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martes, 8 de noviembre de 2016

VENCER LA ANSIEDAD

Qué complicado es vivir.  El otro día leía un artículo que decía que España es el país de la Unión Europea que encabeza la lista de consumo de tranquilizantes.  Me lo creo.  Quien no toma Trankimazin toma Diazepan y quien no, Orfidal.  Ayer por la tarde fui presa de la ansiedad, y me fume ansiosa un cigarrillo con una conocida que casualmente también era víctima de la susodicha sanguijuela.   Hablamos de ello lo que duró el cigarro.  "¿Qué te produce a ti la ansiedad?" le pregunté en confianza.  Ella respondió que el trabajo.  Mucho trabajo y falta de tiempo le generaban mucho estrés.  Un mes antes había acudido a su médico de cabecera porque empezaba a experimentar dolor de cuello y jaquecas junto con una sensación asfixiante de ansiedad.  Tankimazin le recetaron.  Casi un mes tomando las pastillitas.  "Ya no me las tomo" me dijo, "pero sigo teniendo ansiedad".  
Otra conocida mía, consume habitualmente tranquilizantes para calmar su ansiedad y poder dormir por las noches.  La causa de su ansiedad actual, son los envites de la vida recibidos en el pasado.  Divorcios, riñas familiares... no poca cosa.  Pero aunque tome tranquilizantes, la ansiedad la sigue acompañando.  Ansiedad.  Ese estado de inquietud del ánimo que no nos permite vivir en paz.  Ese nerviosismo interno que nos angustia y nos quita la energía.  Personalmente, en algunas ocasiones, he recurrido al Orfidal para conciliar el sueño.  Para eliminar la ansiedad no creo que sea en absoluto efectivo.  La ansiedad nos la producimos nosotros mismos, con nuestros pensamientos.  Nuestras preocupaciones, nuestras ansias, nuestros temores.  No es cierta la frase con la que he empezado esta entrada.  Vivir no es complicado.  En realidad la vida es muy sencilla.  Son nuestras mentes ociosas, o descontroladas las que nos introducen en espirales sin fin de preocupaciones y lamentaciones.  El origen de la ansiedad radica en que no sabemos vivir.  No estamos preparados para la vida.  Desde la más tierna infancia, se asientan en las cabezas las ideas de cómo va a transcurrir nuestra vida.  Básicamente se da por sentado, estudiar para después trabajar.  Casarse y tener hijos.  Y ser felices.  Hacerse viejo para finalmente morir.  Obviamente todos sabemos que ocurren "cosas malas", pero nadie piensa que le puede tocar a uno mismo.  Aunque realmente, no es necesario que exista la tragedia para que llegue la ansiedad.  Aún cumpliendo con el "plan establecido", las emociones, las rutinas, los desengaños, la insatisfacción y demás sensaciones no felices, llegan y son en muchos casos, causantes del inicio de la vorágine de pensamientos negativos que nos lleva directos al estado de la ansiedad.  Suponiendo que el origen esté en la infancia... ¿hay manera de preparar a un niño para afrontar las adversidades de la vida? ¿hay manera de enseñar a un niño cómo controlar los pensamientos?, porque sin duda ninguna, en los pensamientos está el quid de la cuestión.  Si no pensáramos tanto, no tendríamos tanta ansiedad. Lo que tenemos que hacer es aprender a pensar.  Aprender a dejar de pensar.  Controlar nuestros pensamientos para que no sean dañinos.  Se dice que en las batalla que tenemos que lidiar a lo largo de la vida, la actitud es muy importante para lograr salir airosos.  Y¿ qué es la actitud si no nuestros propios pensamientos?.   Con ellos debemos lidiar.  A ellos debemos controlar.  Somos lo que pensamos... pues vamos a pensar bien.  Que nuestros pensamientos no sean dañinos.  Sea cual sea nuestra adversidad, no debemos permanecer mucho tiempo pensando en ella.  Cambiar de pensamiento.  Buscar alternativas.  Leer, ver la tele, salir a pasear.... lo que sea.  Pero  no languidecer en nuestras penas. Que la preocupación no nos domine.  Dominamos nosotros.  Actitud.  No es fácil, pero hay que hacerlo.  No nos queda otra opción.  Aprendiendo a pensar abriremos puertas a lo que está por llegar  y cerraremos heridas. Se trata de cambiar el hábito de nuestra manera de pensar y enfocar los problemas.  Un hábito seguramente firmemente arraigado a nuestra naturaleza.  Un  hábito a modificar.   Yo lo voy a hacer.  Lo tengo muy claro.  Adiós ansiedad.  Ahí te quedas.....  ; - ) 

martes, 26 de marzo de 2013

MIS MELLIZOS, MI VIDA

Nunca he tenido miedo a morir;  respeto sí, pero miedo no.  Al pensar en la posibilidad de que a mí me llegara la hora sentía mucha tristeza por mis seres queridos;  por la pena que mi adiós les causaría.  Por mí no sentía tristeza.  Más bien sentía que dejar este mundo sería algo natural, y que si  tenía que hacerlo antes de lo normalmente esperado, pues que así fuera. Mientras la vida  dura, vivir está muy bien y ganas de que termine no tenía,  pero miedo al final tampoco. Esa era mi filosofía respecto a mi condición de mortal.  Era.  Ahora ya no lo es.  Mis mellizos han llenado de tal modo mi vida, que experimento por primera vez  temor a la muerte.  Quiero vivir.  Con todas mis fuerzas.  Quiero criar a mis niños y disfrutar con ellos de esta vida que a veces es maravillosa y otras veces es todo lo contrario, pero que con ellos ya no es lo que era.
Desde siempre he sentido deseos de ser madre, y hasta ver cumplido mi sueño, lo he tenido que desear mucho, mucho, mucho.  Tal vez por eso no me daba miedo irme de aquí. Porque estaba incompleta ;  me faltaban ellos.    Ahora que los tengo,  más que nunca quiero estar aquí.  Con ellos.  Por ellos y para ellos.  Mis hijos. Hijos, hijos, hijos... aún hay momentos en que me digo a mí misma "Que sí, que son míos.  Mis chiquitines.".  Es una sensación increíble.  Gracias, gracias, gracias.  Me siento inmensamente agradecida y a la vez temerosa.  Prudente.  Por eso cuando algún paisano me dice por la calle eso de "que Dios te de salud para poder criarlos" me aferro al pensamiento de "Sí por favor".  Y es al escuchar esas palabras, y al desear estar con mis niños, cuando soy consciente tanto de lo viva que estoy como de lo mortal que soy. Y entonces, repentinamente siento un temor y un respeto hacia la muerte que me hace comprender las ganas que tengo de vivir.  Digo yo que serán  beneficios de la maternidad.
   
¿Y las ganas de hacer cosas qué?.  Nunca antes había tenido tantas ganas de llevar a cabo proyectos como ahora.  Siento un montón de curiosidades y cada dos por tres me inunda el entusiasmo hacia alguna idea que se me pasa por la cabeza... ¡ pero si no tengo tiempo! exclamo ...  y entonces me cabreo.  Eso de querer y no poder lo llevo muy mal.  El otro día se lo comentaba a mi hermana.  No entendía porque es ahora que no puedo cuando me surgen inquietudes creativas y no antes,  cuando tenía todo el tiempo del mundo.  "Porque ahora eres feliz y tienes ganas de vivir y de hacerlo todo.".  Tiene razón.  Necesitaba ser madre y ahora que lo soy, puedo ser por fin yo misma.    Se dice que "parir embellece y criar envejece", y será verdad, pero también lo es que a mí mis niños me han llenado de energía.  Han despertado intereses por largo tiempo adormecidos y cada día me siento mejor, con más fuerza espiritual y más segura de mi misma de lo que nunca me he sentido.   Eso serán también beneficios maternidad.

Hace unos años, en una conversación entre amigas, siendo éstas, una madre de un hijo adolescente y dos mujeres caminando hacia la maternidad, decían con total convicción, que las mujeres que no querían tener hijos eran unas egoístas porque solo pensaban en ellas mismas.  En su opinión, una madre se sacrifica por sus hijos, lo da todo por ellos y tiene que renunciar a muchas cosas por ellos.  La mujer que no quiere tener hijos es porque solo piensa en sí misma.  En su propio placer.  Personalmente, ni aquél día en el que yo soñaba con ser mamá, ni hoy, que ya lo soy de unos preciosos mellizos que no paran ni un segundo, estoy de acuerdo con ellas. Yo pienso que cada mujer ha de perseguir sus sueños.  ¿Por qué es egoísta la que tiene sueños que no son ser madre?  porque bien mirado, una desea ser madre pensando en sí misma; en su propio placer y en la felicidad que ese hijo le va a ocasionar.  Osea que si hablamos de pensar en una misma, con o sin hijos somos todas egoistas, que a fin de cuentas una no tiene hijos pensando en poblar el planeta;  una tiene hijos para una misma; para ser feliz.  El sacrificio y la falta de tiempo son inherentes a la maternidad porque una vez eres madre pasas a un segundo lugar ya que tu pequeño es lo más importante, lo que más quieres y lo que da sentido a la vida que tú querías.  Es tu sueño hecho realidad. Y es y será siempre él antes que tú porque para eso es tu hijo.
A veces no comprendo  que se presuma  de la maternidad como si las madres fuéramos mártires sacrificadas en la entrega a nuestros hijos.  ... ¿cómo no nos vamos a entregar a ellos si son trocitos de nosotras mismas? es lo más natural del mundo.  Ellos, los chiquitines e indefensos niños no han pedido nacer, así que solo falta que les culpemos del tiempo que nos ocupa atender a sus necesidades o que nos sintamos sacrificadas cuando ellos son nuestro mayor regalo en esta vida.   Que no somos heroínas;  somos madres.  Agradecimiento;  agradecimiento siempre. En mi camino hacia la maternidad, aprendí  que no íba a sacrificar placeres por ser mamá, si no que los habría  si no tenía hijos.  No pretendo ser crítica con aquéllas que abanderan su maternidad, solo defiendo el hecho de que ser madre no es ser sacrificada, sino más bien todo lo contrario.  Y defiendo también, que no querer ser madre es tan lícito como el querer serlo, y el adjetivo egoísta es perfectamente apto para ambos casos, o igual no lo en en ninguno de los dos.

La maternidad no es cómo la había imaginado... bueno, puntualizo:  la maternidad es más ó menos cómo la había imaginado.  Un inmenso amor a los hijos que cada día aumenta y aumenta y solo deseas que ellos estén bien.  La crianza es lo que no se asemeja a cómo yo la había imaginado.  Es agotador y estresante. En mi defensa diré que yo no había cuidado en toda mi vida a un niño... y claro, me llegaron dos a la vez y fue y es desbordante a la vez que  maravilloso.  Son mi vida.  No cambiaría nada de lo vivido.  Es más, ha pasado el tiempo tan rápido que muchas veces me siento nostálgica y tengo ese recurrente pensamiento que seguro a toda mamá se le aparece de vez en cuanto y que es el de "volvería a vivirlo todo otra vez".  Es así.

Concluyendo que es gerundio:   cada cual sabe lo que necesita para vivir en paz y ser feliz y a cubrir esas necesidades es hacia dónde cada cual  debe encaminar sus pasos.   A eso se le llama vivir.

miércoles, 13 de marzo de 2013

LA BUENA NUEVA - PARTE II

Necesito desahogarme.  A veces vivo situaciones en las que estallaría y plantaría cara a personas que sin comerlo ni beberlo, dejan caer sobre mi cabeza un jarro de agua fría, con sus desplantes o con su mala leche.  Me da mucha rabia que esta gente de la que hablo consiga hacerme sentir mal.  Rabia más contra mí misma que contra ellos.  Ojalá tuviera un escudo de frialdad y que no me importaran nada.  Lo que me ha pasado hoy y que me lleva a escribir estas líneas de desahogo es que cuando he ido a comer a casa de un familiar y me he sentado junto a una allegada en el sofá con los niños, ésta ni se ha dignado a mirarlos.  Joder.  Me he quedado estupefacta.  Nunca ha sido demasiado cariñosa con ellos, pero es que hoy se ha llevado la palma de la indiferencia.  Que no nos vemos mucho, pero hasta que me quedé embarazada siempre nos que nos veíamos congeniábamos bastante bien y nos teníamos cariño... Me siento mal.  Sólo tengo ganas de llorar.

AL DÍA SIGUIENTE

Vuelvo de nuevo a escribir, ahora ya mucho más tranquila.  En caliente, se magnifican las situaciones, ó no.  O igual en caliente las cosas se sienten como  como son, y con el paso de las horas y los días, va menguando nuestro malestar y les vamos quitando importancia.  Verdaderamente, puede que me moleste más mi propia reacción, que el desprecio que hizo la susodicha.  Me molesta mi reacción porque lo cierto es que no debería de afectarme tanto.  Soy ese tipo de personas a las que la opinión y comentarios de los demás afecta considerablemente. Demasiado, para ser exactos, que me llega a quitar el sueño.   Y eso es una gran debilidad.  Pero bueno, lucho contra ello,  lo que viene a ser un constante combate entre los agobios que me entran a causa de mi impotencia frente a estas situaciones y mis pensamientos positivos, que se ocupan poco a poco de ir aplacando mi cólera. 
Hace poco escribí un post titulado "La Buena Nueva", que trataba de las reacciones de distintos familiares ante la noticia de un embarazo.  Contaba, que la noticia que era  "a todas luces positiva" no a todos alegraba y sin darme cuenta empleé un tono crítico hacia las que no lo celebraban.  El comentario de mi querido amigo X,  autor del fantástico blog "atlantis2050.blogspot.com"   diciéndome que la noticia sólo era "positiva a todas luces" para la madre y  que los demás podían o no alegrarse ó no,  según sus circunstancias personales, me caló hondo.  La verdad es que pasé varios días dándole vueltas al tema.  Me dí cuenta de que por algún motivo,  en muchos momentos  de mi vida, mi moral se siente obligada a alegrarse por los demás cuando en lo que a mí persona se refiere, no me causa ninguna alegría. A veces ha sido al contrario.  Buenas nuevas ajenas me han hecho sentirme desgraciada.   Por eso el tono del relato podía resultar crítico;  Porque, cuando yo no me he alegrado de buenas nuevas ajenas a causa de mi situación personal, me he sentido mal conmigo misma.  He intentado obligarme a alegrarme y al resultarme imposible he seguido incómoda. Culpable.  Qué tonta.  X tiene toda la razón.  Las cosas buenas alegran la vida a quien   le suceden;  Los demás no tenemos por qué experimentar alegría.  Eso no quita poner  buena cara    ante quien nos está contando algo bueno que en su vida ha acontecido.  No se trata de ser falsa, si no de ser cortés. Una cosa no quita la otra.  Relaciono todo esto con lo sucedido ayer. Como conté al principio, me llevaba bien con ella pero noté cambios al quedarme embarazada. Cuando la telefoneé para darle la noticia no demostró alegría.  Más bien un débil "Ahh.. enhorabuena..." y al añadir contrariada que llevaba dos, ella se limitó a soltar otro apagado "Ahhh...".  En fin.  Me molestó.  Ella ya era madre y aunque llevaba tiempo buscando el segundo, yo llevaba mucho más y ella sabía lo mal que lo había pasado.  Pero bueno;  me voy a aplicar la lección aprendida, y recordando las palabras de X, la noticia era positiva para mi.  Era mi vida la que iba a cambiar, no la suya.  Ella no se alegró y no se esforzó en mostrar algo que no sentía.  Duele, pero no se puede hacer nada al respecto.  Pero lo de ayer con los niños es diferente;   Cierto que nos vemos poco,  pero yo siempre he tenido cariño y sonrisas para su hija.  Y de corazón, que la niña es un amor. De hecho, prueba de ello  es que cada vez que me ve, viene corriendo a darme un abrazo.  Digo yo que será porque se siente querida ¿no?.  Pues bien, mis hijos también son dos amores;  para mí lo más grande y maravilloso de esta vida, y si ella muestra indiferencia hacia ellos hasta el punto de ignorarlos me duele.  Me enfurece.  Y  qué queréis que os diga... que mis niños tienen quince meses... que para mí no hay excusa. Que debería darle vergüenza.  Sinceramente, cuando estaba allí, sentada a su lado en el sofá con mi niña sentada entre las  dos y mi niño de pie apoyándose en la mesa centro y la tía ésta los ignoraba hablando con el resto y sin siguiera mirarlos un momento,   lo único que pensaba yo es "mira que eres gilipollas...  desgraciada diles algo...".   Siento insultar pero esto es lo que hay.  Sea cuál sea su situación,  para mí, no existe excusa que justifique el desprecio que les hizo. Mis preciosos niños.  Anda y que le den.  No la necesitamos para nada.
En fin;  que voy a ir terminando. Aunque "la allegada" no se alegrara de mi embarazo, hay ocasiones en la vida en las que hay que echar mano de la hipocresía y fingir un poco.  Eso es ser políticamente correcto.  No cuesta mucho y así la otra persona se siente querida y en armonía.  Todos lo hacemos.  Forma parte de nuestra civilización.  Igualmente, si estás frente a alguien que sufre por cualquier desventura no es necesario que te extiendas demasiado al contarle tu buena suerte.  Simplemente por respeto.  Y sobre el asunto de mis niños... pues si los ignoró a propósito  es una gilipollas.   Y si fue inconscientemente..  con el tiempo se verá... 

lunes, 11 de marzo de 2013

UNA MADRE SIN TIEMPO

Hace tiempo leí no sé dónde, una entrevista que le hicieron a una mujer que tenía un montón de hijos.  Doce o trece, creo recordar.  Casi tenía un hijo de cada edad.  La mayor tendría unos veinte años, y el pequeño dos ó tres.  Pero que eran mogollón. Una barbaridad.  Ahora recuerdo (caprichosa memoria ésta)que lo leí cuando los míos apenas tenían unos meses de vida, y yo andaba LOCA perdida entre biberones, llantos y extractores de leche.  A la madre, una gran madre, le preguntaban algo así cómo que cómo sacaba tiempo para sí misma con tanto hijo que criar, y ella respondió algo parecido a que resultaba egoísta preocuparse de buscar ese tiempo para sí misma cuando podía entregárselo a sus hijos.  Aplaudí mentalmente y con entusiasmo sus palabras. Me encantó su respuesta.  Eso es  ser una auténtica madre abnegada, pensé entonces y pienso ahora.  Yo también quiero ser así, me dije al notar un pinchazo de culpabilidad causado por el estrés y el caos que reinaba en mi hogar.  Pero yo no soy así.  Amo a mis hijos por encima de todo, y lo son todo para mí.  Ser madre y ama de casa me gusta (bueno, la verdad es que la casa es un verdadero plomazo, por no decir otra palabra...), pero yo, a diferencia de aquélla MADRE en mayúsculas, sí soy egoísta y si necesito tiempo para mí misma.  Necesito leer un rato por las noches, necesito un ratito para ponerme al día con los blogs,  necesito despejar mi mente y concentrarme en sobre qué quiero escribir en este blog, necesito estar aunque sea un poco al día en lo que ocurre fuera de mi mundo particular, y quiero que no necesito, poner al día las fotos,  coger a los niños montar un tingladillo para fotografiarlos "a lo profesional"... tiempo, tiempo, tiempo... Lo que me falta es tiempo.  Divagando un poco, me pregunto si la MADRE en cuestión es tal cómo se mostraba en la entrevista.  Lo digo porque no creo que yo sea tan rara por no ser tan abnegada, si no más bien al contrario.  Me resulta un poco raro o sospechoso, no tener hobbys aparte de estar, criar y educar a los niños.... aunque bueno, supongo que doce o trece hijos es otro cantar, por más que los mayores te puedan ayudar.  Mi madre siempre me dice que lo que me pasa es normal.  Ella dice que los hijos son lo mejor de la vida, pero que la realidad es que agotan.  El otro día me contaba que cuando éramos pequeñas, ella se levantaba a las ocho menos cuarto de la mañana, se tomaba su café con leche, se fumaba un cigarro, y a las ocho en punto nos despertaba y "empezaba la guerra" jajaja... Lavar caras y culos, vestirnos, darnos el desayuno, llevarnos al cole, volver a casa, hacer la compra, preparar la comida, limpiar la casa,  volver al cole a recogernos, llevarnos a casa, darnos la comida, comer ella con mi padre, recoger todo, llevarnos otra vez al cole, volver a casa, volver al cole....uffffff...  pues eso.... ¡¡¡la guerra!!! jajaja...  dice que a las ocho y media nos acostaba, y entonces ella decansaba un rato...  pobreta.  Y nosotras felices y sin enterarnos de lo cansada que acababa mamá los días... jijiji...  A lo mejor es por eso que a mi el cansancio me ha pillado por sorpresa.  Porque nunca fuí consciente de cuánto trabajaba mi madre.  Y ella también tenía sus intereses personales, que recuerdo yo cómo le gustaban las series de televisión cómo Falcon Crest ó Dinastía.  Y recuerdo aquéllas novelitas de terror que cambiaba en el rastro y que se las leía por las noches, cuando "la guerra" paraba para dormir... Y al día siguiente, vuelta a empezar.  ¿Feliz? por supuesto. ¿Cansada? por supuesto también.
Casualmente, esta mañana he estado hablando con una vecina que tiene una niña de cuatro años y un nene de quince meses, y me contaba que se ha apuntado a Pilates con su hermana porque "necesita" desconectar aunque sea un rato de los niños y del trabajo... jum... tampoco es está una madre 100% abnegada;  yo diría que es una madre normal y corriente.  Digo yo que aparte de ser madres, que es una tarea que por naturaleza ocupa casi todo el tiempo, en nuestro interior seguimos siendo algo más y por ello tenemos más inquietudes además de los hijos...  Pero aunque les pasa a casi todas, y entiendo lo que me ocurre, a veces me siento egoísta y culpable por dicho egoísmo.  Tiene guasa, no tengo tiempo de ná, y sin embargo me paso el tiempo dándole vueltas al coco...  Ups... oigo ruido de llaves en la puerta... ya está aquí mi madre con los peques... ¡vuelvo a la guerra jajaja!

sábado, 2 de marzo de 2013

NELLY LA BORDE

Me cuesta mucho ponerme en la piel de Nelly.  No acabo de "pillarla".  Concederle el beneficio de la duda, sería considerarla ignorante ó inocente en exceso, o como suele decirse de aquéllos que no se enteran, sería afirmar que "le falta un verano".  Considerar el aceptar que habla sin pensar y sin darse cuenta de cuánto daño pueden causar sus palabras sería igualmente concederle el beneficio de la duda.  Pero creo que yo no soy tan benevolente.   Me cuesta no desconfiar .  Me cuesta no creer que lo hace a propósito.  Con intención.  A sabiendas de que lo que dice, va a doler, a molestar y a irritar a su interlocutor.  Creo que Nelly es una persona que se crece con las desgracias ajenas.  Con sus comentarios contribuye a que el pesar de los demás aumente.  Este hecho no deja de sorprenderme, pues hablo de una chica joven, que vive desde hace algunos años en pareja, simpática, guapa... vamos, lo que viene a ser una chica normal y corriente.  Pero borde.  Sí;  quizá es este el adjetivo que mejor describe ese rasgo turbio de su personalidad.  

El otro día me la encontré por la calle e íba ella acompañada de su prima, la recién separada.  La pobre, al parecer lo está pasando mal porque ha sido él el que la ha dejado y ella todavía se aferra a la esperanza de que vuelva.  Bueno, pues como decía, me las encontré por la calle, y tras saludarnos, Nelly se puso a contarnos la sorpresa que le había dado su chico por San Valentín enviándole al trabajo un enorme ramo de rosas rojas.  Qué romántico, sí. Yo, ojo avizor, no tardé en darme cuenta de que la prima se encogía por dentro, y de que Nelly se hinchaba regocijándose en los detalles de la anécdota.  Con sutileza cambié de tema.  No sé.  A lo mejor soy yo, que  tengo demasiada empatía y no puedo hablar de ciertos asuntos si hay alguien delante a quien pueda lastimar, pero hacer alarde de tu suerte en el amor,  cuando tu prima llora precisamente  su mala suerte en el mismo, pues no es lo más apropiado.  

Lo mismo ocurre con su cuñada.  Se lleva bastante bien con ella y a menudo se las ve juntas.  Pues bueno, la cosa es que la cuñada con la suegra se lleva fatal, y en cambio ella se lleva a las mil maravillas, porque se ve que le ha caído en gracia a la buena mujer... pues nada, que sabiendo como sabe perfectamente que para su cuñada el estar en casa de la suegra es un tanto incómodo porque no es  bien recibida, cada vez que tiene ocasión saca a relucir la buena relación que ella sí mantiene, y lo bien acogida e integrada en la familia  que ella sí está.  Creo que cuando Nelly presume de suegra, la cuñada se muerde la lengua. 

Y si no lo que me decía a mí.  Que yo también fui diana de sus dardos envenenados.  Hace unos años, cuando me encontraba anímica y espiritualmente fatal porque no podía quedarme embarazada, cada vez que la veía, no sé cómo ni por qué lo hacía, pero sabiendo cómo estaba yo, siempre se las ingeniaba para decirme que ella no tardaría en tener hijos y que además -añadía para más inri-,  aunque ella no estaba "buscando", se podía quedar en cualquier momento porque los accidentes ocurren y esas cosas pasan "¿si ó no, Claire?" recuerdo que me preguntaba.  Yo, que con ella de mis problemas nunca hablé, sé que sabía lo mío, porque forma parte de un entorno en el que todos lo sabían así que estoy segura de que ella también.  Pero nada.  A ella "plin".  Soltaba sus perlas y se quedaba tan ancha.  Y yo.... jodida.  

Pero bueno, rencor no le guardo, porque verdaderamente me llevo bien con ella, y no es mala persona, pero es ese punto malicioso lo que siempre me descoloca.  Es como si dónde ve una llaga, ella pone el dedo. Sí.  Por eso decía al principio que creo que ella se crece con las desgracias ajenas.  Cuando en ocasiones la veo "lanzar sus pullas" con toda naturalidad me entran ganas de echarme a reír y de preguntarle " pero vamos a ver... ¿como puedes ser tan borde?".  En serio, que siento curiosidad. Porque le admiro el que sea una persona fuerte;  de esas que no se dejan avasallar por nada ni por nadie;  no le afectan las opiniones sobre ella, y ni siquiera le interesan.  Ella va a la suya y punto.  Eso me gusta.  Que no se aflija por nimiedades ni le de importancia a lo que no la tiene, me encanta.  Pero es una borde.  Noto que le gusta tocar el punto débil de las personas que la rodean, y eso ni me gusta ni lo entiendo.  Por eso no me puedo poner en su piel ni saber lo que siente cuando hace eso.  Porque sus intenciones no son transparentes.  Porque seguramente, no es trigo limpio (como dice mi madre y todas las madres).  De todos modos, adrede ó no, no está bien, y creo que en esta vida hay que tener un mínimo de empatía y no decir a los demás lo que no nos gustaría que nos dijeran a nosotros. Tamaña falta de tacto es un gran defecto.  A mí por lo menos, no me gustaría que tras tener un encuentro casual ó no con alguien, mis palabras exaltaran sus miserias .  Borde desde luego no soy, y Nelly para su suerte o su desgracia sí lo es.

viernes, 19 de octubre de 2012

MUJERES FEAS

Un periodista afirmó en un programa de televisión en el que se debatía acerca del acoso que padecía Telma Ortiz por parte de la prensa, que si ésta fuera gorda y fea no le interesaría a nadie.  El resto de tertulianos que participaban en el debate, pusieron la típica cara de sorpresa y negación que se pone cuando se escucha algo políticamente incorrecto pero con lo que se está secretamente de total acuerdo.  Yo también estoy de acuerdo. Si Telma Ortiz fuese gorda y fea no interesaría.  Pero es guapa y delgada, y eso vende.  A mi me gustan las revistas para ver a gente guapa, no a gordas y feas.  A todos nos gusta la belleza.  La belleza abre puertas.  Ser guapa incrementa la autoestima, la seguridad y la confianza en una misma.  Todas las mujeres deberían sentirse guapas.  De las feas nadie quiere saber nada.  No hay feas protagonizando películas ó en las portadas de las revistas.  No hay lugar para las feas en el mundo de la moda.  Ni en el mundo de la televisión.  No creo que haya mucha gente a quien le agrade contemplar el rostro de una mujer fea.  Feas no, gracias.  Fea. Hasta la palabra en sí misma es fea. Que a una la describan usando el adjetivo "fea" es cuando menos hiriente, y una gran falta de respeto.  Nadie debería llamar fea a una mujer, porque no hay mujeres feas.  Hay mujeres más guapas y mujeres menos guapas, pero feas ninguna.  Todas tenemos en la cara dos ojos, una nariz y una boca, y a partir de ahí cada una que se saque el mejor partido.  "La belleza está en los ojos que la observan" y la mujer que a unos parece bella, a otros no lo parece tanto.  Y viceversa.  Existen mujeres acomplejadas y deprimidas que por creerse feas apenas se dejan ver, y viven encerradas en sus amarguras. Es muy triste y muy injusto.  Toda mujer debería sentirse orgullosa de serlo, y debería salir a la calle y mostrar lo mejor de sí misma.  No importa ser más o menos guapa.  Importa ser una misma y vivir en armonía y libertad.  Para que a una la quieran, primero debe quererse a sí misma.   Las guapísimas y divinas de la muerte están muy bien donde están y las menos guapas también tienen que ocupar su lugar. Sufrir por no sentirse guapa es bastante absurdo.  Hay que tirar hacia delante, con una sonrisa y muchas ganas de vivir.  Y siempre cuidar de una misma. Impepinable.  

viernes, 5 de octubre de 2012

REFLEXIONANDO SOBRE LA INFIDELIDAD


El otro día leía en no sé dónde, un artículo acerca de la infidelidad.  Resumiendo venía a decir que al contrario de lo que se cree, la mujer comete infidelidad casi a la par que el hombre.  "La propensión a la infidelidad -explicaba el artículo- no la marca el género, si no la posibilidad de serlo.  Las personas que conocen a más gente, tienen más posibilidades de traicionar a sus parejas".  Así de simple.  Así de lógico. Si esto ya me lo explicaba a mi mi madre.  No es lo mismo trabajar en una pequeña empresa -decía mamá- que en una grande llena de hombres y mujeres trabajando juntos.  Que haya líos en esos casos es casi inevitable.  Pero ¿por qué?.  A mi entender, esta teoría me está diciendo que yo puedo estar tranquila, pues teniendo en cuenta el número y género de los trabajadores que hay en la empresa en la que trabaja mi pareja, hay muy pocas posibilidades de que me sea infiel.  Por lo menos allí.  Pero si trabajara en otro lugar, con muchas compañeras... otro gallo cantaría.  Quizás no me pondría los cuernos, pero ya habría  muchas más posibilidades.  Y si fuera yo la que trabajara rodeada de hombres, pasaría exactamente lo mismo.  Que las posibilidades de que yo le fuera infiel a él en el trabajo aumentarían considerablemente.  
No somos animales, somos personas racionales.  Otros factores son muchos más contundentes a la hora de que una persona sea infiel a su pareja que el mero hecho de que en su entorno abunden personas del sexo opuesto.  Una relación de pareja pasa por muchas etapas.  Hay etapas muy buenas y etapas muy malas.  Hay mucha rutina, hay aburrimiento y hay en general de todo un poco.  Pero ¿por qué se es infiel?.
La infidelidad es una traición en toda regla. Yo casi preferiría ser la esposa engañada.  
No creo en la amistad entre hombres y mujeres (bueno, alguna excepción hay), porque generalmente una de las partes acaba queriendo algo más íntimo que lo que una amistad da de sí.  Mis únicos amigos son las parejas de mis amigas.  Y si en alguna ocasión algún hombre entabla conversación conmigo y de alguna manera noto que despierto cierto interés, aunque mi ego se enaltece, zanjo la conversación y en lo sucesivo evito a esa persona.  No está bien deleitarse en el hecho de resultar atractiva a alguien cuando una ya tiene quien la espera en casa.  "El que evita la tentación, evita el pecado", dice el refrán.  Pero la realidad es  que si una persona es infiel, no es porque "la carne es débil", o porque está rodeada de tentaciones.  Si una persona es infiel es porque a su pareja ya no la quiere. Así de sencillo.  El amor se acaba, y cuando el amor se acaba la relación de pareja está en grave peligro de muerte, y la infidelidad simplemente  es la gota que colma el vaso. No hay más.  Por eso no hay que temer que tu pareja te sea infiel porque si se llega a éste punto, significa que  más tarde ó más temprano todo se iba a desmoronar.  Sí o sí.  Esa es la moraleja que extraigo de está reflexión:  La infidelidad no es la causa de la traición, es una consecuencia del final del amor.

miércoles, 25 de mayo de 2011

FE Y FECUNDACION IN VITRO

Coral abrió su joyero, y cogió su cadena de oro de la que pendía la cruz. La sostuvo en su mano durante unos segundos mirándola con devoción. Luego la volvió a depositar en el joyero. Todavía no podía llevarla colgando de su cuello. No se sentía digna. Distraída, paseó la mano sobre su vientre, y se tumbó en la cama. Necesitaba rezar. Dar las gracias por la oportunidad, y rogar para que todo saliera bien. Dos diminutos cuerpecitos empezaban a crecer en su interior y anhelaba con toda su alma que todo saliera bien. El camino que había recorrido hasta quedarse embarazada no había sido fácil y ella ya no era la misma que era cuando lo empezó a recorrer. Había pasado por distintas fases pero aunque intentó evitarlo, su enfado con el mundo y consigo misma, llegó, y con él, la amargura y la exclusión. Mantenerse apartada del mundo acabó siendo la única manera de alcanzar un poco de paz. Pero pese a su calvario, su fe en Dios siempre fue inquebrantable. No obstante dejó de rezar. El malestar que le provocaba el no poder tener hijos se agravaba intensamente al comprobar con qué facilidad lo lograban las demás, y para ella, era una gran injusticia. Su tristeza, su amargura y las pocas ganas que tenía de vivir le impedían rezar. Aceptaba la voluntad de Dios, sí, pero muy muy a regañadientes. Y por eso no podía dirigirse a Él. Ahora que está embarazada, aunque siente que tiene mucho por lo que ser perdonada, necesita darle las gracias, y rogarle una y otra vez que todo vaya bien y pueda ser mamá. Mamá. La palabra resuena en su cabeza como algo mágico. Así como está, tumbada en la cama, se pregunta cómo la iglesia la puede considerar a ella una pecadora. Ella se ha quedado embarazada mediante una fecundación in vitro, sí, pero no tiene ni la más mínima duda de que si todo va bien, los dos pequeñines que se están formando en su interior son dos regalitos, dos bendiciones, dos hijos de Dios. Puede que la iglesia la señale con el dedo y la acuse de traidora, pero no por eso están en lo cierto. Ella no siente que ha hecho algo malo. Ella siente que lo que tiene se lo ha dado Él. De eso está completamente segura. Y cuando sea mamá tendrá muchas promesas que cumplir. Y seguramente que las cumplirá, toda ella llena de gratitud. Tener hijos no es un derecho, pero cuando una mujer desea ser madre y no puede, está en todo su derecho de hacer todo lo que esté en su mano para lograrlo. Los caminos del señor son inescrutables y pasar por una Reproducción Asistida es una piedra más que Él pone.

martes, 5 de abril de 2011

TAMPONES EMPAPADOS EN VODKA

Todos cometemos imprudencias, pero más y especialmente los jóvenes. Ya sea por falta de conocimientos, de juicio o de madurez, los jóvenes, en muchas ocasiones no son conscientes de los peligros y de las consecuencias que pueden acarrear sus acciones, o aún siendo conscientes de ellos, las ejecutan imprudentemente. La última moda entre los adolescentes en Alemania para emborracharse sin que les huela el aliento a alcohol va más allá de una imprudencia; en mi opinión es una auténtica temeridad: se introducen tampones empapados en vodka. Sí, a mí también se me han salido los ojos de las órbitas cuando lo he leído en La Vanguardia.es. Osea, tampones de los de la regla, bien empapaditos en vodka, las jovencitas se los introducen en sus vaginas. Y los jovencitos, que cómo no, se apuntan a un bombardeo, pues se los introducen en sus anos. Increíble por absurdo, pero al parecer cierto. En mi adolescencia recuerdo que cometíamos muchas imprudencias... si hoy en día es inevitable cometer alguna que otra, pero llegar a tal grado de estupidez me parece que no puede ser verdad. A no ser claro, que cuando lo hagan ya lleven en su organismo un elevado grado de alcohol, que en ese supuesto, no sé, puede resultar un poco más creíble pero no sé, ni aún con esas...
Ante tamaña falta de sentido común ¿qué hacer?, porque hay cosas que a un adolescente no hace falta que se le expliquen para que sepa que no debe hacerlas, que estamos hablando de adolescentes hechos y derechos. ¿De verdad a un adolescente, hay que explicarle que no debe introducirse en sus partes íntimas un tampón empapado de vodka? ¿de verdad un adolescente no tiene el suficiente sentido común para saberlo? Ni que habláramos de niños de tres años.
Pues visto lo visto parece ser que sí. Vamos, que sí que hay que explicárselo. Hay que informarles de que haciendo eso pueden coger infecciones, que es peligroso y dañino... lo obvio.
Ignoro si estas "travesuras" están relacionadas con el fracaso escolar y demás temas relacionados con las aptitudes de los adolescentes o si tienen que ver con la educación que han recibido en sus casas pero la cuestión no es excusarlos ni buscar culpables, sino tal vez hacerles cuestionarse en qué están pensando; hacerles reaccionar; hacerles sonrojarse por sus actos; por su insensatez; hacerles querer crecer.
Qué sociedad ésta, jajaja. Me pregunto qué será lo siguiente que se le ocurrirá a esta intrépida juventud del siglo XXI y que nos dejará a todos una vez más patidifusos ante su particular forma de "innovar".
Sí; casi seguro, continuará...

miércoles, 2 de febrero de 2011

TODOS NECESITAMOS HUIR

El domingo por la tarde vi una película en la que al principio de la misma, la protagonista estaba muy descontenta con su vida y decía levantarse por las mañanas y no palpitar. Decía no tener ganas de nada. Sentirse totalmente apática y no aguantar más. Y decía que la consecuencia de todo era que necesitaba urgentemente huir. Prefería la muerte a vivir así, sin ganas. Sólo yéndose podía tener una oportunidad. La desesperación es lo que tiene: nos pone al límite. Yo la comprendí muy bien porque ¿quién no ha sentido alguna vez en su vida la necesidad de huir?; si las cosas no van bien y no ves la luz al final del túnel una evasión total puede parecer la gran salvación. Irte. Empezar de cero en algún otro lugar. Poner tierra de por medio entre tu persona y tu vida. Convertirte en un@ foraster@ forjándose un nuevo porvenir. Qué maravilla...jajaja.
Considero que el mal de amores suele ser por antonomasia el principal motivo de esta necesidad de huida. Necesidad que consciente o inconscientemente puede ser alentada por la esperanza de encontrar al verdadero amor allá dónde vayamos. Pero también muchas veces, compartiendo la vida con la persona amada, las circunstancias y la presión que ejerce sobre nosotros el entorno nos hace caer en la desesperación de necesitar ese alejamiento de nuestra vida para poder respirar y vivir en paz. Solos. Sin presiones. Que nadie nos pregunte. Que nadie nos juzgue. Que nadie opine de nuestra vida.
Casualmente el otro día pensaba en todas estas cuestiones, y haciendo zapping con el mando a distancia acabé escuchando en la dos, motivos que habían llevaban a algunos cooperantes de distintas ONG`s a dedicar su vida a las misiones que realizan y gran parte de ellos habían sido motivados por la insatisfacción que imperaba en sus vidas ocasionada por divorcios, pérdidas, soledades y ese tipo de cosas. Por supuesto que estas razones no quitan mérito a la solidaridad y al buen hacer de estas personas pero yo me dije "¡ahí está!; otros que en su momento necesitaron huir de sus vidas." Y al igual que me pasó con la protagonista de la película, a ellos también los comprendí.
Personalmente, cuando estoy muy agobiada y no dejo de darle vueltas a las cosas que me preocupan y que muchas veces están magnificadas por la influencia que ejerce sobre mí la opinión de terceras personas, yo también emigraría a una nueva vida en la que nadie me conociera. También necesito huir. Pero la cruda realidad es que de quién estaría huyendo es de mí misma. Mi mundo gira en torno a mí, y en cuánto a esos terceros que tanto me afectan, realmente mi vida les trae sin cuidado. Soy yo la que les concedo la importancia y la que me creo la desesperación. Y como se dicen tantos otros a sí mismos, me digo yo que en otro lugar todo sería mejor.

jueves, 20 de enero de 2011

PALABRAS SIN ESENCIA

La otra noche leyendo un libro, tuve la idea de anotar en un folio todas aquéllas palabras con las que me topara cuyo significado no comprendiera para buscarlo al día siguiente en el diccionario de Internet, ya que en mi casa el diccionario de papel hace ya tiempo que quedó en desuso y fue desterrado a alguna caja olvidada en el trastero. Una pena, la verdad. Anoté más palabras de las que esperaba, como por ejemplo: prólijo, dádiva, bífida, dipsómano, buido, óbice, y óbito. Tras enterarme de que un dipsómano es un alcohólico y de que óbito quiere decir fallecimiento de una persona, me puse a pensar. Estoy acostumbrada a leer ninguneando a aquellas palabras que me son desconocidas. Si la frase en cuestrión dice "Fulanito es un dipsómano", yo, ignorando qué es lo que le ocurre exactamente a Fulanito sigo leyendo como si nada, como si ese dato no importara y no fuera necesario saber ese detalle acerca de Fulanito. Hago la vista gorda sin inmutarme. Es posible que si abundan los lectores como yo, puede que sea este proceder uno de los motivos de que tantas y tantas palabras caigan en desuso y sean olvidadas. Algunos escritores las rescatan para que pasen a formar parte de los textos de sus libros, y tristemente las ignoramos perdiéndonos con ello la oportunidad de crecer y de ampliar nuestro vocabulario. Anotar la palabra que nos resulta extraña y buscar su significado en un diccionario requiere un pequeño esfuerzo que habitualmente la pereza, la comodidad o la indiferencia nos impiden llevar a cabo y no nos damos cuenta de que nuestra lectura está siendo incompleta, de que nos falta ese algo que nos quiere transmitir el autor mediante el uso de esas palabras.
El castellano es una lengua muy rica ya que cuenta con un gran número de palabras y nosotros debemos sentirnos orgullosos de ello. Recuerdo que un profesor del instituto nos dijo una vez que una de las lenguas más difíciles de aprender es el castellano por su inmenso vocabulario. Para cualquier cosa que deseemos expresar tenemos a nuestra disposición muchas palabras ya que el castellano tiene una amplia gama de sinónimos. Somos afortunados de tener algo tan valioso como es nuestro idioma, y lamentablemente lo desaprovechamos. Muchas palabras languidecen con el paso del tiempo y el desuso, perdiendo su esencia y dejando de ser. Me propongo cambiar de hábito. Profundizar más en lo que leo y no pasar de largo de esas pobres palabras que si están ahí escritas es porque tienen que estar y porque lo que son es lo que yo tendré que averiguar porque está claro que únicamente una mera unión de letras no son e ignorarlas es matarlas.

sábado, 30 de octubre de 2010

SIN REMORDIMIENTOS DE CONCIENCIA NO HAY RECICLAJE.

Empecé a reciclar papel en el año 1994. Lo recuerdo con exactitud, porque fue una profesora del instituto quién me concienció; y yo, que por aquella época ya era consumidora habitual de numerosas revistas, las acumulaba para llevarlas posteriormente al contenedor del reciclaje. En la actualidad lo reciclo casi todo. No me supone ningún esfuerzo separar cada tipo de residuo, ni llevarlo luego a su correspondiente contenedor. Ya lo hago por inercia. Una cosa más de la vida cotidiana. Me siento satisfecha de reciclar y miro con ojo crítico a aquél que no lo hace. Ante quién no recicla, suelo presumir de hacerlo con el único fin de despertar admiración y de que tome ejemplo. Pero si algo he aprendido en esta vida, es que si una persona no siente la conciencia de lo necesario que es para nuestro medio ambiente el que lo cuidemos, de lo necesario que es a día de hoy el que hagamos un uso responsable de los recursos que la naturaleza nos ofrece, y de que es una necesidad el que depositemos en los contenedores de reciclaje los residuos inorgánicos para los que están destinados, nunca lo hará. En mi entorno, creo que la gran mayoría no recicla. Se excusan en tonterías varias, como la pereza, la falta de espacio en sus cocinas, o incluso algunos dicen no reciclar por ser todo un negocio para que otros se enriquezcan (...), y salvo los que piensan esto último, el resto termina haciéndose la vaga reflexión de que deberían reciclar. Pero no lo harán. La realidad es que pasan del tema olímpicamente. No sienten en su conciencia ningún remordimiento al arrojar al mismo cubo de basura los restos de comida junto con el tetra-brik de la leche, el bote de coca-cola, el envase del jamón de york, las pilas gastadas del despertador, la botella de vino que es de cristal, el periódico del día anterior, y un largo etcétera. Largo sí, porque calculo que aproximadamente un 80% de la basura que se genera en una casa se puede reciclar. O por lo menos en la mía. Y si no siente ningún remordimiento ¿por qué van a reciclar?

Cambiando ligeramente de tema, os cuento que el otro día estuve en casa de una amiga que no recicla nada, y fui testigo de cómo gastaba una cantidad ingente de agua para fregar tres vasos y cuatro platos. Petrificada, le pregunté si se daba cuenta de la cantidad de litros de agua que gastaba para enjuagar cada vaso, y ella sonriente me contestó que sí. Que sabía que era una barbaridad pero que no lo podía evitar; era una manía suya y nunca veía el vaso lo suficientemente enjuagado. Lejos de reírme la miré con cara de "ya te vale" y le dije que en futuro no volvería a hacerle compañía mientras fregaba los platos. Al día siguiente, hablando con ella por teléfono me dijo con buen humor que menos mal que yo no estaba en esos momentos en su casa, porque en un despiste se había dejado el grifo abierto durante unos cinco minutos. Yo cambié inmediatamente de tema. Al igual que ella no puede evitar derrochar agua de manera insolidaria, yo no puedo evitar enfadarme porque lo haga. Y como mi amiga que es un ejemplo al azar, hay miles. O peor, millones.

¿¿por qué la gente no se conciencia con el medio ambiente??, ¿¿por qué pasan de todo??
¡¡ Si todavía no es demasiado tarde para empezar a reciclar !!, pero claro, cuando sea demasiado tarde le echarán la culpa al gobierno (de turno).

martes, 26 de octubre de 2010

EL QUEJICOSO Y SU PRÓJIMO


Si te cortan un dedo de la mano, no te lamentes en exceso ante aquel a quién han amputado las dos manos porque no es la persona adecuada. Probablemente esté más jodido que tú.

Hay personas que han hecho de la queja, la característica más potencial de su personalidad. Son personas quejicosas. Se quejan por todo. Rodeados por su aura hipocondríaca van lamentándose por la vida a todo aquél que se detenga a escucharles. Y casi siempre se quejan por vicio. Sus vidas son normales y corrientes, y no les ha ocurrido nada malo por lo que tengan que andar siempre con ese aparente desamparo y desasosiego pintado en el rostro. Pero aún así se quejan. Se quejan del trabajo. De la familia. De los amigos. De que no tienen tiempo de nada. De que están aburridos. De su pasado. De que se asfixian en el presente. De lo que puede ocurrir. De la vida. Y se quejan tanto y tan a gusto, que muchas veces se quejan a quien no deben. Porque las personas quejicosas tienen una facilidad extraordinaria para ningunear los problemas de los demás. Es innato en ellos el minimizar el sufrimiento ajeno, aunque la causa del mismo supere con creces a las suyas, y quejarse por nimiedades, sin miramiento ninguno a quién lo está pasando mal.
El quejicoso, que se ahoga en un vaso de agua, es capaz de decir a su prójimo que el mundo no se acaba porque se pierda en el medio del mar. El quejicoso con su prójimo es asombrosamente optimista y le dice que tiene que levantar cabeza, que la vida sigue, y que todo pasa. Y el prójimo, que siempre ha estado ahí, al lado del quejicoso cada vez que éste quería morir, cada vez que tocaba fondo, cada vez que las palabras sobraban y sólo necesitaba su compañía, le escucha ahora quitar hierro a sus problemas y seguir como si nada le pasara, quejándose de su vida sin tener en cuenta que no es el momento. Y su prójimo, no puede evitar pensar en lo que habría ocurrido de haber sido al revés. El prójimo piensa que él no ningunearía los problemas del quejicoso. Al contrario, escucharía en silencio sus lamentaciones y le acompañaría en el sentimiento. Pero no ha sido al revés, y el prójimo ahora sufre, pero el quejicoso parece que no puede entenderle. El quejicoso no tiene empatía, pero sí mucho por lo que quejarse. El quejicoso nunca estará agradecido por las cosas buenas que la vida le ha dado. Nunca se sentirá afortunado, porque cualquier pequeñez que altere su entorno, le abruma y le ciega. Su prójimo no le guarda rencor por no estar a la altura de las circunstancias y no saber ofrecerle su hombro para llorar, porque sabe que el quejicoso no es malo. Es su naturaleza.

viernes, 24 de septiembre de 2010

DESHOJANDO MARGARITAS

Acerco el ojo a la mirilla de los recuerdos y atisbo a una adolescente que sentada en el suelo de su habitación, escucha atentamente las nuevas canciones de amor, con las que su adorado grupo "Camela" hace que se le contraiga el corazón. Su mejor amiga está a su lado. Se mira el brazo y señala el vello del mismo, que se le ha erizado por efecto de la candente letra. Cada una digiere anhelante las canciones y sueña con un amor. Cada una sueña con una entrega total a ese alguien, que en sus cabezas todo lo arrasa y con quien en las canciones ellas todo lo viven. Son ingenuas. Inocentes. Adolescentes. Contemplo con melancolía ese momento, que ahora gracias a la visión que me ofrece la retrospectiva, se ha convertido en mágico y decido cerrar la mirilla, para abrir otra en la que las dos adolescentes, son ya unas jovencitas prometedoras, que en un cuarto de baño se acicalan con esmero, maquillándose, planchándose el pelo y estrenando la ropa, que horas antes han adquirido durante su ajetreada tarde de compras. Analizan su imagen reflejada en el espejo desde todos los ángulos posibles, para asegurarse de que todo está como tiene que estar. Están contentas. Tienen muchas ganas de enamorarse. La noche se rinde a sus pies y ellas están dispuestas a conquistar. Cierro la mirilla y sonrío suspirando.
Sin saberlo vivíamos la vida felizmente, sin preocuparnos de otra cosa, que no fuera nosotras mismas y nuestra constante búsqueda de la felicidad.
Deshojando margaritas creíamos en la promesa de un paraíso que nuestro gran amor nos regalaría. Una vida de color de rosa. Tan sólo necesitábamos encontrarlo a Él. Éramos unas románticas y ese amor que no teníamos, nos cegaba y no nos dejaba ver el tesoro que eran nuestras vidas. Nuestra juventud. Nuestra inocencia. Lo veo ahora.
He visto en el pasado una dicha que cuando ocurrió, no experimentaba. Ó experimentaba sin verla. Sin valorarla. Sin disfrutarla del todo. Y por eso me pregunto, si en algún momento del futuro, encontraré en este presente, la felicidad que ahora no hay...

martes, 7 de septiembre de 2010

AMARGADA

Según la RAE: AMARGADA: adj. Dicho de una persona: Que guarda algún resentimiento por frustraciones, disgustos, etc.

Estefanía es una mujer amargada. Debido a las frustraciones, disgustos, etc, que en su vida han tenido lugar, su sonrisa se ha borrado de su cara, de su vida y de su alma. Su familia, la anima a que viva su vida con alegría, sin pesares, sin comparaciones, pero eso para ella, es muy difícil.
A sabiendas de que existen otras muchas personas con vivencias y situaciones similares a la suya, que han seguido adelante, y viven en armonía con sus circunstancias, y son felices, ella no consigue aceptar que las cosas como son, y piensa en cómo podían haber sido,y en que no le es posible ser feliz, siendo como son. Reniega de su vida y ello le impide vivir en paz. Paz, eso es lo que su atormentada alma anhela más que nada, pero la paz no la alcanzará mientras siga encerrada en sí misma, dejándose a merced de sus pensamientos, que no son otra cosa que eficaces verdugos que la perturban y la hacen ver un horizonte siniestro y amenazante, del que no ve modo de escapar. Sus pensamientos, esos que la enredan, y la hacer dar vueltas y más vueltas a todo cuánto la rodea, a todo lo que no es; a lo injusto de la vida; a lo felices que son los demás; a lo desgraciada que es ella; al eterno por qué yo.
Pero por suerte para ella, en lo más profundo de su ser, lo que queda de quién fué alguna vez, intenta resurgir de entre las cenizas en las que la amargura la han convertido, venciendo a los pensamientos asesinos que tratan de impedir su ascenso. La Estefanía dulce, simpática e inocente que fue alguna vez, no quiere ese porvenir solitario, triste y amargado; quiere recuperar la ilusión por la vida, quiere libertad.
La batalla se presenta encarnizada; la ilusión contra la amargura; La fuerza positiva de un espíritu con ganas de sobrevivir, contra la fuerza negativa de unos pensamientos que van matando lentamente. El bien contra el mal.


Cuando tu peor enemigo son tus propios pensamientos, que te agobian, que te estresan y que finalmente te amargan, cambiar la actitud no siempre es fácil, pero espero que Estafanía lo logre. Querer es poder.

jueves, 29 de julio de 2010

CUANDO CAE UN PILAR

Familia. La mera mención de la palabra, evoca todo lo que significa. Para muchos la familia lo es todo. Padre, madre, hermanos, hijos... seres queridos. Los pilares sobre los que se sostiene nuestra vida. La familia es amor. Unión. Apoyo. Seguridad. Confianza. Todo.
La vida es un camino y durante el trayecto del mismo, la persona se relaciona con otras muchas personas. Algunas nos acompañan siempre, y otras tras avanzar a nuestro lado determinados tramos, se distancian de nosotros. Los caminos de cada uno se separan, y las personas se alejan. Pero en la familia, aunque cada uno siga caminos diferentes, no hay distancia, porque allá dónde vayamos, la familia aunque no esté físicamente junto a nosotros, está ahí. Sea cual sea el rumbo que tome nuestra vida, porque la familia, además del todo, es incondicional.
¿Pero qué pasa cuando un pilar se cae? ¿Qué pasa cuando uno de esos seres a los que tanto queremos, nos demuestra que no está ahí cuando más le necesitamos? ¿Qué pasa cuando sentimos que nuestro ser querido ya no nos quiere?. Porque esto, ocurre. Hay familias cuya esencia no es para sus miembros, el todo que supuestamente debería ser. Hay hermanos que se tienen envidia el uno del otro. Hay hermanos que dejan de hablarse. Hay madres que riñen con sus hijas y se alejan la una de la otra. No siempre la familia unida permanece unida. Hay seres que tratan de hacer todo lo que esté en sus manos para que la familia mantenga sus lazos bien atados, pero pese a sus esfuerzos, cuando un pilar se rompe, acaba cayendo desatando un lazo y quebrando el poder de la familia. Y cuando uno descubre que está solo y que no puede acudir a ese ser al que siempre ha querido porque ya no está ahí, cuando eso ocurre, es posible que las cosas ya nunca vuelvan a ser como fueron alguna vez. Porque cuando nuestro ser querido no nos quiere, el espiral de emociones que se produce en nuestro interior en un principio puede causar aturdimiento y desconcierto, pero cuando la mente lo asimila, en el corazón queda la tristeza y el vacío. Nadie quiere que esto ocurra, pero a veces ocurre y cuando ocurre, pues la vida tiene un pilar menos.

jueves, 22 de julio de 2010

LOS VECINOS

Vecinos. Unos viven sobre nuestro techo. Otros viven bajo nuestro suelo. Y otros en el piso de al lado. Vidas que tienen lugar, tras paredes de ladrillo y cemento. Mientras tú cenas viendo la tele, tus vecinos también están cenando y puede que vean el mismo canal que tú. Mientras tú estás durmiendo, tus vecinos también duermen. Y cuando te despierta el despertador por las mañanas, sus despertadores también les despiertan a ellos. Te los cruzas en el ascensor, y con el sueño aún reflejado en el rostro, das los "buenos días" con educación. Al final de la jornada te los vuelves a cruzar, y comentas con ellos las sensaciones que el tiempo te provoca. Que si hace calor. Que si en la calle no se puede estar. Y que eso, que hasta luego. Y entras en tu casa, y cierras la puerta, y en ocasiones te llegan a los oídos, sonidos procedentes de esas vidas que transcurren en la puerta de al lado. Una tele demasiado alta. El ruido de una silla al ser arrastrada en el piso de arriba. Una cisterna que se vacía. El nombre de alguien pronunciado con fuerza. Y muchos más sonidos que la vida cotidiana produce; la vida misma; la nuestra y la de nuestros vecinos. Vidas que se suceden junto a las nuestras, día tras día, pero cuya relación con nosotros, se limita a un "buenos días y buenas tardes", porque aunque vivan muy cerca, no podrían estar más lejos.
Escribo esta entrada porque hoy me he enterado del fallecimiento de mi vecino el Sr. Vicente. Murió hace quince días y yo no me he enterado hasta hoy. Al caer en la cuenta, mientras realizaba mis tareas domésticas, de la cantidad de días en que no se oye nada procedente del piso de arriba, he llamado a la puerta de otra vecina, que me lo ha contado. También se enteró por casualidad, porque se cruzó con su mujer el día en que ésta había venido a recoger unas cosas para marcharse a casa de su hija unos días. Cómo es la vida. El señor Vicente. En los cinco años que llevo aquí viviendo, me habré cruzado con él, un máximo de diez veces. Era un hombre mayor, y se conoce que la enfermedad de corazón que padecía, ha terminado con él. No me asombra nada lo poco que lo conocía, porque aunque vivía sobre mi techo, los vecindarios son así. Los vecinos apenas se relacionan entre sí. Apenas hablan de nada. Yo sólo sabía que estaba enfermo, y que se levantaba tarde por las mañanas. Y esto último lo sabía a causa de los ruidos cotidianos mencionados que traspasan las paredes. Y ahora ya no está. Alguien que estaba ahí, siempre en su casa; mi vecino. Tan natural, tan desconocido. Pobrecito. Y su mujer volverá, seguirá viviendo en el piso de arriba, día tras día, y yo oiré el arrastrar las sillas cuando hace limpieza, y me cruzaré con ella en la escalera dos o tres veces al año. Y comentaremos qué tiempo hace. Porque la una de la otra somos vecinas.

martes, 6 de julio de 2010

¿SE PUEDE SER GORDO Y FELIZ?


NOTA: GORDURA, QUE NO OBESIDAD MÓRBIDA.

Hace un par de semanas, me hallaba yo un sábado por la noche, pintándome las uñas sentada a la mesa de mi cocina, y viendo mientras tanto el programa LA NORIA, cuando el debate que tuvo lugar me enganchó desde el principio. La pregunta planteada a tal fin fue: ¿Se puede ser gordo y feliz?. Uno de los contertulios era el ex-bailarín de Norma Duval que ha escrito un libro en el que cuenta su experiencia vivida en relación a su operación de estómago. Al parecer él engordó muchísimos kilos, se operó el estómago y ahora está delgado gracias a la operación y a la dieta. Niega tajantemente que se pueda ser gordo y feliz. Afirma que el sobrepeso es una enfermedad y que no se puede ser feliz con esa enfermedad. En la mesa de debate se encontraba una mujer cuya profesión era modelo de tallas grandes y que presumía de ser feliz con su sobrepeso y de estar orgullosa de sí misma. A un público en el que predominaban las tallas grandes, el presentador, Jordi González, pidió que levantaran la mano aquéllas personas a las que si se les diera la opción de tomarse esa misma noche una pastilla que hiciera que al día siguiente se levantaran de la cama pesando diez kilos menos, no dudarían en tomarla. Una aplastante mayoría levantó la mano. Y la modelo de tallas grandes comparó esta hipotética oferta de Jordi, a ofrecerles levantarse al día siguiente con un cochazo (no recuerdo que marca de coche dijo) en la puerta de sus casas. Que nadie rechazaría semejante regalo, añadió. Jordi dijo que ambas ofertas no eran comparables. Yo estoy con Jordi. No son comparables. Visto de otra forma, si a mi me ofrecieran una pastilla que al tomarla hiciera que me despertara al día siguiente con diez kilos DE MÁS, mi respuesta sin duda ninguna sería que no. Y creo que coincidiría con la de cualquiera, ya fueran gordos o flacos. Pienso que sí que se puede ser gordo y feliz, pero también pienso que si se puede elegir, nadie quiere ser gordo. También es posible que la modelo de tallas grandes sea una persona realmente feliz, que se acepta tal y como es, y que no se lamenta en absoluto de sus carnes de más, y que yo por ejemplo, me queje y me esfuerce por perder ese par de kilos que me sobran. Sí, a una persona cualquiera le pueden amargar más tres kilos de más, que a otra treinta. En mi familia política, hay una modelo de tallas grandes, y es una mujer de mediana edad, guapísima y feliz.v Y sí, está gorda, pero viste muy bien, y se arregla, y no es nada desagradable a la vista. En absoluto. Y cómo no, también hay tallas treinta y séis, que viven pendientes de la báscula. ¿Quién es más feliz?, la gorda que se acepta tal y como es, porque sabe que engorda más que el resto de la gente y que por más que lo intente es gorda, ó la flaca, que luce figura consciente de que gusta y es aceptada en sociedad y todas quieren ser como ella y si come más de la cuenta y coge un par de kilos, se amarga y se obsesiona y no está tranquila hasta que los pierde? ... supongo que ése es otro debate. A la pregunta inicial de si se puede ser gordo y feliz, yo respondería que sí, si no te afecta lo que piensen de ti los demás. Sí, porque la felicidad la da el amor, y el amor y la gordura no están reñidos. Sí, porque la infelicidad no es una consecuencia de la gordura. La felicidad es un estado mental no de volumen. Y sí, porque lo son. Hay personas gordas felices, porque sus vidas son plenas y no les falta lo que da la felicidad. Y ya sólo me queda añadir, que no sé quién es nadie para negar que una persona gorda pueda ser feliz.

martes, 15 de junio de 2010

CONTEMPLANDO

Leía el otro día en un libro de Autoayuda, que uno de los pasos ha dar para alcanzar la felicidad, es adquirir la capacidad de saber apreciar la belleza que la naturaleza nos ofrece. No hace falta irse muy lejos; lo cierto es que las maravillas de la naturaleza siempre están presentes, solo tenemos que saber mirar. Esta mañana me he asomado a mi ventana, y observando bajo una nueva luz, el parque que está debajo de mi casa desde antes de que yo llegara, hoy he descubierto todo su esplendor. ¿Cómo no he podido darme cuenta antes de los frondosos árboles que extienden sus ramas repletas de multitud de hojas verdes ?. He agudizado mi mirada, y he sentido la vida que irradia de esas hojas, de ese color verde intenso. Naturaleza pura. Como me sentía a gusto, y corría una agradable y fresca brisa, me he quedado un ratito apoyada en el alféizar de mi ventana para saborear todo lo que me rodeaba. Un sonido muy agradable ha ido llegando a mis oídos: el alegre cantar de los pajaritos que habitan en los árboles. Deben de haber muchos. Me ha resultado muy relajante. Conforme me he ido acostumbro al dulce cantar he ido distinguiendo más sonidos que antes no oía, sonidos que no proceden de la naturaleza en sí, pero que si proceden de la vida, del día a día: el ruido de un avión que ha surcado el trozo de cielo de mi campo visual, el golpe producido por la puerta de un coche al ser cerrada con decisión, el tintineo de las llaves de un anciano que se disponía a abrir la puerta de un patio de la finca de enfrente acompañado por su nieto, el rumor de las voces de un grupo de jóvenes que se hallaban sentados en un banco del parque, los ladridos de un perro, las campanadas de la iglesia, que daban las nueve, el llanto de un niño, el ruido de un camión que circulaba por la calle... sonidos de vida. Me he concentrado en el cantar de los pajaritos, en la belleza de los árboles y en la agradable sensación que me provocaba la brisa matutina, y me he dado cuenta de que soy capaz de apreciar lo que nos da la naturaleza, y también de los pequeños placeres que nos da el día a día. Puedo avanzar hacia la felicidad. Pienso en aquéllos que no son capaces de ver y apreciar más allá de sus asuntos, y creo que se están perdiendo mucho.

viernes, 4 de junio de 2010

GUERRA DE VECINAS: EL ORIGEN

En una comunidad de vecinos llevarse bien no es fácil. Debería serlo, pero no lo es. Supuestamente, para una convivencia civilizada y armoniosa bastaría con que permanecieran en las relaciones entre vecinos, la educación, el respeto y el civismo, pero teniendo en cuenta que los componentes de una comunidad de vecinos son personas, cualquier cosa se puede interponer en el buen convivir.
Begoña y Rosa eran vecinas desde hacía tres años. Estrenaron juntas la finca y sus pisos eran contiguos. Coincidían a menudo tendiendo la ropa, y además habían tomado juntas más de un café. Su relación de vecinas era como cabía esperar. Cada una en su casa, y rostros sonrientes al cruzarse en el rellano. Punto. Pero en un momento determinado, algo empezó a cambiar.

EL PRIMER DIA.

Un sábado por la mañana, Rosa dormía plácidamente cuando en la lejanía un ruido continuo la fue sacando gradualmente del sueño. Ya despierta, reconoció ese familiar sonido: una aspiradora. De mala gana encendió la luz de su lamparita para comprobar que su reloj marcaba las diez de la mañana. Intentó volver a conciliar el sueño, pero como el ruido no cesaba, se despabiló por completo y se levantó huraña. "Buenos días", se dijo a sí misma.
Al otro lado de la pared, Begoña pasaba contenta la aspiradora. Se había levantado temprano y llena de energía. Cuando terminara con la aspiradora, solo le quedaría limpiar el baño y se podrían machar a comer fuera. Había salido un día estupendo. "A quién madruga Dios le ayuda", se dijo sonriente a sí misma.

DOS MESES MÁS TARDE.
El ruido de la aspiradora despertó a Rosa y a su marido. Esta vez eran las once de la mañana. Rosa maldijo en silencio. Sabía que era Begoña la trabajadora matutina porque el segundo sábado que la despertó, acercó la oreja a la pared de su dormitorio y no le cupo duda de que era de allí de dónde procedía el ruido. De la casa contigua. Sabía que no podía llamar la atención a su vecina, porque aunque fuera fin de semana, las diez de la mañana no se consideraba hora de descanso. Pero a Rosa le encantaba dormir hasta tarde los fines de semana, y no se acostumbraba a que ruidos indeseables la despertaran. Y la enfadaba más todavía el hecho de que intuía que su vecina pasaba la aspiradora a sabiendas de que dormían. Intuía que a Begoña despertar al vecindario "se la traía al fresco", y lo cierto era que estaba en su derecho.

AL DÍA SIGUIENTE.

El móvil de Rosa la despertó a las nueve de la mañana. Su marido se marchaba a almorzar con unos amigos, y ella se levantaba también temprano para hacer algunos quehaceres y así más tarde podría irse a comer fuera.
Eran las diez en punto de la mañana cuando Rosa se asomó a la ventana que daba al deslunado y descubrió que la persiana de su vecina Begoña estaba bajada del todo. Una sonrisa maligna se dibujó en su rostro mientras se preguntaba si estaría durmiendo. Decidida cogió su radio y se la llevó a su habitación donde puso la música lo suficientemente alta como para despertarla. Bailoteando mientras hacía la cama dio mentalmente los buenos días a la pared.