Coral abrió su joyero, y cogió su cadena de oro de la que pendía la cruz. La sostuvo en su mano durante unos segundos mirándola con devoción. Luego la volvió a depositar en el joyero. Todavía no podía llevarla colgando de su cuello. No se sentía digna. Distraída, paseó la mano sobre su vientre, y se tumbó en la cama. Necesitaba rezar. Dar las gracias por la oportunidad, y rogar para que todo saliera bien. Dos diminutos cuerpecitos empezaban a crecer en su interior y anhelaba con toda su alma que todo saliera bien. El camino que había recorrido hasta quedarse embarazada no había sido fácil y ella ya no era la misma que era cuando lo empezó a recorrer. Había pasado por distintas fases pero aunque intentó evitarlo, su enfado con el mundo y consigo misma, llegó, y con él, la amargura y la exclusión. Mantenerse apartada del mundo acabó siendo la única manera de alcanzar un poco de paz. Pero pese a su calvario, su fe en Dios siempre fue inquebrantable. No obstante dejó de rezar. El malestar que le provocaba el no poder tener hijos se agravaba intensamente al comprobar con qué facilidad lo lograban las demás, y para ella, era una gran injusticia. Su tristeza, su amargura y las pocas ganas que tenía de vivir le impedían rezar. Aceptaba la voluntad de Dios, sí, pero muy muy a regañadientes. Y por eso no podía dirigirse a Él. Ahora que está embarazada, aunque siente que tiene mucho por lo que ser perdonada, necesita darle las gracias, y rogarle una y otra vez que todo vaya bien y pueda ser mamá. Mamá. La palabra resuena en su cabeza como algo mágico. Así como está, tumbada en la cama, se pregunta cómo la iglesia la puede considerar a ella una pecadora. Ella se ha quedado embarazada mediante una fecundación in vitro, sí, pero no tiene ni la más mínima duda de que si todo va bien, los dos pequeñines que se están formando en su interior son dos regalitos, dos bendiciones, dos hijos de Dios. Puede que la iglesia la señale con el dedo y la acuse de traidora, pero no por eso están en lo cierto. Ella no siente que ha hecho algo malo. Ella siente que lo que tiene se lo ha dado Él. De eso está completamente segura. Y cuando sea mamá tendrá muchas promesas que cumplir. Y seguramente que las cumplirá, toda ella llena de gratitud. Tener hijos no es un derecho, pero cuando una mujer desea ser madre y no puede, está en todo su derecho de hacer todo lo que esté en su mano para lograrlo. Los caminos del señor son inescrutables y pasar por una Reproducción Asistida es una piedra más que Él pone.
RECORRER EL CAMINO DE LA VIDA ES EN OCASIONES DIFÍCIL Y DURO PERO PESE A TUS CIRCUNSTANCIAS LOGRA QUE CON TU ACTITUD VIVIR SEA APASIONANTE. UNA SERVIDORA EN ELLO ESTA....MIL SONRISAS.
miércoles, 25 de mayo de 2011
viernes, 6 de mayo de 2011
DISGUSTANDO A LA JEFA
Hace ya bastante tiempo, alguien me dijo que un empleado nunca puede ser amigo de un jefe. Se pueden llevar bien y compartir inquietudes e incluso pasar juntos tiempo de ocio, esta relación siempre estará desequilibrada pues el jefe siempre estará por encima del empleado y si en un momento dado surge la discordia, el jefe ocupará su rol en toda su intensidad.
Mi amiga Laura trabaja de dependienta en una pequeña zapatería de barrio. Con su jefa siempre ha mantenido una relación sobria y respetuosa y lo cierto es que prácticamente no se ven las caras pues Laura siempre está sola en la tienda. Laura trabaja de lunes a viernes, cuarenta horas semanales y los sábados por la mañana echa cuatro horitas más, que aunque son voluntarias (por decirlo de alguna manera), son necesarias para que su sueldo sea menos pésimo. Aún echando esas cuatro horas cada sábado, Laura no llega a ser mileurista.
Laura nunca ha estado de baja, ni se ha ausentado de su puesto de trabajo sin justificación previa. Laura es una trabajadora competente, que cumple su horario de trabajo y las funciones propias del mismo y por las que recibe su salario cada mes. No obstante, la jefa de Laura está muy disgustada con ella. No está contenta con su comportamiento de estos últimos días y se lo ha hecho saber. El motivo del disgusto es que debido a que Laura se casa la próxima semana, en un par de ocasiones, le ha pedido poder salir antes de trabajar (concretamente una hora y media un día, y tres cuartos de hora otro día) para poder acudir a las pertinentes pruebas de su vestido de novia. La jefa no entiende por qué ha de salir antes esas horas, ya que al parecer, cuando ella se casó no necesitó ausentarse en ningún momento de su puesto de trabajo. Se supo organizar. Y para colmo de males, el sábado pasado se celebraba la despedida de soltera de Laura, y unos días antes, una de sus mejores amigas se puso en contacto con la mosqueada jefa con el propósito de pedirle permiso para que Laura ese sábado pudiera cerrar la tienda una hora antes. La idea era presentarse todas las amigas por sorpresa en la zapatería y llevarse a la novia a un spa urbano. La jefa accedió a regañadientes con la única condición de que Laura ese mismo día, pusiera un cartel anunciando que el sábado la tienda cerraría sus puertas más pronto. Al comentarle que si la hacían poner el cartel ya no sería una sorpresa, la jefa se reafirmó en sus palabras con un "es mi única condición". Así que Laura puso el cartel nerviosa, sabiendo que iba a recibir una sorpresa por parte de sus amigas, y sabiendo también que el enfado de su jefa iba en aumento. Lógicamente, esa hora no trabajada, no le será pagada.
Cuando me cuentan este tipo de historias, lo que más rabia me da es que los empleados siempre se tienen que morder la lengua
Y mejor no pensar en el disgusto que se llevará la jefa si Laura vuelve embarazada de su luna de miel...¡¡ pobre jefes!!...por no llamarles otra cosa, claro...
jueves, 14 de abril de 2011
SUSTOS DE INFARTO
Cuando era pequeña, recuerdo un día en el que tras hinchar un globo todo lo que pude, me acerqué sigilosamente a la cocina, con la traviesa intención de darle un susto a mi madre. Apenas podía contener la risa. Allí estaba ella, trajinando silenciosa con platos y pucheros mientras yo, presa de una gran expectación, alzaba el globo con una mano y con la otra lo pinchaba decidida con la punta de una aguja: ¡¡Pumm!! Y mi madre lanzó un grito espantada jajajaja. Se enfadó muchísimo y yo estuve un buen rato en mi habitación rememorando el gran momento y riéndome en silencio. Fue genial. No obstante, ya no lo volví a hacer.
Recuerdo también otro día de mi infancia en el que yo fuí la víctima de este tipo de sustos. Mi hermana me esperaba escondida al doblar la esquina del pasillo y casi me da algo cuando me asaltó con un grito fuertísimo... ¡¡Qué brinco me dio el corazón!! Del susto chillé y mi hermana lógicamente se descojonó.
En verano, por la noche, dejo la ventana de la cocina abierta por el tema del calor, y también la puerta del dormitorio. Si la puerta del dormitorio en vez de estar abierta de par en par, está abierta por la mitad, me levanto de la cama para abrirla del todo porque me da miedo que en mitad de la noche, una corriente de aire la haga cerrarse de golpe dando un fuerte y sonoro portazo. Me da miedo por el sustazo que nos llevaríamos.
Para sustazos el que se llevó Lara hace unos días. Lara es una concursante muy gritona de "El Reencuentro" que a los demás habitantes de la casa se les hace un poco cansina con su griterío. Una noche, Lara dormía plácidamente cuando su enemigo Iván se acercó silencioso a ella, y sabiéndola profundamente dormida, acercó el rostro a su oído y le gritó muy, muy fuerte. Uff.... el brinco que pegó la pobre chica fue impactante. De hecho, le costó un buen rato recuperarse. Tremendísimo susto se llevó; susto que ha sido calificado mayoritariamente como broma de muy mal gusto. Yo me quedé alucinada. Me hacen a mí eso, y creo que me da un infarto. En serio.
Y casualidades de la vida, el otro día viendo el "Sé Lo Que Hicistéis" sacaron vídeos de sustos a gente durmiendo. A un chaval que dormía a pierna suelta en el césped de no sé dónde, sus amigos le ataron en el tobillo una cuerda con petardos. Y prendieron la mecha, claro. Pobre chaval. El sonido que produjo la explosión del primer petardo lo hizo levantarse de un salto chillando desorientado, y la mascletá que se produjo a sus pies los hizo caer, levantarse, volver a caer, chillar enloquecido... todo un show. Pobre chaval. Yo aquí, me reí un montón con la escena, pero de pensar en que a mí me hagan algo semejante... yo creo que me quedaría tirada en el césped... ¡¡ un infarto fijo!!
Estas bromas tienen su morbo. Y provocan una risa auténtica. Pero al mismo tiempo a mí me dan "yuyu". Llamarme seria, pero yo sería incapaz de gastar una broma así, por temor a lo que pueda ocurrir. ¡¡Que se le puede causar un infarto a alguien..!! no sé, estar durmiendo felizmente y que de repente te hagan ¡¡Boooommmm!!...el sobresalto que se produce en el interior del cuerpo tiene que ser de aupa...Pero bueno, igual no es para tanto. Y la risa está asegurada. ¡¡Pero a mí que no me lo hagan!! Me da algo, de verdad...
¿vosotros qué pensáis? ¿gastaríais una broma así o creéis que es pasarse?.....¿o ya la habéis gastado? ;-)
martes, 5 de abril de 2011
TAMPONES EMPAPADOS EN VODKA
Todos cometemos imprudencias, pero más y especialmente los jóvenes. Ya sea por falta de conocimientos, de juicio o de madurez, los jóvenes, en muchas ocasiones no son conscientes de los peligros y de las consecuencias que pueden acarrear sus acciones, o aún siendo conscientes de ellos, las ejecutan imprudentemente. La última moda entre los adolescentes en Alemania para emborracharse sin que les huela el aliento a alcohol va más allá de una imprudencia; en mi opinión es una auténtica temeridad: se introducen tampones empapados en vodka. Sí, a mí también se me han salido los ojos de las órbitas cuando lo he leído en La Vanguardia.es. Osea, tampones de los de la regla, bien empapaditos en vodka, las jovencitas se los introducen en sus vaginas. Y los jovencitos, que cómo no, se apuntan a un bombardeo, pues se los introducen en sus anos. Increíble por absurdo, pero al parecer cierto. En mi adolescencia recuerdo que cometíamos muchas imprudencias... si hoy en día es inevitable cometer alguna que otra, pero llegar a tal grado de estupidez me parece que no puede ser verdad. A no ser claro, que cuando lo hagan ya lleven en su organismo un elevado grado de alcohol, que en ese supuesto, no sé, puede resultar un poco más creíble pero no sé, ni aún con esas...
Ante tamaña falta de sentido común ¿qué hacer?, porque hay cosas que a un adolescente no hace falta que se le expliquen para que sepa que no debe hacerlas, que estamos hablando de adolescentes hechos y derechos. ¿De verdad a un adolescente, hay que explicarle que no debe introducirse en sus partes íntimas un tampón empapado de vodka? ¿de verdad un adolescente no tiene el suficiente sentido común para saberlo? Ni que habláramos de niños de tres años.
Pues visto lo visto parece ser que sí. Vamos, que sí que hay que explicárselo. Hay que informarles de que haciendo eso pueden coger infecciones, que es peligroso y dañino... lo obvio.
Ignoro si estas "travesuras" están relacionadas con el fracaso escolar y demás temas relacionados con las aptitudes de los adolescentes o si tienen que ver con la educación que han recibido en sus casas pero la cuestión no es excusarlos ni buscar culpables, sino tal vez hacerles cuestionarse en qué están pensando; hacerles reaccionar; hacerles sonrojarse por sus actos; por su insensatez; hacerles querer crecer.
Qué sociedad ésta, jajaja. Me pregunto qué será lo siguiente que se le ocurrirá a esta intrépida juventud del siglo XXI y que nos dejará a todos una vez más patidifusos ante su particular forma de "innovar".
Sí; casi seguro, continuará...
viernes, 1 de abril de 2011
EL REENCUENTRO
Todas las tardes, a eso de las siete y media, pongo la tele en el canal siete -el que tiene parentesco con telecinco-, y los veo a ellos, los habitantes de la casa de "El Reencuentro". Como hace buen tiempo, a esa hora suelen estar en el jardín, aprovechando las últimas horas de sol, y dedicados a sus quehaceres, que son eso, relajarse, charlar, echarse unas risas... y poco más... "eso es vida" como dirían algunos.
Y yo, un ser que anda últimamente un tanto bloqueada por sus cosillas, me siento frente a la tele, y dejo que las imágenes me hagan evocar sensaciones ya olvidadas de aquellas tardes de verano en las que siendo tan solo una niña, pasaba los días sin prisas, sin madurez, ocupados por una nada absoluta repleta en su totalidad de simple y pura vida. "El Rencuentro" rescata de mi memoria aquellos veranos que se podrían resumir en uno: Verano Azul. Veranos ocupados en andar con las amigas, charlar de todo y de nada, no tener nada que hacer, reir y soñar. Eso es lo que veo en las tardes de "El Reencuentro" . Veo personas que han salido de la realidad de sus vidas, dejándolas aparcadas durante el período de tiempo que dure su estancia en la casa, para dejarse llevar por ese mundo surrealista en el que los días transcurren entre risas, charlas, tranquilidad, enfados, reconciliaciones y risas otra vez. No es surrealista la vida en El Reencuentro, es ese verano azul que seguro que todos hemos vivido alguna vez. Hoy veo a los habitantes de la casa como a personas afortunadas porque están gozando otra vez del privilegio de la libertad que solo la niñez concede. Son niños de nuevo. Solo viven, nada más. Yo les diría en voz bien alta ¡disfrutarlo!. Semejante descanso sería un crimen desperdiciarlo. Ya serán adultos cuando salgan por la puerta, que el verano azul solo se vive una vez y para ellos, esta es la segunda. Nunca he entendido que la gente pueda participar en este tipo de Realitys, pero hoy los veo con otros ojos. Hoy aquí, pondría el típico "Me gusta" que tanto se usa en la Red.
NOTA: Sé que tengo el blog abandonado, y me gustaría que esta entrada rompiera el bloqueo este mío, pero bueno, estoy bien, y sea como sea, gracias por estar ahí. Os leo.
miércoles, 23 de febrero de 2011
23-F
Nací en una España libre y democrática, y no conozco otra cosa. Hoy hace treinta años del intento fallido de golpe de Estado. Intentaron robarnos la libertad, pero por suerte para nosotros, no lo lograron. Desde siempre, he vivido en libertad. Disfruto de una total libertad de expresión, me puedo vestir como me apetezca y puedo ir dónde quiera y con quien quiera. Nunca he pasado hambre (bueno, cuando estoy a dieta un poco sí, la verdad ;-) y mi realidad es que esa otra realidad que se vive en otros países poco afortunados, no puedo ni imaginarla. ¿Dictaduras? ¿guerras? ¿qué es eso? ¿aquí? ¡Imposible!. No puede ser. Que no, que no. Que eso para mí es algo completamente marciano. Pero aunque yo no pueda ni siquiera imaginar que algo así pueda ocurrir aquí, sí que puede. Aquí, en nuestra España, hace menos de cien años hubo un guerra. Y mi abuelo, al igual que los abuelos de mis amigas, estuvo en ella. Y a diferencia de muchos otros, él tuvo suerte y sobrevivió. Aquí en nuestra España hubo muerte, miedo, hambre y desolación. Pero ya pasó, y para muchos de nosotros, la posibilidad de que algo así vuelva a ocurrir escapa a nuestro entendimiento; es surrealista; inviable. Pero, ¿ qué habría pasado si hace treinta años hubieran acabado con la democracia? ¿y si hubiéramos vivido bajo una dictadura y nos estuviéramos manifestando ahora mismo en una reivindicación de nuestros derechos? ¿que habría pasado entonces?. Me estremezco solo de pensar en lo que se está viviendo en Libia. Me da un miedo atroz. Y siento compasión hacia esa pobre gente que huye; que muere; que son personas que están viviendo lo que para su desgracia les ha tocado vivir. Estamos a merced de nuestros gobiernos y si aquí hubiera un Gaddafi en el poder, quizás nada nos distinguiría de esa pobre gente. No entiendo cómo entre seres humanos pueden producirse semejantes masacres. No entiendo cómo se puede vivir de otra manera a como vivo yo, en un país libre y democrático cuyos gobiernos tendrán sus más y sus menos, pero que no me dan miedo. Yo no me puedo imaginar viviendo bajo la dictadura del terror, pero nuestros octogenarios sí. Y no lo imaginan, lo recuerdan que es peor. Lo vivieron. España vivió bajo una dictadura y aunque aquéllo ya pasó, no debemos olvidarlo. Pienso en Libia, pienso en mí, y me preguntó por qué tengo que estar agradecida de vivir como vivo si a fin de cuentas vivo en paz y en libertad, como tiene que ser... Pues sí; tengo que dar gracias y las doy, porque ahí fuera hay otra realidad, dura y cruel y todo viene a depender de quienes ocupan el poder, de quienes gobiernan nuestros países y han de velar por nuestros intereses y nuestro bienestar. La desgracia del pueblo, es obra de su gobierno, y más cuando se habla de terribles dictaduras. En fin, que no sé cómo terminar esta entrada... que valoremos nuestra libertad y seamos conscientes de que lo que ocurre en Libia o en cualquier otro país del mundo, nos podría ocurrir aquí. No depende de nosotros depende de "los que nos tienen que cuidar".
lunes, 14 de febrero de 2011
UN DÍA DE SAN VALENTÍN
Es lunes, es San Valentín y una alicaída y somnolienta Laura dirige sus pasos hacia la oficina. No ha tenido suerte en el amor y este día la hace sentir especialmente vulnerable. Le parece ser la única mujer a la que Cupido no ha alcanzado con sus flechas. Y para colmo de males, arrastra un fin de semana de los que hay que olvidar. El sábado por la noche fue un desmadre total. Embriagada por el alcohol y acosada por su falta de autoestima, una vez más se refugió en unos brazos extraños. Luego, al día siguiente y con una resaca horrible, cuando fue recordando turbiamente pedacitos de la noche anterior se odió a sí misma con fuerza. Odiaba tener rollos de una noche a causa de su desesperación. Pero no dejaba de caer en ellos. Era como una espiral de alcohol, música, soledad, un hombre que te dice las palabras bonitas que quieres oír y la sensación de flotar y dejarse llevar hacia algo que en el fondo sabe no es lo que quiere, pero contra su verdadera voluntad, no rechaza.
Al llegar a la oficina, su compañera ya está encendiendo los ordenadores y la recibe con una sonrisa en la cara, la típica de esas personas satisfechas con sus vidas. Laura también sonríe. Sabe que en unos minutos podrá vaciar sobre la mesa todo su desconsuelo y que las palabras de aliento de su compañera la reconfortarán y se odiará un poco menos.
Pedro es lo que se suele llamar un hombre interesante. Éxito en los negocios, don de gentes y aficionado a diversas actividades de ocio, considera que lleva una vida plena. Está soltero, pero este detalle ni le importa, ni le preocupa. Seduce y se deja seducir por mujeres que tras unas cuántas citas descubre no son lo que él quiere.
Le gustaría compartir su vida con alguien especial, pero ¿que puede hacer él para que llegue?. Pedro vive su día a día poniendo pasión en todo lo que hace y el amor ciertamente no ocupa sus pensamientos. De hecho el día de hoy se le presenta muy complicado y el que hoy sea San Valentín... pues aún no ha caído, la verdad..
Laura y Pedro fueron compañeros de clase cuando eran niños en el colegio. De eso han pasado veinte años, y desde entonces no se han vuelto a ver. Ellos aún no lo saben, claro, pero esta tarde se verán. Se alegrarán mucho al reencontrarse y él la invitara a tomar algo en algún sitio dónde hablarán, reirán y sentirán unas agradables cosquillas en el estómago y una sed de más cuando se despidan con ojos brillantes. Mañana él la llamará y cenarán juntos. Y al día siguiente volverá a llamarla. Y al otro. Porque aunque ellos aún no lo sabrán, el reencuentro que tendrá lugar esta tarde de lunes de San Valentín va a ser el principio de su gran historia de amor. Les ha tocado. Se van a enamorar. Las flechas de Cupido ya están en camino. El amor es así. Llega cuando tiene que llegar y no hay escapatoria. Y claro, nadie quiere escapar de él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)