejar este mundo sería algo natural, y que si  tenía que hacerlo antes de lo normalmente esperado, pues que así fuera. Mientras la vida  dura, vivir está muy bien y ganas de que termine no tenía,  pero miedo al final tampoco. Esa era mi filosofía respecto a mi condición de mortal.  Era.  Ahora ya no lo es.  Mis mellizos han llenado de tal modo mi vida, que experimento por primera vez  temor a la muerte.  Quiero vivir.  Con todas mis fuerzas.  Quiero criar a mis niños y disfrutar con ellos de esta vida que a veces es maravillosa y otras veces es todo lo contrario, pero que con ellos ya no es lo que era.
Desde siempre he sentido deseos de ser madre, y hasta ver cumplido mi sueño, lo he tenido que desear mucho, mucho, mucho.  Tal vez por eso no me daba miedo irme de aquí. Porque estaba incompleta ;  me faltaban ellos.    Ahora que los tengo,  más que nunca quiero estar aquí.  Con ellos.  Por ellos y para ellos.  Mis hijos. Hijos, hijos, hijos... aún hay momentos en que me digo a mí misma "Que sí, que son míos.  Mis chiquitines.".  Es una sensación increíble.  Gracias, gracias, gracias.  Me siento inmensamente agradecida y a la vez temerosa.  Prudente.  Por eso cuando algún paisano me dice por la calle eso de "que Dios te de salud para poder criarlos" me aferro al pensamiento de "Sí por favor".  Y es al escuchar esas palabras, y al desear estar con mis niños, cuando soy consciente tanto de lo viva que estoy como de lo mortal que soy. Y entonces, repentinamente siento un temor y un respeto hacia la muerte que me hace comprender las ganas que tengo de vivir.  Digo yo que serán  beneficios de la maternidad.
   
¿Y las ganas de hacer cosas qué?.  Nunca antes había tenido tantas ganas de llevar a cabo proyectos como ahora.  Siento un montón de curiosidades y cada dos por tres me inunda el entusiasmo hacia alguna idea que se me pasa por la cabeza... ¡ pero si no tengo tiempo! exclamo ...  y entonces me cabreo.  Eso de querer y no poder lo llevo muy mal.  El otro día se lo comentaba a mi hermana.  No entendía porque es ahora que no puedo cuando me surgen inquietudes creativas y no antes,  cuando tenía todo el tiempo del mundo.  "Porque ahora eres feliz y tienes ganas de vivir y de hacerlo todo.".  Tiene razón.  Necesitaba ser madre y ahora que lo soy, puedo ser por fin yo misma.    Se dice que "parir embellece y criar envejece", y será verdad, pero también lo es que a mí mis niños me han llenado de energía.  Han despertado intereses por largo tiempo adormecidos y cada día me siento mejor, con más fuerza espiritual y más segura de mi misma de lo que nunca me he sentido.   Eso serán también beneficios maternidad.

Hace unos años, en una conversación entre amigas, siendo éstas, una madre de un hijo adolescente y dos mujeres caminando hacia la maternidad, decían con total convicción, que las mujeres que no querían tener hijos eran unas egoístas porque solo pensaban en ellas mismas.  En su opinión, una madre se sacrifica por sus hijos, lo da todo por ellos y tiene que renunciar a muchas cosas por ellos.  La mujer que no quiere tener hijos es porque solo piensa en sí misma.  En su propio placer.  Personalmente, ni aquél día en el que yo soñaba con ser mamá, ni hoy, que ya lo soy de unos preciosos mellizos que no paran ni un segundo, estoy de acuerdo con ellas. Yo pienso que cada mujer ha de perseguir sus sueños.  ¿Por qué es egoísta la que tiene sueños que no son ser madre?  porque bien mirado, una desea ser madre pensando en sí misma; en su propio placer y en la felicidad que ese hijo le va a ocasionar.  Osea que si hablamos de pensar en una misma, con o sin hijos somos todas egoistas, que a fin de cuentas una no tiene hijos pensando en poblar el planeta;  una tiene hijos para una misma; para ser feliz.  El sacrificio y la falta de tiempo son inherentes a la maternidad porque una vez eres madre pasas a un segundo lugar ya que tu pequeño es lo más importante, lo que más quieres y lo que da sentido a la vida que tú querías.  Es tu sueño hecho realidad. Y es y será siempre él antes que tú porque para eso es tu hijo.
A veces no comprendo  que se presuma  de la maternidad como si las madres fuéramos mártires sacrificadas en la entrega a nuestros hijos.  ... ¿cómo no nos vamos a entregar a ellos si son trocitos de nosotras mismas? es lo más natural del mundo.  Ellos, los chiquitines e indefensos niños no han pedido nacer, así que solo falta que les culpemos del tiempo que nos ocupa atender a sus necesidades o que nos sintamos sacrificadas cuando ellos son nuestro mayor regalo en esta vida.   Que no somos heroínas;  somos madres.  Agradecimiento;  agradecimiento siempre. En mi camino hacia la maternidad, aprendí  que no íba a sacrificar placeres por ser mamá, si no que los habría  si no tenía hijos.  No pretendo ser crítica con aquéllas que abanderan su maternidad, solo defiendo el hecho de que ser madre no es ser sacrificada, sino más bien todo lo contrario.  Y defiendo también, que no querer ser madre es tan lícito como el querer serlo, y el adjetivo egoísta es perfectamente apto para ambos casos, o igual no lo en en ninguno de los dos.

La maternidad no es cómo la había imaginado... bueno, puntualizo:  la maternidad es más ó menos cómo la había imaginado.  Un inmenso amor a los hijos que cada día aumenta y aumenta y solo deseas que ellos estén bien.  La crianza es lo que no se asemeja a cómo yo la había imaginado.  Es agotador y estresante. En mi defensa diré que yo no había cuidado en toda mi vida a un niño... y claro, me llegaron dos a la vez y fue y es desbordante a la vez que  maravilloso.  Son mi vida.  No cambiaría nada de lo vivido.  Es más, ha pasado el tiempo tan rápido que muchas veces me siento nostálgica y tengo ese recurrente pensamiento que seguro a toda mamá se le aparece de vez en cuanto y que es el de "volvería a vivirlo todo otra vez".  Es así.

Concluyendo que es gerundio:   cada cual sabe lo que necesita para vivir en paz y ser feliz y a cubrir esas necesidades es hacia dónde cada cual  debe encaminar sus pasos.   A eso se le llama vivir.

miércoles, 13 de marzo de 2013

LA BUENA NUEVA - PARTE II

Necesito desahogarme.  A veces vivo situaciones en las que estallaría y plantaría cara a personas que sin comerlo ni beberlo, dejan caer sobre mi cabeza un jarro de agua fría, con sus desplantes o con su mala leche.  Me da mucha rabia que esta gente de la que hablo consiga hacerme sentir mal.  Rabia más contra mí misma que contra ellos.  Ojalá tuviera un escudo de frialdad y que no me importaran nada.  Lo que me ha pasado hoy y que me lleva a escribir estas líneas de desahogo es que cuando he ido a comer a casa de un familiar y me he sentado junto a una allegada en el sofá con los niños, ésta ni se ha dignado a mirarlos.  Joder.  Me he quedado estupefacta.  Nunca ha sido demasiado cariñosa con ellos, pero es que hoy se ha llevado la palma de la indiferencia.  Que no nos vemos mucho, pero hasta que me quedé embarazada siempre nos que nos veíamos congeniábamos bastante bien y nos teníamos cariño... Me siento mal.  Sólo tengo ganas de llorar.

AL DÍA SIGUIENTE

Vuelvo de nuevo a escribir, ahora ya mucho más tranquila.  En caliente, se magnifican las situaciones, ó no.  O igual en caliente las cosas se sienten como  como son, y con el paso de las horas y los días, va menguando nuestro malestar y les vamos quitando importancia.  Verdaderamente, puede que me moleste más mi propia reacción, que el desprecio que hizo la susodicha.  Me molesta mi reacción porque lo cierto es que no debería de afectarme tanto.  Soy ese tipo de personas a las que la opinión y comentarios de los demás afecta considerablemente. Demasiado, para ser exactos, que me llega a quitar el sueño.   Y eso es una gran debilidad.  Pero bueno, lucho contra ello,  lo que viene a ser un constante combate entre los agobios que me entran a causa de mi impotencia frente a estas situaciones y mis pensamientos positivos, que se ocupan poco a poco de ir aplacando mi cólera. 
Hace poco escribí un post titulado "La Buena Nueva", que trataba de las reacciones de distintos familiares ante la noticia de un embarazo.  Contaba, que la noticia que era  "a todas luces positiva" no a todos alegraba y sin darme cuenta empleé un tono crítico hacia las que no lo celebraban.  El comentario de mi querido amigo X,  autor del fantástico blog "atlantis2050.blogspot.com"   diciéndome que la noticia sólo era "positiva a todas luces" para la madre y  que los demás podían o no alegrarse ó no,  según sus circunstancias personales, me caló hondo.  La verdad es que pasé varios días dándole vueltas al tema.  Me dí cuenta de que por algún motivo,  en muchos momentos  de mi vida, mi moral se siente obligada a alegrarse por los demás cuando en lo que a mí persona se refiere, no me causa ninguna alegría. A veces ha sido al contrario.  Buenas nuevas ajenas me han hecho sentirme desgraciada.   Por eso el tono del relato podía resultar crítico;  Porque, cuando yo no me he alegrado de buenas nuevas ajenas a causa de mi situación personal, me he sentido mal conmigo misma.  He intentado obligarme a alegrarme y al resultarme imposible he seguido incómoda. Culpable.  Qué tonta.  X tiene toda la razón.  Las cosas buenas alegran la vida a quien   le suceden;  Los demás no tenemos por qué experimentar alegría.  Eso no quita poner  buena cara    ante quien nos está contando algo bueno que en su vida ha acontecido.  No se trata de ser falsa, si no de ser cortés. Una cosa no quita la otra.  Relaciono todo esto con lo sucedido ayer. Como conté al principio, me llevaba bien con ella pero noté cambios al quedarme embarazada. Cuando la telefoneé para darle la noticia no demostró alegría.  Más bien un débil "Ahh.. enhorabuena..." y al añadir contrariada que llevaba dos, ella se limitó a soltar otro apagado "Ahhh...".  En fin.  Me molestó.  Ella ya era madre y aunque llevaba tiempo buscando el segundo, yo llevaba mucho más y ella sabía lo mal que lo había pasado.  Pero bueno;  me voy a aplicar la lección aprendida, y recordando las palabras de X, la noticia era positiva para mi.  Era mi vida la que iba a cambiar, no la suya.  Ella no se alegró y no se esforzó en mostrar algo que no sentía.  Duele, pero no se puede hacer nada al respecto.  Pero lo de ayer con los niños es diferente;   Cierto que nos vemos poco,  pero yo siempre he tenido cariño y sonrisas para su hija.  Y de corazón, que la niña es un amor. De hecho, prueba de ello  es que cada vez que me ve, viene corriendo a darme un abrazo.  Digo yo que será porque se siente querida ¿no?.  Pues bien, mis hijos también son dos amores;  para mí lo más grande y maravilloso de esta vida, y si ella muestra indiferencia hacia ellos hasta el punto de ignorarlos me duele.  Me enfurece.  Y  qué queréis que os diga... que mis niños tienen quince meses... que para mí no hay excusa. Que debería darle vergüenza.  Sinceramente, cuando estaba allí, sentada a su lado en el sofá con mi niña sentada entre las  dos y mi niño de pie apoyándose en la mesa centro y la tía ésta los ignoraba hablando con el resto y sin siguiera mirarlos un momento,   lo único que pensaba yo es "mira que eres gilipollas...  desgraciada diles algo...".   Siento insultar pero esto es lo que hay.  Sea cuál sea su situación,  para mí, no existe excusa que justifique el desprecio que les hizo. Mis preciosos niños.  Anda y que le den.  No la necesitamos para nada.
En fin;  que voy a ir terminando. Aunque "la allegada" no se alegrara de mi embarazo, hay ocasiones en la vida en las que hay que echar mano de la hipocresía y fingir un poco.  Eso es ser políticamente correcto.  No cuesta mucho y así la otra persona se siente querida y en armonía.  Todos lo hacemos.  Forma parte de nuestra civilización.  Igualmente, si estás frente a alguien que sufre por cualquier desventura no es necesario que te extiendas demasiado al contarle tu buena suerte.  Simplemente por respeto.  Y sobre el asunto de mis niños... pues si los ignoró a propósito  es una gilipollas.   Y si fue inconscientemente..  con el tiempo se verá... 

lunes, 11 de marzo de 2013

UNA MADRE SIN TIEMPO

Hace tiempo leí no sé dónde, una entrevista que le hicieron a una mujer que tenía un montón de hijos.  Doce o trece, creo recordar.  Casi tenía un hijo de cada edad.  La mayor tendría unos veinte años, y el pequeño dos ó tres.  Pero que eran mogollón. Una barbaridad.  Ahora recuerdo (caprichosa memoria ésta)que lo leí cuando los míos apenas tenían unos meses de vida, y yo andaba LOCA perdida entre biberones, llantos y extractores de leche.  A la madre, una gran madre, le preguntaban algo así cómo que cómo sacaba tiempo para sí misma con tanto hijo que criar, y ella respondió algo parecido a que resultaba egoísta preocuparse de buscar ese tiempo para sí misma cuando podía entregárselo a sus hijos.  Aplaudí mentalmente y con entusiasmo sus palabras. Me encantó su respuesta.  Eso es  ser una auténtica madre abnegada, pensé entonces y pienso ahora.  Yo también quiero ser así, me dije al notar un pinchazo de culpabilidad causado por el estrés y el caos que reinaba en mi hogar.  Pero yo no soy así.  Amo a mis hijos por encima de todo, y lo son todo para mí.  Ser madre y ama de casa me gusta (bueno, la verdad es que la casa es un verdadero plomazo, por no decir otra palabra...), pero yo, a diferencia de aquélla MADRE en mayúsculas, sí soy egoísta y si necesito tiempo para mí misma.  Necesito leer un rato por las noches, necesito un ratito para ponerme al día con los blogs,  necesito despejar mi mente y concentrarme en sobre qué quiero escribir en este blog, necesito estar aunque sea un poco al día en lo que ocurre fuera de mi mundo particular, y quiero que no necesito, poner al día las fotos,  coger a los niños montar un tingladillo para fotografiarlos "a lo profesional"... tiempo, tiempo, tiempo... Lo que me falta es tiempo.  Divagando un poco, me pregunto si la MADRE en cuestión es tal cómo se mostraba en la entrevista.  Lo digo porque no creo que yo sea tan rara por no ser tan abnegada, si no más bien al contrario.  Me resulta un poco raro o sospechoso, no tener hobbys aparte de estar, criar y educar a los niños.... aunque bueno, supongo que doce o trece hijos es otro cantar, por más que los mayores te puedan ayudar.  Mi madre siempre me dice que lo que me pasa es normal.  Ella dice que los hijos son lo mejor de la vida, pero que la realidad es que agotan.  El otro día me contaba que cuando éramos pequeñas, ella se levantaba a las ocho menos cuarto de la mañana, se tomaba su café con leche, se fumaba un cigarro, y a las ocho en punto nos despertaba y "empezaba la guerra" jajaja... Lavar caras y culos, vestirnos, darnos el desayuno, llevarnos al cole, volver a casa, hacer la compra, preparar la comida, limpiar la casa,  volver al cole a recogernos, llevarnos a casa, darnos la comida, comer ella con mi padre, recoger todo, llevarnos otra vez al cole, volver a casa, volver al cole....uffffff...  pues eso.... ¡¡¡la guerra!!! jajaja...  dice que a las ocho y media nos acostaba, y entonces ella decansaba un rato...  pobreta.  Y nosotras felices y sin enterarnos de lo cansada que acababa mamá los días... jijiji...  A lo mejor es por eso que a mi el cansancio me ha pillado por sorpresa.  Porque nunca fuí consciente de cuánto trabajaba mi madre.  Y ella también tenía sus intereses personales, que recuerdo yo cómo le gustaban las series de televisión cómo Falcon Crest ó Dinastía.  Y recuerdo aquéllas novelitas de terror que cambiaba en el rastro y que se las leía por las noches, cuando "la guerra" paraba para dormir... Y al día siguiente, vuelta a empezar.  ¿Feliz? por supuesto. ¿Cansada? por supuesto también.
Casualmente, esta mañana he estado hablando con una vecina que tiene una niña de cuatro años y un nene de quince meses, y me contaba que se ha apuntado a Pilates con su hermana porque "necesita" desconectar aunque sea un rato de los niños y del trabajo... jum... tampoco es está una madre 100% abnegada;  yo diría que es una madre normal y corriente.  Digo yo que aparte de ser madres, que es una tarea que por naturaleza ocupa casi todo el tiempo, en nuestro interior seguimos siendo algo más y por ello tenemos más inquietudes además de los hijos...  Pero aunque les pasa a casi todas, y entiendo lo que me ocurre, a veces me siento egoísta y culpable por dicho egoísmo.  Tiene guasa, no tengo tiempo de ná, y sin embargo me paso el tiempo dándole vueltas al coco...  Ups... oigo ruido de llaves en la puerta... ya está aquí mi madre con los peques... ¡vuelvo a la guerra jajaja!

domingo, 30 de septiembre de 2012

¿NATURALES O ARTIFICIALES?

Despierto curiosidad en la gente. Bueno no; yo no. Más bien lo correcto sería decir que "el origen" de mis niños despierta la vena cotilla de mucha gente.  Supongo que es algo que les pasará a todas las mamás de mellizos. La duda de cómo han sido concebidos se enciende igual que una bombilla en muchas cabezas y cómo la avidez del cotilleo no se puede controlar (lo sé por experiencia), pues comienza el indagar.  La verdad es que me hace gracia y me llama la atención porque estoy hablando de gente que no conozco de nada... Os pondré en la situación:  Un día cualquiera bajo a la calle a pasear a mis peques en el "pedazo de carro doble" que ya por si solo llama la atención.  Pues eso, que voy felizmente paseando y me para un transeúnte que se alegra de ver a mis niños y me felicita por "lo bien que lo he hecho".  Niño y niña es mucha suerte -añade-.  A continuación esta persona para mí completamente desconocida llega a la conclusión de que yo "ya he terminado" y que mi marido ya se puede "cortar la colita". Sí. Jajajaj... Y ahora llega el "indagueo" (no busquéis en el diccionario que está palabreja es de mi cosecha, vamos que parece ser que no existe..).  Como preguntarme directamente si me sometí a algún tratamiento de Reproducción Asistida para quedarme embarazada es muy fuerte, pues la persona en cuestión opta por contarme que no se quién de su familia también tiene dos, PERO que los suyos fueron naturales.  Ea!. Y llega el silencio para que yo le aclare si los míos son naturales ó artificiales. Jajaja.  Oye, que sepáis que si cuento estás anécdotas es porque esta conversación la mantengo casi a diario, y siempre con extraños. Por eso me hace gracia.  Y yo, que en el fondo soy una buena samaritana,  le explico a quién quiera que sea, que "los míos también son naturales y que mi marido tiene un hermano mellizo".  Una vez pronuncio estas frases, contemplo el alivio en la cara de mi interlocutor que inequívocamente exclama un "¡¡ah!! entonces ya está claro".  Clarísimo. ¡Mira que somos cotillas!. Me incluyo porque yo también "me las traigo". Por eso nunca me ha molestado que me pregunten indirectamente y por eso no me importa contestarles. La curiosidad es algo natural.. Yo diría que innato en el ser humano.  ¿O innato en las mujeres?... porque ahora que lo pienso, generalmente-siempre   son mujeres...jajaja... obviusly.
Pues eso; que cada día alguien intenta averiguar cómo se concibieron mis niños. Y como este es mi pequeño espacio lo aclaro aquí también: mis pequeñines son naturales y mi marido tiene un hermano mellizo.  Me tuvieron que hacer una fecundación in vitro porque no me podía quedar embarazada.  Y gracias a Dios todo salió bien. Doblemente bien.. jaja.  

P.D: A los desconocidos que me paran por la calle no les cuento el resto de mi historia porque obviamente ni les importa ni me apetece. Pero aquí es diferente.  Aquí es especial.