Es lunes, es San Valentín y una alicaída y somnolienta Laura dirige sus pasos hacia la oficina. No ha tenido suerte en el amor y este día la hace sentir especialmente vulnerable. Le parece ser la única mujer a la que Cupido no ha alcanzado con sus flechas. Y para colmo de males, arrastra un fin de semana de los que hay que olvidar. El sábado por la noche fue un desmadre total. Embriagada por el alcohol y acosada por su falta de autoestima, una vez más se refugió en unos brazos extraños. Luego, al día siguiente y con una resaca horrible, cuando fue recordando turbiamente pedacitos de la noche anterior se odió a sí misma con fuerza. Odiaba tener rollos de una noche a causa de su desesperación. Pero no dejaba de caer en ellos. Era como una espiral de alcohol, música, soledad, un hombre que te dice las palabras bonitas que quieres oír y la sensación de flotar y dejarse llevar hacia algo que en el fondo sabe no es lo que quiere, pero contra su verdadera voluntad, no rechaza.
Al llegar a la oficina, su compañera ya está encendiendo los ordenadores y la recibe con una sonrisa en la cara, la típica de esas personas satisfechas con sus vidas. Laura también sonríe. Sabe que en unos minutos podrá vaciar sobre la mesa todo su desconsuelo y que las palabras de aliento de su compañera la reconfortarán y se odiará un poco menos.
Pedro es lo que se suele llamar un hombre interesante. Éxito en los negocios, don de gentes y aficionado a diversas actividades de ocio, considera que lleva una vida plena. Está soltero, pero este detalle ni le importa, ni le preocupa. Seduce y se deja seducir por mujeres que tras unas cuántas citas descubre no son lo que él quiere.
Le gustaría compartir su vida con alguien especial, pero ¿que puede hacer él para que llegue?. Pedro vive su día a día poniendo pasión en todo lo que hace y el amor ciertamente no ocupa sus pensamientos. De hecho el día de hoy se le presenta muy complicado y el que hoy sea San Valentín... pues aún no ha caído, la verdad..
Laura y Pedro fueron compañeros de clase cuando eran niños en el colegio. De eso han pasado veinte años, y desde entonces no se han vuelto a ver. Ellos aún no lo saben, claro, pero esta tarde se verán. Se alegrarán mucho al reencontrarse y él la invitara a tomar algo en algún sitio dónde hablarán, reirán y sentirán unas agradables cosquillas en el estómago y una sed de más cuando se despidan con ojos brillantes. Mañana él la llamará y cenarán juntos. Y al día siguiente volverá a llamarla. Y al otro. Porque aunque ellos aún no lo sabrán, el reencuentro que tendrá lugar esta tarde de lunes de San Valentín va a ser el principio de su gran historia de amor. Les ha tocado. Se van a enamorar. Las flechas de Cupido ya están en camino. El amor es así. Llega cuando tiene que llegar y no hay escapatoria. Y claro, nadie quiere escapar de él.
