lunes, 24 de octubre de 2016

MAMA AZUL - MAMA DE UN NIÑO CON AUTISMO

Ser una mamá azul quiere decir que eres la mama de un niño con autismo.  Yo soy la mama de mi niño.  Y soy una mamá azul porque mi niño tiene autismo.   AUTISMO.  Solo la palabra ya da miedo.  Sobre todo al principio, cuando lo diagnostican.  El miedo es atroz y paralizante.  Y el rechazo.  El rechazo es otra reacción casi inevitable.  Rabia.  Rabia contra el mundo.  Contra la vida. Contra todo.  Creo que muchas mamás azules estarán de acuerdo conmigo en que la confirmación del autismo en nuestra vida conlleva un período muy, muy duro.  Yo personalmente me quedé ciega.  Ya no veía a mi pequeñín. Solo veía el autismo que padecía.  Sólo veía sus síntomas inesquivables.  Solo veía un horizonte oscuro y tenebroso donde el miedo implacable no me permitía ver nada más.   Lo pasé mal, mal, mal.  Me negaba tajantemente a aceptar la realidad.  No quería que fuera la realidad.  No.  Mi hijo no.   Pero mi rechazo no evitó que las cosas son como son, y que quiera o no quiera, mi hijo sí que tiene autismo y nuestra vida.... pues es nuestra vida. A ese período que precede al diagnostico lo denominan "período de duelo".
Recuerdo de aquéllos días que había una frase que me ayudaba a apartar de mi mente el constante miedo al futuro de mi hijo, y decía algo así como que "los sufrimientos son como nubes pasajeras, que de lejos se ven muy negras pero cuando llegan apenas son grises".  Para mí es una frase sabia porque con el paso de los años, en mi presente, pese a que las circunstancias son las temidas,  mi cielo no es del color negro que yo tan atemorizada me auguraba.  Vivo nuestra vida con naturalidad. Tengo días malos,  pero si hay una fuerza capaz de vencer el miedo, el rechazo y la rabia, esa es la fuerza del amor.  El amor incondicional.  Muchas veces miro a mi niño pienso "pase lo que pase, te quiero"
Lo que más he deseado en esta vida es ser madre.  Y lograrlo no fue fácil porque tuve que esperar bastantes años.  Si cuando estaba embarazada los médicos hubieran detectado que mi hijo iba a tener autismo, mi hijo estaría aquí a día de hoy.  De eso estoy convencida.  Por eso, hoy en día lo miro, y cuando recuerdo cómo rechacé su condición (por llamarlo de alguna manera...) me entristezco.   No estaba preparada para "un golpe" así.  Necesité mi tiempo para asimilar, aceptar y aprender.  Es mi chiquitín, indefenso, inocente, amoroso... Es mi tesoro.  Él y su hermana.  Los dos son la razón de mi vida.  Lo que más quiero.  Ellos hacen latir mi corazón cada día.  
Soy mamá azul de mi niño y mamá neurotípica de mi niña y la diferencia entre la ejecución de ambos  roles es bastante grande.  Las preocupaciones, el esfuerzo,  las limitaciones... la vida es muy diferente con un niño con autismo.  Es muy intensa.  Cada día te enfrentas a obstáculos.  En ocasiones los prejuicios de la gente te caen como jarros de agua fria, Y compruebas en tus carnes que eso que llaman estigma social existe.  Es en esas tesituras cuando el amor hacia mi niño se hace inmensamente grande, y mi corazón  se arma de coraje y cogiéndolo de la mano seguimos nuestro camino, avanzando hacia adelante y dejando atrás todo lo demás.
No puedo olvidar que yo soy una mamá azul afortunada porque en este transitar por el mundo del autismo he tenido la suerte de conocer a gente verdaderamente maravillosa.  Profesionales que nos ayudan en nuestro día a día.  Nos enseñan a aprender y a mi personalmente me hacen sentir que no estoy sola.  Que me tienden la mano.  Estoy muy agradecida.
La vida de las mamás azules no es fácil.  Pero ante todo somos mamas y como todas las mamas, lo damos todo por nuestros hijos.
Disciplina, Constancia, Esfuerzo, Juego, Diversión, Conexión, Evolución, Comunicación, Interacción, Trabajo, Contacto Visual, Estimulación, Concentración, Amor, etc.
Adelante.  Siempre hacia delante.  Y si es sonriendo, mejor que mejor.



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