martes, 18 de septiembre de 2012

SARA SE HA CAIDO

Al igual que para la mayoría de los mortales, la vida de la pequeña Sara transcurre en una pacífica cotidianidad. Sintiéndose segura en el seno de una familia normal y estable, vive los días con el entusiasmo y la energía propios de una niña de su edad.  Pero como a todos nos ha ocurrido alguna vez, llega un día en apariencia normal, en el que algo sucede y nuestro mundo se tambalea, y nos sentimos inestables y confusos.  Como si camináramos por la cuerda floja.  Algo así es lo que le ha pasado a la pequeña Sara.  A sus cinco añitos corría felizmente por el parque cuando de repente tropezó con algo y cayó de bruces contra el suelo lastimándose la rodilla.  Qué daño se hizo la pobrecita.  Le salía tanta sangre que tuvieron que marcharse rápidamente de allí para llevarla al hospital, donde le cosieron la herida con dos puntos de sutura. Una vez ya tranquila en su casa y pasado el dolor, Sara rememoraba la experiencia vivida.  La caída, la sangre, la posterior carrera hacia urgencias... los puntos, el diploma y las chucherías que le entregaron tras curarla como premio a su encomiable comportamiento.  Y la venda.  La venda era lo mejor de todo.  La venda la tenía fascinada.  Y de recordar pasó a fantasear.  ¿Qué le dirían mañana sus amiguitas en el colegio?  ¿y la profe? ¿como reaccionarían todos cuando se enteraran de lo que le había pasado?... Al pensarlo, Sara sonreía;  por eso cuando su madre le propuso quedarse en casa al día siguiente para recuperarse bien de la herida, Sara negó rotundamente con la cabeza y también a viva voz.  Tenía que ir al cole para que vieran su venda.  
Ya por la noche, cuando se fue a dormir, algo le impedía  conciliar el sueño: la herida.  Le dolía.  Al no sentirse bien, decidió ir a dormir a la cama de sus padres.  Necesitaba sentirse arropada y protegida. Y necesitaba que le dejara de doler.  El dolor la desasosegaba.  Y así, acostada entre su padre y su  madre, su vocecita se escuchó en la oscuridad del dormitorio formulando angustiada la gran pregunta: ¿mamá, cuando va a volver mi vida a la normalidad? 
Normalidad, es normal necesitarla.  Y con cinco años también.

P.d: A los dos días a Sara ya no le dolía la herida y la pequeña venda de su rodilla, ya formaba parte de la normalidad de su vida.

3 comentarios:

X dijo...

Qué vívido tendremos todos en el recuerdo nuestras heridas de guerra de cuando niños, y cómo luego nos encantaba presumir de ellas. Que te escayolasen un brazo era lo máximo. Pero como todo, aún así, lo que hoy es nuevo mañana deja de serlo. La normalidad siempre se impone.

Rebeca dijo...

Bueno Sara ha aprendido varias cosas, por un lado, que a lo negativo siempre se le puede sacar lo positivo y por otro esa extraña manía que tenemos de ser animales de costumbres.

Bienvenida de nuevo.

Tequila Limón y Sal dijo...

siempre digo que me encantaría ver las cosas con los ojos de un niño. Que la normalidad mía, por ejemplo, sea que me quiten dos puntos y una venda de la rodilla. Ainss, si toda preocupación fuera esa!! (Danygirl)

Rebienvenida!!